Capítulo 22

1954 Palabras

Llegué temprano, bueno, casi a la hora, solo unos minutos antes. En cuanto me abrió la puerta la besé, como si me perteneciera y así la sentía. Ella se estaba terminando de arreglar y fue divertido verla correr de un lado a otro de su departamento buscando sus collares, anillos, bufanda, guantes y no sé cuántas cosas más. Cuando estuvo lista se paró frente a mí con su hermosa mirada desafiante. ―¿Lista? ―Sí. La tomé de la mano y bajamos al estacionamiento. Moví las llaves delante de su rostro, ofreciéndoselas. Pero no quiso manejar ella, tenía miedo de chocarlo, como si a mí me costara comprarme otro nuevo, exactamente igual. Llegamos a Chillán y ahí sí pude convencerla de escoger un auto de la sucursal de un local de arriendo de autos que yo tenía a lo largo de Chile y que manejara

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