Una reunión interminable me ocupó hasta las siete de la tarde. Me recriminé el no haber podido zafarme antes de ese compromiso, pero no podía dejarlo pasar. Para tranquilizar mi atormentada mente, me convencí de que Carolina no me esperaría. No quería seguir trabajando conmigo. No entendía por qué, aunque lo aceptaría, ya no la obligaría a nada. Cuando iba saliendo de la oficina de reuniones, Verónica y Adolfo me llamaron. Ya sabía que era algo relacionado con Carolina. Había actuado mal con ella, lo sabía, pero ella no me había dejado opción. Su carácter no era mejor que el mío. ―No puedes tratarla así ―me reprochó Verónica después de reclamar lo del reloj control y lo humillante que era para ella. ―Carolina me orilló a hacerlo. No me deja confiar en ella. ―Ella es honesta, ni siq

