La mañana había empezado bien, tranquila y hubiera jurado que se mantendría así todo el día, pero nada sale como se espera, el retorno a Hunter Security no fue agradable ni para el personal, ni para mi, me demoró más de lo necesario poner cierto orden entre todos mis trabajadores, estaba exhausta y no era siquiera la hora de la comida, mi humor se había ennegrecido lo suficiente como para no tener que aguantar las preguntas impertinentes que un Derek alterado me formulaba, enfadado y casi fuera de si.
— te recuerdo que trabajo aquí — respondo de brazos cruzados.
En el fondo agradezco que se haya demorado en notar mi ausencia.
— Se supone que debías esperarme en mi despacho ¿y que es lo que me encuentro? — gruñe dando un puñetazo a la mesa — Que mi jodida esposa ha .....
— para empezar, no soy tu esposa, te recuerdo que estamos divorciados— lo interrumpo y se que ese ha sido un golpe bajo — y segundo, no tengo porque....
— Cásate conmigo.
De pronto un silencio incómodo llena el lugar, haciéndolo cada vez más pequeño, no me esperaba eso y a juzgar por su mirada, el tampoco esperaba preguntármelo en una situación como esta, no se que decir, como actuar, ¿me voy? ¿Le digo que no es buen momento? ¿Le confieso que aun no confío en su supuesto amor? Repaso mentalmente las posibles opciones, ninguna viable, todos parecían tener un final trágico.
"Solo pon a prueba su amor".
¿Como? De pronto a mi mente llega aquella conversación que un día Stefany y yo mantuvimos
"Mi abuela decía que la mejor forma de saber si tu hombre te ama, es decirle que estas embarazada" recuerdo lo estupido que me pareció en ese momento, ahora sin embargo se convertía en mi idea más brillante, en realidad no pesaba que fuera el momento idóneo, pero ver esa mirada llena de "amor" hizo que me envalentonara.
— estoy embarazada.
Tras terminar de formular aquella frase algo dentro de mí se rompió, Derek parpadea dos veces como intentándose recuperar de un buen gancho, esa mirada cargada de amor abrió paso a una más fría y distante, se había puesto nuevamente ese habitual caparazón, yo nunca dudé de mi amor por el, yo solo dudo de su amor, y la carcajada que suelta a continuación no hace más que confirmar mis sospechas.
— Derek yo...
Intento retractarme, pero esa mirada gélida hace que me calle casi al momento, esta decepcionado, tal vez un poco dolido ¿por qué?, repentinamente se levanta y como león acechando a su presa acorta distancia.
— Ahora todo tiene sentido — murmura como si las piezas de algún puzzle mental encajaran.
No se lo que se le pasa por la cabeza, pero temo que tome una línea equívoca.
— Derek no es....
— Eso es imposible— niega con la cabeza, se niega a creerlo y yo me muero por decirle la verdad pero no deja de interrumpirme — Lo planeaste todo ¿cierto? Por eso fue fácil convencerte de hacer todo, conocer a mi familia, hiciste que te cuidara, me enamore de ti mientras tú te enamorabas de mi cuenta bancaria y ese bebé es el grillete que te mantiene pegada a mi — su mente va a mil por hora imaginando cosas que se escapan de la realidad, no tiene sentido, lo que dice, la película que se está montando —tu plan era hacerme pensar que no eras otra cazafortuna como tú madre, !claro!, de tal palo, tal...
No permito que termine la frase, mi cuerpo reacciona más rápido que mi mente y estampo mi mano abierta contra su mejilla, dejándola perfectamente marcada sobre su blanquecina piel, un gran nudo se forma mi garganta amenazando con hacerme llorar.
— te creí diferente— murmura mirando el piso.
— Si no recuerdo mal, fuiste tú el único que me amenazó para que conociese a tu familia, fuistes el único que se empeñó en mantenerse cerca ¿te gusta verme sufrir ?
La voz se me quiebra, entiendo que estamos como estamos por mi "culpa", pero también comprendo que no me merezco nada de esto, tal vez estamos destinados a "no ser.."
— llorar no te servirá de nada Alex, ahórratelas, dudo si quiera que esa cosa sea mía, a saber con cuantos....
Una nueva bofetada lo obliga a cerrar a la boca, lágrimas se deslizan por mis mejillas, casi me dan ganas de reír por su hipocresía, esto, esto pone en duda todo el amor que horas antes me profesaba entre caricias y besos falsos.
— Fuera de aquí...¡Largo!— le grito señalando la puerta.
No dice nada, con expresión vacía, se va, y se que todo ha terminado aquí. Una vez sola dejo que mis lagrimas caigan con libertad al tiempo que mi móvil suena con intensidad por alguna llamada entrante, lo ignoro, no me apetece hablar con nadie, pero después de dos horas con insistentes llamadas, decido contestar pues parece ser importante.
— Aquí Hunter — respondo con mi habitual saludo.
— Alex, soy Dylan, tenemos que hablar, te espero en mi oficina del hospital
Dicho eso me cuelga el teléfono dejándome confundida, se le nota ansioso y preocupado, extrañada y algo contagiada por su tono preocupado, decido obedecer e ir a su encuentro. Recojo mi coche del parking del edificio y emprendo camino, aun es de día, el tráfico neoyorquino me recibe metiéndome en atascos tras atascos haciendo que demore más de lo necesario.
Al llegar al hospital una de las enfermeras me espera, por órdenes del doctor Ferrer, me guía por entre los pasillos, entramos en el área de pediatría, un extraño olor se cuela por los orificios nasales, una arcada se hace con mi garganta pero logro controlarla, un extraño malestar se posa en la boca de mi estómago, no me gusta nada esto. Nos detenemos frente a una puerta con un cartel "Dra Hilbert, mi acompañante le dos suaves toques con los nudillos y pronto escuchamos una voz femenina invitándonos a entrar.
— Agradezco que haya decidido venir señorita Hunter.
En medio de la pequeña oficina me espera Dylan junto una mujer que muy amablemente me recibe, estatura media, cincuenta y tantos, cabello canoso recogido en un moño medio, ojos grandes y oscuros, su rostro relajado me invitaba a confiar en ella, viste con un pantalón de franela negra, camisa blanca y por supuesto la bata de médico.
— ¿Por que me habéis llamado?— pregunto curiosa.
Por la cara de Dylan se que no es una buena noticia, eso empezaba a asustarme, lo primero que se me pasa por la cabeza es que algo le haya sucedido a Derek y de solo pensarlo las ganas de vomitar que tenía antes se incrementan.
— Estaba revisando tu expediente médico, los resultados de todas las pruebas que te hicimos, noté algo raro así que....
— Dylan, ve al grano — le pido cada vez más ansiosa.
— Esta usted embarazada — interviene Grecia y sabe que no es una buena noticia.
Mi mente se queda bloqueada impidiéndome procesar dicha información, eso no puede ser cierto, no podía estar pasándome eso a mi ¿Acaso es el Karma? No, me negaba a creerlo, tal vez era un falso positivo, si, eso tiene que ser, yo no puedo esta embarazada, no debo estar embarazada. Incrédula suelto un risita nerviosa.
— tiene que haber un error — niego con la cabeza segura de lo que digo.
— creemos que estas de tres semanas de gestación, pero si quieres podemos confirmar nuestras sospechas ahora — me ofrece decidida a sacarme de dudas.
Dylan asiente con la cabeza como dándome algún tipo de apoyo moral, finalmente accedo, lo mejor es salir de dudas y ver mis opciones, las pocas que tengo. Grecia y yo nos trasladamos a una sala especial para hace ecografías. Siguiendo sus órdenes me despejo de mi vestido y en ropa interior me tumbo sobre la camilla,
— vamos a ver si hay feto o no hay feto — comenta concentrada en su trabajo.
Saca una especie de lubricante y deja caer un buen chorro sobre mi vientre, jadeo por la frialdad del producto, en el ecógrafo empieza a tocar botones, después coloca sobre mi estómago un transductor, en la pantalla empieza aparecer una imagen en blanco en n***o, nada que demuestre la existencia un ser vivo, no contenta, la doctora mueve el aparato dando círculos por todo mi vientre hasta que logra dar con algo, dentro de un círculo oscuro sobresalía un pequeño punto blanco, tenía el tamaño de un grano de arroz.
— Ese pequeño punto es tu bebé — sonríe la doctora señalando lo que yo ya había visto.
De pronto quería llorar, la suerte no estaba de mi lado, en más, parecía estar en mi contra, me muerdo el labio cada vez más bloqueada ¿que se supone que deba hacer ahora? Si bien le mentí a Derek, por nada del mundo se me ocurrió pensar que eso fuera posible, ya no se que será de mi o de este bebé.
— Te dejare un rato a solas— me informa pero enseguida me niego, no pienso quedarme.
Rápidamente vuelvo a vestirme y tras agradecerle por todo, me marcho, conduzco por la ciudad dando vueltas sin un rumbo fijo, este bebé, va a nacer con un padre que no quiere saber nada, mi mente por un momento sopesa la idea de deshacerme de él, pero al segundo me arrepiento de siquiera haberlo pensado.
En busca de algo de soledad decido encerrarme en la seguridad de mi despacho, esto se siente como una maldita pesadilla, nada de esto es real, mañana me despertaré y nada de esto habrá pasado, pero una fuerte arcada me recuerda que esto es tan real como las ganas de vomitar, a punto de tirarlo todo por la boca salgo corriendo al cuarto de baño, recojo mi cabello y expulso el desayuno que esta mañana Derek y yo tomamos, pancakes con zumo de naranja natural y una taza de café. Una nueva arcada sacude mi cuerpo.
— señorita ¿Se encuentra bien? — escucho la preocupada voz de Lily al otro lado de la puerta.
— si, no te preocupes, déjame sola — le ordeno secando esa lágrimas rebeldes.
Tiro de la cadena y espero que a que me obedezca, ya es la hora de la comida y se que ella no se va a quedar sin comer por cuidar de mi. Después de unos minutos decido salir a tomar el aire, cojo mi bolso que había dejado abandonado en mi despacho y abandono las instalaciones. Paseo por los alrededores distraída por el bullicio de las calles, observo el denso tráfico neoyorquino, taxistas se gritan improperios sacando media cabeza por la ventanilla, inconscientemente saco un cigarro de mi pitillera, llevo el cigarrillo a mis labios y observo embelesada como la llama se acerca poco a poco a la punta hasta que esta se torna de un color rojizo y un humo gris sale de el, le doy una, dos caladas hasta que un escalofrío recorre mi cuerpo, no debería de estar fumando, lo sé, y con ese pensamiento dejo caer el cigarro y lo piso destruyéndolo completamente, sigo caminando intentando no pensar en el pequeño problema que tengo. A unos considerables metros un hombre me observa fijamente, sentado sobre un trozo de cartón frente a un supermercado, cabello largo y enmarañado por la suciedad, piel oscura aunque podría jurar que es así debido a la ausencia de aseo personal en el, me tiende la mano a la vez que me regala una deplorable sonrisa a ver si hoy tiene suerte, le falta un par de dientes pero eso parece no importarle, solo tiene un objetivo y yo cedo ante su silencioso reclamo, de mi bolso saco un par de billetes y se lo tiendo, el "sin techo" sorprendido, lo acepta en seguida y me agradece con una sonrisa más amplia y algo que no alcanzo a escuchar, sigo mi camino sin rumbo fijo, con la mente en blanco, hasta que un edificio en particular llama mi atención, me paralizo al leer las grandes letras grabadas en la gran puerta giratoria "Black's Industries", de pronto las puertas empiezan a girar y del interior sale un sonriente John, el abogado de Derek.
— Señorita Hunter ¡Que sorpresa! — dice a modo de saludo mientras se acerca con toda confianza— Derek no está, pero si quieres puedo...
— No es necesario — me apresuro a responder algo nerviosa — solo estaba paseando, ya me voy,
Doy media vuelta y me alejo sintiendo los pasos acelerados de John detrás de mi, mentalmente maldigo a mi suerte, no debí de haber venido, ni siquiera sé como acabe aquí. j***r!.
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— ¿Como se encuentra? — pregunta caminando a mi lado.
Lo miro y hago una mueca, no quiere perderme de vista mientras que su presencia a mi me repudia, sus preguntas impertinentes, como si de verdad le preocupase mi bienestar, miro a ambos lados buscando la forma de deshacerme de él y como ángel caído del cielo, un Audi R8 n***o disminuye la velocidad hasta igualarnos y finalmente se detiene a mi lado, la ventanilla lentamente se baja desvelando el rostro del desconocido, casi sonrío al reconocerlo, Ian Mikelson.
— Vaya, hasta que por fin te encuentro Alex — dice a modo de saludo con demasiada familiaridad.
Extrañada me acerco a él ignorando la inquisitiva mirada del abogaducho, apoyo mi mano el techo del coche y me inclino hacia adelante, en el interior del vehículo no hay nadie más que el, su mirada verdosa escanea mi cuerpo sin pudor alguno.
— creo que necesitas ayuda — me susurra mirando de reojo a John — Sube que te llevare a comer — dice esta vez un poco más alto, seguro de que el hombre detrás de mi nos escucha.
Rodeó el coche y me siento en el lado del copiloto, sin duda prefiero la desconocida compañía de Ian que la del otro que confuso nos observa marchar, es cuestión de tiempo que le cuente lo sucedido a su gran amigo, se hará ideas equívocas en cuanto a este "encuentro" , pero no debería preocuparme por ello, fue él quien me dejó, fue él quien me acusó de ser algo que no soy, todo es culpa suya.
— en compensación por haberte salvado el culo, te invito a comer — propone con una amplia sonrisa.
Asiento con la cabeza, después de todo no creo haber comido hoy mucho, y lo poco que comí lo desheché por el retrete. Después de un corto trayecto nos detenemos en el pequeño pero acogedor restaurante a unas calles de mi empresa, internamente se lo agradezco.
Nos sentamos en una mesa escondida en una esquina, pasamos desapercibidos, la camarera nos deja el menú y me sorprendo al ver la variedad de comidas que sirven, la boca se hace agua con solo de pensar en toda esa comida.
— Yo voy comer un plato de costillas con sólo ensalada de guarnición— le ordena a la camarera que ansiosa toma la orden.
Ian con una sonrisa me anima a pedir mi orden, la camarera por otro lado parece tener solo ojos para el pelinegro. No importa.
— Bueno, yo quiero...— miro la carta debatiéndome si sea buena idea o no pedir todo eso — una hamburguesa doble sin cebolla, medio costillar con patatas fritas, alitas de pollo picante y nuggets de pollo.
La camarera apunta todo sin ocultar su sorpresa, no es común que mujeres ordenen esa cantidad de comida, pero la verdad es que tengo un hambre atroz y el pelinegro lo nota.
— Wow, si que tienes apetito — sonríe.
— eso es porque como por dos y...
Dejo de hablar cuando me doy cuenta de lo que le acabo de confesar, si bien mi bebé no será ocultado al mundo, no significa que ya lo haya asimilado, no debería de saberlo nadie al menos hasta que me sienta lista para afrontar lo que se me viene, pero esta es una metedura de patas que no tiene vuelta atrás.
— Derek es un hombre muy afortunado — reconoce desviando la vista, como si eso le molestase.
Lo miro sin saber muy bien que decir, no sé identificar sus intenciones, son dudosas y me mandan señales contradictorias, a veces siento como si odiase a Derek y otras como si realmente lo admirase.
— El aun no sabe nada — miento sin saber exactamente el por qué.
Por suerte la camarera llega con nuestros pedidos, se ve en la obligación de juntar una mesa más para que todo los platos quepan en esta, ambos empezamos a comer dando por terminada nuestra conversación previa, estamos maravillados por la mezcla de sabores exquisitos, la comida desprender un olor adictivo, el sabor por supuesto no se quedaba atrás, entre bocado y bocado hablamos de cosas si sentidos, de las noticias, el tiempo, el hambre mundial, hablamos de varios temas pero ninguno personal, agradecí ese detalle. Después de empeñarse en hacerse cargo de la cuenta, se ofrece a acompañarme a mi trabajo, rechace su oferta pero aun así él decidió hacerlo.
— Piensas decírselo algún día? — pregunta de repente.
Sé a lo que se refiere, cruzamos la calle mientras me debato en si debería confiar en él o no, estoy segura que es buen chico, con intensiones dudosas, pero al fin y al cabo un buen chico.
— Algún día supongo, no es algo que pueda ocultar siempre — intento bromear pero él no se ríe.
— tu amiga no está contenta — dice finalmente.
Con el ceño fruncido miro donde su mirada me señala, ahí esta, de pie frente a entrada, con los brazos cruzados me observa sin pestañear, luce enfadada, demasiado, su atuendo parece pegar demasiado con su estado de ánimo, pantalón vaquero n***o, un top corto rojo, tacones altos del mismo color y chaqueta de cuero n***o, Ian me abandona en medio recorrido pero no se lo puedo reprochar, Stefany da algo de miedo desde la distancia, tengo que admitir que el encuentro con el pelinegro logró suavizar mi estado de ánimo.
— ¿Por que no me lo dijiste? — pregunta cuando me tiene lo suficientemente cerca.
Por un momento me asalta la confusión ¿De que habla?
— ¿Decirte el qué?
— ¡Que estas embarazada!— exclama elevando demasiado la voz.
Casi me atraganto con mi propia saliva, no se supone que ella deba saber eso, no se supone que nadie en realidad deba saberlo, entonces...
— ¿ tu como sabes eso? — pregunto poniéndome a la defensiva.
Esta bien, siempre lo he dicho, Stefany es mi mejor amiga, al menos una de dos, sin embargo, eso no le da derecho a saber cada minúsculo detalle de mi vida privada, por supuesto iba a decírselo, pero aun no era el momento.
— me lo dijo Dylan — responde bajando la voz.
¿Dylan?¿como es que siquiera lo conoce? Miro a ambos lados y decido terminar esta conversación en la seguridad de mi despacho, ella tiene cosas que contarme y desde luego yo le pagaré con la misma moneda. Animada y con un hermoso brillo en la mirada me confiesa que llevan dos meses de relación, lo conoció en sus vacaciones a Cancún, dos turistas que se conocen en un país paradisiaco, así es como empiezan las buenas historias de amor, por mi parte le cuenta mi gran metedura de pata para con Derek y por supuesto lo sucedido después en el hospital y como gran amiga que es, suelta en una sonora y escandalosa carcajada.
— Eso es el Karma amiga — se burla divertida.
A mi sin embargo no me hace gracia, al contrario me hace querer borrarle esa sonrisa de un solo golpe.
— ¿En serio te dijo todo eso? — pregunta ahora indignada — voy a...
— ya está, se terminó, no hay nada que puedas hacer — la tranquilizó, sé que es capaz de ir a su casa a tirarle huevo — Vamos a dejar la fiesta en paz — le pido.
El resto de la jornada se me hace demasiado larga, no se que hacer, al llegar a casa me dejo caer en la cama con las palabras de Derek repitiéndose en mi mente como disco rayado "te creí diferente" "a saber si esa cosa es mia", me encojo sobre mi misma y caigo en brazos de Morfeo abrazando mi vientre aun plano.