Caminó hacia afuera, pero se tambaleó, se iba cayendo cuando grité su nombre y corrí a auxiliarla, alcancé a tomarla antes que se golpeara, pero ya estaba inconsciente. La deposité con cuidado en la cama, un minuto más tarde abrió los ojos y me miró con una gran tristeza en sus ojos. ―¿Qué pasa, cariño? ―¿Por qué me odias? ―No te odio, cariño, jamás lo he hecho. ―Pero tú y él… ―¿Quién él? ―Damián… ―¿Damián? ―Damián Lexington. ¿Damián Lexington? ¿Recordaba su vida anterior? ¿O mi hermano se convertía en él para asustarla de mí? ―¿De dónde lo conoces? ―interrogué nervioso. ―Eres tú mismo, tú y él son el mismo. ―Yo soy Benjamín Roldán ―le expliqué―. No sé quién es Damián Lexington. ―Yo te amo y no quiero amarte. ―¿Por qué no quieres amarme? ―Porque tú me odias, si

