Capítulo 7 La visita

1642 Palabras
El resto de los días fueron diversión absoluta. Harry pensaba quedarse solo tres, pero desde su llegada a la casa de los Weasley había pasado una semana. Los cuatro amigos gastaban el tiempo paseando por el callejón Diagon y a veces se aventuraban al Londres muggle, donde Harry derrochaba dinero comprándole cuanta cosa deseara Ginny. Ron y Hermione, en cambio, pasaban por las calles sin mirar nada, únicamente parando de cuando en cuando para prodigarse sendos besos y caricias, a los que Harry y Ginny hacían cara de tener nauseas, por tanta miel que derramaban sus compañeros. Por las noches, en cambio, la alegría que tenía Ginny, se transformaba en terror cada vez que cerraba la puerta de su cuarto. Ella seguía teniendo esas terribles pesadillas por lo que, con la anuencia de Ron, la pelirroja había reemplazado a su hermano de sangre, por su hermano postizo... Y este cambio a Harry le encantaba. La mayoría de las veces que Ginny llegaba con su almohada bajo el brazo y se quedaba, pasaban hasta altas horas de la madrugada hablando y riendo, hasta que Ron se aparecía por la puerta para regañarlos. Entonces, y solo después de la enorme reprimenda de su amigo, se entregaban a los brazos de Morfeo. Harry nunca había dormido con una compañía tan tranquila a su lado. Su novia era tan distinta a su amiga... Una vez que saciaban su necesidad de amarse, Cho comenzaba a quejarse por cuanta cosa le molestara su sueño. "Que el brazo, la pierna, que Harry le apretaba el pelo con su brazo, que odiaba sentir la respiración en su pelo, que no la besara que tenía puesta la crema antiarrugas..." recordaba Harry. Si tenía que ser honesto, últimamente la vida con su adorada novia se estaba convirtiendo en un fastidio. Varias veces se había sorprendido, levantándose ofuscado, lanzando cuanto improperio conocía, y con su almohada bajo el brazo, se iba a dormir al sofá de la sala. En cambio, Ginny no tenía queja alguna a la hora de compartir cama. Bueno pensaba Harry, es una Weasley y tiene el sueño bastante pesado. Al menos no roncaba como su Hermano Ron. Así y todo, parecía un ángel. A la mañana siguiente, Ron era el encargado de despertarlos, y la hacía volver a su cuarto para que su mamá no sospechara nada... Pero lo que Ginny y Harry, estaban seguros, era que en realidad Ron no quería que su mamá se enterara de sus noches con Hermione. Así que, haciendo un tremendo sacrificio, el pelirrojo se levantaba temprano y hacia su tarea. Harry sonreía cada vez que lo veía, medio adormilado, zamarrear a una peor dormida Ginny, y cuando esta no reaccionaba, la levantaba en brazos, y cargándola la sacaba de allí rápidamente. Pobre Ron, pensaba Harry, mientras lo veía partir... Hermione lo estaba consumiendo de veritas. Aunque sus sacrificios por ocultar donde dormía Hermione, poco le duraron porque su mamá se enteró, una noche que el idiota de ron, por innovar una extraña posición s****l que había visto en un libro, se cayó de la cama, haciendo tal estrépito que toda la casa tembló. La madre observaba a la pareja, con los ojos castaños, tan iguales a los de Ginny, abiertos como platos, sin poder creer lo que veía... pero no hubo gritos. Solo se limitó a esperar a la mañana siguiente, cuando los ánimos se hayan serenado, y darles una charla súper aburrida sobre la responsabilidad, y las consecuencias que actos como los que practicaban podrían tener, sin el debido cuidado... sermón por el cual, Ginny y Harry se burlaron de los novios, durante todo ese día. La estancia de Harry en la madriguera la más feliz que viviera en su vida. En realidad todas las veces que pasaba los veranos junto a sus amigos él era feliz. Pero fue una lástima que toda alegría así como comenzaba, de pronto explotara y desapareciera como una pompa de jabón. Porque al séptimo día de estar allí, apareció la novia de Harry. Cho, cargada con sus increíbles maletas, llegó sin avisar, vía polvos flú, y se encontró sola en la sala de los Weasley. La cara de asco era lo primero que alguien vería si se la encontraba allí. Toda pulcra y vestida elegantemente, con su vestido de diseñador color rosa, sus zapatos de tacón a juego, y su estupendo cabello n***o atado en una muy prolija coleta. Frunció el ceño al escuchar risas a lo lejos. Los gritos y algarabía general que provenían del jardín, le dieron a entender que su novio allí se divertía, haciéndola chasquear la lengua y sentirse ofendida con él. No entendía por qué razón con ella, Harry era distinto. Siempre en actitud negativa a todo lo que ella le proponía, y prácticamente viviendo como un ermitaño, encerrado en el departamento y solo saliendo de él a la hora de trabajar. Se preguntó cómo podía gustarle vivir aquí, haciéndole cara de asco a la casa. Los ruidos y las risas iban en aumento y cuando se dio vuelta, por la puerta de entrada, Harry a las carcajadas, venía a los trompicones con Ginny subida a su espalda, blandiendo una escoba. Detrás de ellos llegaba Ron con Hermione a cuestas, riendo a más no poder. Y mas fue la risa cuando Hermione, en una ultima movida por ganar la puerta, le puso la escoba a Harry entre las piernas. Este trastabilló y al tiempo que caía, dio una voltereta en el aire y golpeó el suelo con su espalda; Ginny aterrizó sentada a horcajadas sobre su estómago. Harry solo pudo acomodarse los anteojos y reír con ganas. Se incorporó, no sin esfuerzo y abrazó a Ginny, que todavía no podía salirse de encima del chico de tan atacada de la risa que estaba. Ron y Hermione, que de frente a la chimenea fueron los primeros en divisar a la visita y dejaron de reírse. Harry y Ginny todavía no se habían percatado de la presencia de la chica. - ¡Ay, no doy más! - dijo y abrazo a la pelirroja - ¡pero no pudieron con nosotros, compañera! Les ganamos - más risas y golpes de palmas en alto. - ¡Si! ¡nadie puede con el binomio Weasley- Potter! - y cuando levantó la mirada vio a la novia de Harry, mirarlos con cara de pocos amigos, y golpenado el tacon de su zapato en el piso, para mostrar su disconformidad con lo que había visto, y la risa se le fue con la respiración - ¡Cho! - jadeó. Harry se dio vuelta y vio la inquisidora mirada de su novia. Sonrió. Ginny se levantó rápidamente de encima del joven y se acercó a la muchacha - ¡Hola Cho, que linda que estás! - y le dio un beso - realmente, me alegro que estés aquí... - rió - bueno es que ya no aguantábamos a Harry hablando de ti a cada rato - Hermione la miró sorprendida. La verdad era que, en todos los días que estuvieron en la madriguera, nunca oyó a Harry nombrar a su novia. - Hola Ginny... - dijo inexpresiva Cho - ¡Harry veo que te estas divirtiendo! - Harry se acercó a darle un beso, pero Cho le hizo ver que estaba sudado, a lo que Harry rojo de vergüenza, subió a su cuarto a darse un baño. Ginny sintió una punzada de odio al ver el desplante que ella le hizo- ¿cómo estás Hermione, Ron? - ¡Bien! - dijeron los dos. - ¿Cho, quieres un café? - dijo Ginny. La oriental asintió - ¿Hermy, puedes ayudarme? - La castaña la acompañó a la cocina. No pasó demasiado tiempo para que Hermione escuchara despotricar a Ginny. - ¡Uy créeme Hermione, si no fuera la novia de Harry y si no supiera que él la adora, desplumaría a esa polla remilgada! - Calmate Ginny... - dijo Hermione. Debía darle la razón. Ella misma tenía ganas de darle un par de bofetones por el enorme desaire que le hiciera a su amigo, frente a ellos. - ¡Cómo quieres que me calme! ¿Viste lo que hizo? - la otra asintió - hacerle eso... ¡Como si Harry oliera mal! - El ruido que hizo la cafetera fue monumental - ¡Aghhhh, realmente no puedo entender que le ve a esa presumida...! - Ginny, él la quiere... - dijo ella tratando de calmarla. - Hay cosas que la razón no puede entender... mas si en ellas está implicado el corazón. - Si lo se... - dijo haciendo chillar las tazas,- solo lo digo porque... - Ginny miró a Hermione algo triste - ¿sabes que Harry no es feliz en Francia? - Hermione negó - El me lo dijo apenas llegó. En realidad no me lo dijo con estas palabras, es algo que yo pude deducir de sus palabras, y su negativa de hablar de ello. - sonrió - pero tú sabes como soy cuando me propongo algo. Le rompí la paciencia y él me lo dijo. - Hermione asintió con una sonrisa - Esa estúpida superficial se la pasa de fiesta, en clubes y en shoppings, comprando trapos, y deja a Harry pagando casi todo el tiempo. - Ginny, es su vida... - ¡Pero es mi amigo... casi mi hermano! - puso el café en las tazas. - Hermione la miró y estaba seguro que a Ginny no iba a gustarle su opinión, pero eran amigas y ella tenía el deber de hacérselo notar. - ¿Puedo decirte algo sin que te ofendas? - Ginny asintió mientras acomodaba las tazas y la azucarera en una bandeja - A veces... a veces parece que tu fueras su novia...- Ginny la miró con rabia. - ¡No digas tonterías quieres! - se dirigieron a la sala.
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