Al día siguiente, antes de ir a mi propia oficina, fui al departamento de Publicidad, necesitaba encarar a mi hermano. ―Yo no fui, a mí también me drogaron y sabes que no es fácil eso. ¿Acaso no serías tú? ―contestó mi hermano a la pregunta de por qué había drogado a Carolina. ―¿Yo? ¿Y por qué haría una cosa así? ―No lo sé, dímelo tú. ―Por favor, yo ni siquiera estaba ahí, no te iba a drogar. ―Fui yo ―intervino Miguel entrando a la oficina. ―¿¡Qué?! ―gritamos ambos al unísono. ―Y también drogué a Carolina. ―¿Por qué hiciste eso? ―reproché, más que molesto, furioso. ―¡Te la di en bandeja! ―gritó Miguel con voz extraña―. ¡No sé de qué te quejas! Me lancé contra él, pero Jorge me detuvo, sabía que un de solo empujón yo podría matarlo. Golpeé a Jorge y cayó al suelo. Justo en

