Capítulo 11

3757 Palabras
Somnolienta bajo las escaleras aun un poco adolorida, llevo aquí tres días, encerrada sin poder salir, Derek no se ha separado de mi, me despierto todos los días junto a él, excepto hoy, parecía haber desaparecido. — Buenos días Señora Black — me saluda Theo desde la cocina. Entre bostezos logró devolverle el saludo, miro a mi alrededor, las cortinas están abiertas invitando a los rayos de sol iluminar el salón con ese brillo natural. — ¿que hora es? — pregunto curiosa. Theo con una sonrisa me anima a tomar asiento en el taburete de la isla de la cocina, no me hago de rogar y obedezco. — no falta mucho para la comida, tienes que tomarte tus antibióticos y debemos cambiar ese vendaje — señala mi pierna. Ya no duele tanto, ya casi puedo caminar con total normalidad, por lo que no entendía ese empeño en mantenerme en mi torre de cristal. De mala gana me bebo lo que ella me tiende, sé que no soy una buena enferma, y esta mujer tiene una paciencia santa conmigo. — ¿Donde está Derek?. Theo evita mi mirada, no está en la casa, eso es un hecho, tal vez se haya ido a trabajar lo que no hace más que aumentar el enfado que no sabía que tenía. — ha salido un momento. Lo sabia! Se que él necesita trabajar casi tanto como lo necesito yo, por eso ambos acordamos tomarnos al menos una semana de "vacaciones", fui una tonta al pensar que cumpliría con su parte del trato, si él se lo salta, yo haré lo mismo. — consígueme unas muletas — le pido lo más educadamente posible. — no creo que... — no recuerdo haber pedido tu opinión— la corto con voz dura — solo haz lo que te pido. Me mira con el ceño fruncido pero muy a su pesar asiente con la cabeza, decidida subo las escaleras, no estoy enfadada con ella, ni siquiera lo estoy con Derek, mi malhumor va dirigido únicamente a mi misma, por ser tan ingenua y manejable, tan débil frente a ese ojiazul. Después de hacerme con lo necesario para la correcta curación de mi herida, me encierro en el baño aun furiosa, me siento sobre el borde de la tina con la pierna dañada estirada, me reconforta saber que la cicatriz esta lo suficientemente arriba como para poder ponerme un vestido corto y lo suficientemente bajo sin peligro de quedarme estéril. — Alex, ¿donde estas?! — se oye los gritos de Derek al otro lado de la puerta. Un segundo después la puerta del baño se abre de golpe, Derek está allí, de pie con la respiración agitada, vestido con un pantalón de chándal n***o a juego con su camiseta que parecía estar empapada, una fina capa líquida cubría su rostro, ¿ha corrido? Suelta un profundo suspiro de alivio antes de acercarse a mi, se arrodilla frente sin decir nada. — ¿donde has estado?—la pregunta escapa de mis labios sin poder retenerlo. — he ido a correr, ¿se me permite correr? — pregunta ahora con tono molesto. Asiento con la cabeza un poco avergonzada, quiero confiar en el, de verdad lo necesito, pero me cuesta demasiado, el lo sabe pues no dice más nada, se limita a quitar con delicadeza esa venda, la herida no es muy grande, mientras llena la tina con agua caliente, inspecciona la herida, gracias a sus cuidado no corre riesgo de infectarse, al contrario, cada día me duele menos, internamente se lo agradezco. — vamos a ducharnos— anima con una sonrisa Con cuidado nos metemos ambos en la tina, con mi espalda recostada sobre su pecho desnudo, puedo sentir el irregular latido de su corazón, el agua esta caliente, con una esponja deja caer un chorro de agua sobre mi herida, cuidadoso siempre de no hacerme daño, entre caricias y besos me limpia con maestría mi herida y cuida de mi, dejo que me lave el pelo, disfruto del roce de sus yemas en mi cabellera, es como un delicioso masaje, es el baño más relajante que he tenido en toda mi miserable existencia. — puedo hacerlo yo. Le digo cuando se dispone a secar mi cabello con el secador, me ignora y continúa con su tarea, me lleva a la habitación y me empieza a vestir, esa se vuelve nuestra rutina de cada día, todos los días a la misma hora, el sale a correr y yo lo espero por tan ansiado baño en pareja. Dos semanas pasan desde el accidente, mi pierna nota el cambio, hoy Dylan se presentó en casa con la excusa de que era momento de quitarme la grapas, a pesar de que ya puedo andar con bastante normalidad, Derek se rehusa a dejarme ir, a separarse de mi, pero ambos sabemos que las vacaciones se terminaron, y su secretaria lo despierta de la realidad cuando le recuerda su reunión, a la cual llegará tarde. Lo observo divertida como corre de aquí para allá dándose prisa en estar listo, con rapidez se enfunda en su típico traje oscuro, camisa blanca y corbata del mismo color del traje, esta nervioso, el no es una persona que le guste llegar tarde a sus citas. — llegaré tarde y es culpa tuya — me acusa haciendo un tierno puchero. — quiero ir contigo — le pido poniendo mi mejor cara de cachorrito. Hace más de media hora llamo su secretaria diciéndole que tenía programado una importante reunión desde hace más de un mes, el dirige varias empresas al mismo tiempo, de comunicación, publicidad, de construcción, por supuesto también cuenta con una franquicia hoteles bastante bien posicionada, todo un magnate dueño de su imperio, inaccesible y por supuesto sin mucho tiempo libre. — has tardado demasiado en pedirlo — se burla con una sonrisa. Sin borrar esa sonrisa entra en mi vestidor y vuelve a salir con un vestido beige en manos, unas bailarinas y una chaqueta de cuero, no era el mejor de los atuendos pero tampoco tenía ganas de buscar uno por mi misma, se trata de un vestido ancho de cintura para abajo, corto hasta medio muslo, sin escote y bastante sencillo pero a la vez elegante, me ayuda a ponerme las bailarinas y espera paciente unos minutos hasta que termino con mi maquillaje. Bajamos a la calle donde Ronnie nos espera impaciente, siempre tan serio con esa cara de mala leche, se podría decir que ese hombre es polifacético, puede ser muchas cosas, siempre está al rededor de Derek, protegiéndolo, cuidándole, se nota que lo aprecia. Su edificio es mucho más grande, y por supuesto no es el único que posee, ambos entramos al interior y automáticamente todo el personal se voltea a vernos, y no es para menos, Derek camina conmigo colgada de su cuello, pero es el no me deja. Que vergüenza! — bájame por favor — le pido avergonzada por ese exceso de atención. Por supuesto el castaño me ignora, la puerta del ascensor se abre frente a nosotros y yo ya no sé donde esconderme, ellos me miran con curiosidad mientras que a Derek le sonríen con educación ¿que más pueden hacer? Es su maldito jefe! — nos están mirando — señalo lo obvio. — pues diles que una foto les va a durar más— comenta divertido. Pero a mi no me hace ni puta gracia, y menos aún al ver esa sonrisa divertida de la mujer sentada detrás del escrito fuera del despacho de Derek, bajita con ligero sobrepeso, cabello corto y rubio al estilo varón, ojos negros, labios grueso y pintados de color rosa chillón. — Buenos días señor y señora Black— nos saluda a la vez que nos abre la puerta. —buen día Lola—la saluda sin detenerse un solo segundo. Una vez dentro de su amplio despacho camina hacia su escritorio y me posa sobre su cómoda y gigante sillón, podría pasarme todo el día aquí. — Señor, ya he informado sobre su llegada — informa su secretaria y desaparece casi tan rápido como apareció. Mi chico con un casto beso en mis labios se va volviendo a esa fachada fría propia de el, yo por mi parte me giro a la espectacular vista, se ve el puente de Brookling llenos de coches, las personas desde mi altura parecen pequeñas hormigas obreras, me gusta esta sensación de ser dueña del mundo, es como si yo fuera la reina y la ciudad mi reino, casi sonrío por el hilo de mis pensamientos pero unas voces me distraen. De repente la puerta se abre con brusquedad, sorprendida me giro con el corazón en la boca, un desconocido entra como si todo esto le perteneciera, alto de cabello n***o azabache, ojos redondos y grises verdosos, labios finos , barba espesa y bien cuidada, mandíbula cuadrada, su forma de vestir le daba un aspecto más peligroso, chupa de cuero n***o gastado, camiseta gris, pantalón jean azul oscuro, en su muñeca resalta un rolex de oro que por un momento pienso que es robado. — buenos días — saluda con voz grave. Confiado se acerca a mi y me tiende la mano, dubitativa acepto su apretón, sin quitarme la vista de encima lleva mi mano hacia sus labios y deposita un suave beso, un escalofrío recorre mi cuerpo entero erizándome la piel. — Buenos días — los saludo con voz forma. Pero ya es tarde, la comisura de sus labios se elevan en una media sonrisa, ya se ha percatado que su presencia por alguna razón me pone nerviosa, no, su presencia no, más bien su penetrante mirada, con delicadeza y procurando que no note mi incomodidad, retiro mi mano que aun me tiene sujeta, algo de él me resulta extrañamente conocido. — Me llamo Ian Mikelson — se presenta pero su nombre no me dice nada. — Alexia Hunter — me presento muy a mi pesar, si es un cliente de Derek, se merece cierto respeto. — Así que tú eres la famosa dueña de Hunter Security — comenta pensativo — la semana pasada tenía una reunión con usted pero su secretaria canceló esa reunión, ¿se encuentra usted bien? — pregunta esta vez con un tono preocupado. Lo miro un poco sorprendida, no soy de las personas que cancelan reuniones por ningún tipo de circunstancias, me gusta siempre estar a la altura de sus expectativas, no tener conocimiento sobre dicha reunión me preocupa ¿que otras cosas me ocultarán? — estoy en perfecta condición, si gusta puede pasarse esta tarde por mi despacho y podremos tener la reunión que no pudo ser — le ofrezco amablemente. Nuevamente Ian me mira de arriba abajo con un brillo que no se identificar en su mirada. — un disparo es algo grave, Señorita Hunter — comenta como si esa información fuera accesible para cualquier. ¿Como sabe eso el? —Gajes del oficio — me limito a responder. — en ese caso, no vemos más tarde — dice con un guiño. Sin más y dejándome más confusa que antes, se da la vuelta y se va por donde vino, con un suspiro me dejo caer nuevamente en el sillón, no se que diablos me pasa, están pasando cosas que escapan fuera de mi control. En un intento de desviar mi atención del pelinegro de hace unos minutos, decido llamar a Stefany, estas semanas hemos estado hablando casi seguido, me mantiene al tanto de lo que pasa en la prensa y por supuesto me cuenta cotilleos sin sentidos, a parte de los recientes acontecimientos en su vida personal, ha conocido a alguien y está esperando el momento idóneo para presentármelo, no conozco su nombre ni nada de él, no importaba. — Hola lisiada — saluda en voz baja, parece preocupada. — ¿va todo bien? Escucho como cubre el micrófono del móvil y empieza a gritarle a alguien, más bien discute pero no logro entender nada de lo que dice, pero no me hacía falta entenderlo, algo va mal. — todo bajo control — intenta tranquilizarme. — Stefany....— advierto con todo amenazante. Suelta un bufido, no sabe si es lo correcto, pero lo que si sabe es que no tiene opción, por lo que al final opta sabiamente por contarme lo que está sucediendo. — al parecer ha habido algunos problemas con unos de los guardaespaldas que el señor Ionel Fernandez contrato y exige hablar contigo personalmente. Hace poco más de un mes que ese hombre contrató mis servicios para su adorada hija adolescente, le envié a tres nombres capacitados para cumplir con lo que él requería, el trabajo era sencillo, mientras dos vigilaban su entorno, unos de ellos se encargaba de llevarla de casa a su instituto y donde ella quisiera, un trabajo fácil que cualquier inútil podía cumplir, ese hombre es un hombre importante en el mundo de los cosméticos, un hombre poderoso, me molesta que esté enfadado por las malas acciones de mis hombres y eso no podía permitírmelo. — dame quince minutos, esto de camino — informo antes de colgar. Ese es un problema que no debo dejar sin resolver, aprovechando que Derek aun sigue en esa reunión, decido visitar mi lugar de trabajo. Paso por encima de Lola que se empeña en que no abandone ese despacho, pero la ignoro y me precipito al ascensor. Cojo el primer taxi que pasa en dirección a mi empresa, al llegar a mi destino me sorprendo al ver las consecuencias de mi larga ausencia, las secretarias hablan y cotillean entre ellas como si no tuvieran nada más importante que hacer, por otro lado muchos de mis hombres descansan en él área de la cafetería con cerveza en manos, mientras otros pocos fuman un cigarrillo en él área de fumadores, mentalmente grabo el rostro de cada uno de los infractores ¿que diablos está pasando a aquí? — te dije que no vinieras — me intercepta Stegany con nerviosismo— lo tengo todo bajo control. Ja! Casi me lo creo. — bajo control — repito con una cínica sonrisa — ¡¿crees que esto es tener todo bajo control?! — grito al borde de perder la poca cordura que me queda. Estoy enfadada, furiosa y no es con ella, es conmigo misma, con mi personal, con esas personas que no saben cumplir lo que su jodido contrato demanda, las secretarias y los irresponsables de mis guardaespaldas se giran atraídos por mi grito, cuando me ven automáticamente se enderezan entendiendo que han metido la pata hasta el fondo. — cítalos en el campo de entrenamiento, tenemos que hablar — le ordeno a Stefany suavizando mi tono de voz. Detrás del edificio antiguamente había un descampado bastante amplio, compre ese terreno e hice de él un auténtico campo de entrenamiento, contaba con todo, desde un área especializada en el tiroteo, hasta un ring bien montado dedicado al entrenamiento cuerpo a cuerpo, además de un área con diferentes obstáculos para entrenar tu reflejo, debían entrenarse cada día, con un plan especialmente adaptado a lo que mi empresa ofrece. Subo a mi despacho donde sé que el señor Fernandez me espera, lo sorprendo mirando por el ventanal, de fondo se ve la bonita ciudad, pero desde aquí también tengo libre visión del área de entrenamiento, lo puedo controlar desde aquí. — Buenos días señor Fernandez— saludo cerrando la puerta detrás de mi. Ionel se gira lentamente, vestido con un bonito traje azul marino, del mismo color que su pajarita, ojos oscuros, arrugas producto del paso de los años adorna su rostro fino. — no tiene nada de buenos — responde con clara molestia — tenía buenas referencias con respecto a usted — habla esta vez con un tono de decepción. Con un suspiro emprendo camino a su encuentro, hago una mueca cuando noto un pinchazo en mi pierna, me duele pero el dolor es soportable. Me detengo frente a él, no es un hombre muy alto, con ligero sobrepeso, pero aun así agradable a la vista. — El guardaespaldas que usted me envió, sedujo a mi hija — relata cada vez más enfadado — creí que el contrato que me hizo firmar aseguraba la distancia sentimental que debían compartir con mi hija — dice ahora furioso. Lo cierto es que no tengo como defenderme, ha infringido una de las normas más importantes de ese acuerdo, falto a su palabras y puso en duda la mía, esto es inaudito. — entiendo y le pido mil disculpas , me haré cargo de ese problema, no se preocupe— le aseguro con voz firme. — eso espero señorita Hunter, porque no creo que haya una próxima vez — sentencia antes de irse dando un fuerte portazo. Aprieto los puños impotente, toda la culpa es mía, tal vez he sido demasiado buena con ellos, permisiva, les tendí la mano y me cogieron del hombro. Entro al campo bajo la atenta mirada de mis hombres, Stefany está frente a ellos con una tablet en las manos, me detengo a su lado disfrutando muy internamente todo esto. — al parecer mi ausencia en estas paredes significó un respiro para vosotros ¿verdad? — hablo con palpable ironía — yo creía que este era un equipo sano, correcto, respetable, pero creo que me equivoqué— hablo decepcionada de cada uno de ellos — vosotros firmasteis un contrato donde especifica explícitamente las cosas que debéis hacer y las cosas que no. Recorro la mirada por todos los presentes, uno culpables y muchos otros inocentes, pero hay uno que llama especialmente mi atención, Alexandro Pieroti, un joven italiano talentoso, además de guapo, siempre ha sido un chico sonriente, sin embargo hoy está serio, él sabe porque, en su contrato como el del resto, prohíbe en letras mayúsculas cualquier tipo de relación más allá de la profesional con el cliente y el olvido ese detalle importante. Lentamente me acero a él, puedo notar su nerviosismo, no es para menos, sabe lo que hizo y sabe las repercusiones de violar una de las cláusulas de mi contrato. — ¿valió la pena? — pregunto parándome delante de él. Niega con la cabeza, por supuesto que no valió la pena, nada lo vale, arriesgar tu vida y tu futuro laboral por un simple revolcón con la persona equivocada. — Por favor, no me despida — me pide suplicante. La cierto es que no podría hacerlo, aun le veo con mucho potencial, tal vez piense mucho más con su segunda cabeza, pero eso tenía solución, sin embargo no puedo dejarlo pasar así por las buenas. — esta bien — accedo no muy segura de querer hacer esto — si logras vencerme no te despediré — le propongo confiada en mis capacidades. Algunos de los aquí presentes me han visto crecer, han visto mi progreso en la lucha y en muchos otros aspectos, mi parte era un gran entrenador. — pero aún está herida — dice titubeante. Automáticamente me giro a ver a Stefany, esta por supuesto evade mi mirada, se que ese tipo de información solo puede salir de boca de esa rubia. Es casi vergonzoso admitirlo, se supone que yo debería ser la persona más intocable de la maldita ciudad, estoy entrenada para cuidar de mi misma y de los demás. — Ahora cuentas con cierta ventaja — le hago saber. Retrocedo hasta quedar a una distancia considerable de él, se que no quiere hacerlo, pero no tiene opción, estoy herida, aun adolorida, pero esta era su oportunidad, conservaría su trabajo y obtendría cierto respeto de sus compañeros. Aun dubitativo se pone en guardia y con cuidado da pequeños pasos acortando las distancias, yo no me muevo, incitándolo con la mirada a que de él primer movimiento, y así lo hace, derecha, izquierda, patada y gancho, sigue un ritmo constante, siguiendo ese patrón, a pesar de no tener un margen de movimiento más amplio, logro esquivar cada golpe fácilmente, esta confiado, subestima mi capacidad, es engreído y seguro de sí mismo, es rápido, tengo que admitirlo, pero no lo suficiente, le falta mucho que aprender, con un fuerte puñetazo en la boca de su estómago, hago que se arrodille frente a mi boqueando como pez fuera del agua. — Te daré de baja por un mes, sin derecho a paga ni finiquito y tu estarás de acuerdo — le ofrezco y es lo máximo que puedo hacer por el — después de de eso podrás volver a tus labores. — Pero... — si lo prefieres puedes optar por el despido definitivo— le propongo cuando intenta protestar — eso sí, no podrás ejercer de guardaespaldas ni nada parecido por el resto de tu vida. Eso era una amenaza, lo sabía, su mirada me dijo realmente no tenía opción, soy dura, lo sé, pero una vez alguien me dijo que si no lograba obtener el respeto de la gente por las buenas, tenía que hacerlo por las malas si quería escalar en el mundillo, lo comprendí al ver esas miradas expectantes por conocer mi próximo movimiento, ahora venía la mejor parte. — continúa...— le cedo la palabra a mi rubia favorita. Uno a uno empieza a nombrar a cada una de las personas que se creyeron por un momento que mi baja significaba "vacaciones", quince personas fueron relegadas de sus posiciones, sin opción a segundas oportunidades, querían protestar, defenderse, pero mi rostro serio era como un calmante para ellos, había acabado aquí, cabizbajos abandonan mis instalaciones, el resto aun sorprendidos por todo lo sucedido, deciden sabiamente que es hora de volver al trabajo, yo por mi parte decido volver a mi despacho, necesito descansar un poco. — El señor Black está esperándola — me informa Lily cuando paso por su escritorio. Suelto un suspiro cansada, ella sabe las ordenes en cuanto a dejar pasar gente a mi despacho, pero no podía reprocharle nada, Derek es un hombre que no tiene problemas para conseguir lo que se propone, por ello se lo perdono. Abro la puerta y entro esforzándome por no cojear, me había excedido, lo sé, si bien es cierto que puedo caminar perfectamente, aun me es difícil correr o saltar. Derek esta sentado en el sillón detrás de mi escritorio, esta enfadado, puedo notarlo, su azulada mirada se clava en mi retadora, haciéndome estremecer por un segundo, hoy no es un buen día y le conviene no hacerme enfadar, ahora no. — ¿Que coño haces aquí?— pregunta con tono rudo y enfadado.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR