Capítulo 13

2324 Palabras
Debí haberle hecho caso a mi cabeza, alejarme de él desde el principio debió haber sido mi prioridad, jugué con fuego y terminé quemándome, es por eso que ahora lo echo de menos incluso más que antes, esa tristeza y soledad vuelve a mi como un tsunami que amenaza con destruir todo a su paso, el clima parecía acompañarme como un fiel compañero, las nubes oscuras augurian lluvia en pleno agosto. Después de una ducha decido nuevamente perderme entre las calles de las ciudad, optó esta vez por algo más casual que un vestido corto, pantalón de pitillo n***o, camiseta de tirantes, zapatillas Nike y chaqueta de cuero del mismo color, todo mi atuendo era de color n***o. Conduzco por las calles sin rumbo fijo, pero a juzgar por las calles que mi subconsciente me obliga a tomar, sé donde debería ir. Aparco el coche en el pequeño parking de esa gran propiedad, observo a mi alrededor, no hay nadie, el sitio está vacío a excepción de alguna que otra persona que con lágrimas en los ojos dejan ramos de flores sobre la tumba de sus familiares, en el fondo identifico el nicho familiar, se que lo es pues en la entrada hay dos estatuas de ángeles que parecían custodiar el interior, de pronto una mujer sale del nicho de mi padre, más no es cualquier mujer, Elizabeth Bennet seca una "lagrima" con tristeza, casi me da risa. — ¿Que haces aquí? — pregunto sin molestarme en ocultar mi desagrado. Sorprendida se voltea a verme, viste con un recatado vestido blanco, tacones de aguja y una bonita chaqueta azul marino. —yo solo- yo quería verlo — responde con cautela. — Llegas seis años tarde ¿No crees?— gruño molesta, a mi no me engaña — ahora lo único que queda de él son huesos sin valor alguno. — Alex, siento mucho haberme marchado aque... — por supuesto que lo sientes — le interrumpo con una sonrisa — después de que te fuiste todo empezó a ir mejor, mi padre recuperó lo perdido e incluso hizo más dinero de lo esperado, perder esos lujos debió de ser muy duro para ti — hablo con con fingida tristeza. Sé perfectamente de lo que ella se arrepiente, también se porqué está aquí, por supuesto darle lo que quiere no está en mis quehaceres, voy a hacer que se arrepienta de haber vuelto. — ¿Podríamos dejar el pasado atrás, por favor?— dice atreviéndose a sonar molesta. Yo ya no aguanto más y suelto una sonora carcajada, es el mejor chiste que alguien alguna vez me ha contado. — ¿Cuanto necesitas?— pregunto cuando dejo de reír. El rostro de Elizabeth es de completa confusión, no debería, ella debería de estar acostumbrada a esto, pedir, pedir y pedir. — ¿Un millón? ¿Cinco, quizás?— pregunto cruzándome de brazos. Sorprendida y tal vez un poco indignada me mira con los ojos abiertos como platos, tal vez no se esperaba que le dijera eso, ofrecerle dinero para que vuelva a desaparecer no entraba en mis planes pero por causa de los últimos acontecimientos me veo en la obligación de intentar arreglarlo de la única forma que ella entiende, dinero. — Piénsalo, ya sabes dónde encontrarme. Dicho eso doy media vuelta y vuelvo por donde he venido, si bien deshacerme de ella es primordial, no voy a hacerlo frente a la tumba de mi padre y mis abuelos, ella y yo encontraremos el momento, lo sé. POV DEREK — ¡Vaya! ¿A que se debe tu visita?— dice Aida a modo de saludo— creía que ya no me necesitabas! Se hace a un lado para que pueda entrar, ignoro ese tono burlón y tomo asiento en el sofá puesto estratégicamente en el centro de su despacho, no hay escritorio, solo librerías y algún que otro sillón para mayor comodidad. Estudiando mi estado de ánimo toma asiento en uno de los sillones frente a mi, ella no es muy alta, tal vez unos centímetros menos que Alex, piel morena, cabello n***o y rizado, labios gruesos y rojos, ojos grandes de color avellana, viste con un simple vestido blanco, sencillo como ella, sin mucho maquillaje a excepción de sus labios. — Te notó enfadado — comenta anotando "algo" en su block de notas. — ¿Ahora eres adivina? — preguntó sarcástico. Aida eleva la vista con cierta molestia. — Soy psicóloga, si fuera adivina no tendría que aguantar a pacientes pesados como tú — se burla pero no se ríe, no le hace gracia. Tal vez esta es una de las razones por la que siempre vuelvo a ella, no parece una persona fácil de intimidar, es más, diría que ni siquiera le agrado, o simplemente no la impresiono, sea como fuere, lo prefería así. — Me engañó. Desvío la vista al decir aquello, me duele, duele saber que al final, el karma cumple un papel importante en tu vida, la amo, pero... — Hablas de tu ex esposa — intuye prestándome total atención. No me gusta como suena eso, nunca quise divorciarme, ni siquiera quiero separarme de ella, pero es que todo es tan confuso. — está embarazada. Decirlo en voz alta suena raro, es como si de verdad estuviera asumiendo ese hecho, algo en mi interior se revuelve incómodo, no quiero ser padre, no quiero tener un hijo, quizás sólo quizás, no sea mío.... "Sabes muy bien que ella no haría eso" me reprende mi subconsciente y tengo que darle la razón, tal vez eso es lo que más me molesta. — ¿Eso es una buena noticia? — pregunta con cautela, yo solo la miro, no sé cómo responder a eso — y dime Derek, ¿por qué piensas que te "engañó"? — ella me hizo creer que no le importaba mi dinero, hizo que me enamorara de ella y después ¡Pam! Suelta la bomba justo cuando decido por fin pedirle que se case y solo para que no la rechace— hablo deprisa y algo confundido, algo no cuadra. — para empezar, tu ya estabas enamorado de ella, solo tienes que ver ese anillo — señala mi mano con cierta gracia. — No, no lo estaba — bufo molesto. Miro ese anillo que por alguna razón no pude deshacerme de el, no, no quería hacerlo, sentía que si me lo quitaba significaba que nuestra ruptura era real, quería agotar todos mis recursos antes de que terminase realmente. — Es cierto, estabas demasiado distraído con tus amantes como para darte cuenta — me reprocha con cierta indignación. Enarco una ceja divertido, no se donde saco esto pero si algo se, es que no estoy aquí para que me juzguen. — Nunca le puse los cuernos, tal vez oculte ciertas cosas, pero nunca le fui infiel — me defiendo. Es normal que no me crea, su mirada es escéptica, si bien es cierto que siempre iba con mujeres, no significa que fueran mis amantes, debía de admitir que desde que nos casamos no le puse la mano encima a ninguna otra mujer que no fuera ella, mucho menos me acostaría con otras teniéndola a ella esperando por mi en nuestra casa, suena ilógico siquiera pensar en esa posibilidad, hay muchas cosas que le oculto, pero mi infidelidad no es una de ellas. — Le pediste matrimonio— afirma cambiando el hilo de la conversación — ¿cual fue su respuesta? Mi cuerpo entero se tensa como cuerda de guitarra, aun recuerdo su rostro cuando se lo dije, parecía realmente sorprendida y confusa, se demoró demasiado a responder y cuando lo hizo mi mundo se desmoronó. — no es que me diera una respuesta clara — murmuro triste — solo me dijo que estaba embarazada y le dije una serie de cosas que... — Vale, pensemos — me interrumpe intuyendo por donde van los tiros, ya empieza a entenderlo todo — Si ella hubiera querido atarte por tu dinero o lo que sea que tengas — dice con una mueca de desagrado — ¿no crees que se hubiera guardado esa información para después de estar casados? — pregunta y esa es la razón por la cual me demoré demasiado en volver a su consultorio — si hubiera querido aprovechar la situación, se habría casado primero, es más fácil así, solo me queda pensar que te dijo eso para asegurarse que es lo que realmente quieres, pero si reaccionaste como creo que lo hiciste, déjame decirte que acabas de tirar por la borda todas tus oportunidades, incluso la más pequeña — sentencia. Mi mente repite cada palabra que dice, mi corazón palpita frenético, asustado, mierda. — ¿y si no es mío? — preguntó dubitativo. Tengo que admitir que todo lo que dice tiene demasiado sentido, podría haber aceptado mi propuesta y seguir con esa "mentira", pero no lo hizo así, me lo confesó arriesgándose a que la rechazara y como un estupido lo hice. — Por lo que me has contado de Alex, y puedo decir que es mucho — dice divertida — No creo que sea capaz de hacer lo que dices, tal vez pudo tener alguna que otra aventura durante las tres semanas que habéis estado separados, por supuesto eso depende del tiempo de gestación. Tiene razón, es cuestión de usar la lógica, tres mese es demasiado tiempo, ya se le notaría, un mes es tal vez algo improbable, sacudo la cabeza quemado, agobiado, se que Alex no es una chica fácil, no, pero fugaces imágenes me llegan a la memoria de aquella noche en aquel antro, bailando con ese desconocido, pero...no, no es capaz y yo ahora me siento como completo imbécil, todas las cosas que le dije, puse en duda su integridad y su palabra, la acusé de cosas que yo la obligué a hacer, ese dolor en su mirada se quedó grabado a fuego en mi cabeza, aun puedo sentir su mano estrellarse en mi mejilla. Más decidido que nunca y con un simple "Gracias" me levanto y abandono a una Aida confundida, no necesito más, ha aclarado mis dudas como siempre lo ha hecho, conduzco tan rápido como el tráfico me lo permite, pensando que es lo que debería decir, tal vez debería empezar por besar sus pies arrepentido. Entro a su despacho ignorando las advertencias de su secretaria, en vista que la ignoro, se levanta y se para frente a mi, por suerte para ella, no estoy en posición de perder el tiempo, me abro paso y abro esa puerta tan pesada, allí está ella, los codos apoyado sobre la mesa y el rostro escondido entre sus brazos cruzado, sus hombros se sacuden irregularmente mientras que mi corazón se parte al verla en ese estado. Después de unos segundos decido avanzar, automáticamente eleva la vista y clava esa vidriosa mirada sobre mi, mi corazón detiene sus latidos, lagrimas aun caen y ella automáticamente las seca, tiene los ojos rojos de tanto llorar, ese color verdoso que siempre irradiaban vida, ahora habían perdido brillo, opacando su mirada, solo puedo ver tristeza reflejada en ellos y se que soy yo el culpable de toda esa tristeza. — ¿Que haces aquí? Esa voz ronca, cargada de indiferencia y tal vez odio, se clava en mi pecho como si me hubiera lanzado dagas y hubiera dado en la diana. — Yo... Intento buscar las palabras correctas para iniciar esta conversación, Alex en cambio solo enarca una ceja exasperada, nunca me había sentido tan nervioso como ahora mismo, mi corazón late con fuerza temeroso ante su posible rechazo. — La verdad es que no tengo ganas de que me insultes, hoy no Derek, así que tengo que pedirte que te vayas — dice y sé que no me lo está pidiendo, es una orden y no sé si quiero acatarlo. Mi mente automáticamente se bloquea, me siento como un niño a punto de confesar sus travesuras, no estoy listo, no sé cómo afrontar esto, ni siquiera me reconozco, jamás en mi vida he tenido miedo al rechazo, eso era porque nadie tenía razones para hacerlo, ahora todo cambia, tal vez mi mayor miedo era el olvido, tengo miedo que ella me borre de su mente y sus entrañas y eso me mataba. —¿De cuanto tiempo estas embarazada? Casi me dan ganas de darme un puñetazo, de todas las cosas que pude haberle dicho, le pregunto algo tan estupido como eso, Alex me mira con el ceño fruncido, quiero decirle que no necesito saberlo pero no me da tiempo. — A ti que importa — gruñe cruzándose de brazos. Suelto un suspiro ¿Como soluciono esto? — Claro que me importa, quiero saber si él está bien, teniendo en cuenta que no hace mucho te excediste con el alcohol y... — ¿insinúas que soy una mala madre ? — pregunta claramente ofendida. Me rasco la sien con nerviosismo, por supuesto que no quise decir eso ¿Por que tiene que ser tan complicado? —¡No! Por Dios Alex, solo intento disculparme — hablo exasperado. De pronto suelta una sonora carcajada, como si le hubiera contado el mejor de los chiste, sin borrar esa sonrisa, se levanta y camina hacia mi, me permito después de tres días admirarla con total libertad, esta tan hermosa como siempre, labios carnosos y rojos, la claridad de su mirada fue lo primero que llamó mi atención, desde el primer momento parecía ver más allá de la fachada dura de Derek Black. — Disculparte ¿tu? — pregunta mirándome de arriba abajo — pierdes tu tiempo, querido — dice negando con la cabeza. No la reconozco, ese caparazón, no parece la misma Alex, siempre tan dulce, tan buena, al menos era así antes, quizás Aida tiene razón, si llegue a tener alguna vez, alguna oportunidad de volver con ella, lo enterré la última vez que hablamos, no hay vuelta atrás.
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