1- El comienzo de todo.
―Lina vas muy bien, solo sube un poco más la defensa ―gritaba desde abajo del cuadrilátero Lalo.
Lina era una de las mejores boxeadoras del país, se encontraba entrenando para una pelea que sería dentro de dos meses. Lalo su entrenador la quería como la hija que nunca tuvo, desde pequeña le enseño artes marciales y luego que falleció su papá se hizo cargo de ella.
― ¡Eso!, ¡vamos muévete!, tienes que soltar esos brazos ―gritaba su entrenador.
De un momento a otro, Lina le dio a su contrincante un gancho que la mando a la lona. Lina celebraba al ritmo de la música que siempre lo hacía, ayudo a levantar a su amiga Ròse, otra amante del boxeo que siempre entrenaba con ella.
―Creo que es hora de ir a darme un baño, ya fue suficiente por hoy ―comento Lina, quien tomo su botella de agua y sé abajo del cuadrilátero.
Lalo solo la observaba, no necesitaba decirle cuando parar ni cuando seguir, ya que era bien disciplinada y por eso estaba en el mejor ranking.
― ¿Iras a visitar a tu mamá? ―pregunto Lalo.
―Sí, solamente espero no encontrarme con idiota de Julio ―respondió, luego rodó los ojos.
Julio era el padrastro de Lina, un hombre violento que agredía física y emocionalmente a su mamá. Judith, la mamá de Lina, permitía todo eso, ya que la seguridad en sí misma y su autoestima estaban por los suelos, luego que falleciera su esposo y entrara en depresión. Lina siempre intentaba ayudar a su madre, pero esta nunca se dejaba ayudar, porque para ella eso era normal.
Lina se fue a preparar para ir a ver a su mamá.
― ¿Iremos en tu motocicleta? ―pregunto su mejor amiga Ròse.
―Si
En ese momento Lina recibió una llamada de unos de los vecinos de su mamá, informándole que había sido golpeada salvajemente por su padrastro y, por lo tanto, llevada a la clínica Central. En ese momento tomo su motocicleta y condujo a toda velocidad, cuando llego al hospital en compañía de Ròse, se fue directo a admisión a preguntar por su mamá.
Le indicaron que los médicos estaban curando sus heridas, después la llevarían a realizarle una radiografía para descartar alguna costilla rota.
Cuando le permitieron entrar, ver a su mamá, y ver el estado en que se encontraba una ira en su interior fue creciendo, al igual que la sed de venganza. Abrazo a su mamá, le dio un par de besos en la frente, luego se despidió y salió de la habitación. Antes de irse del hospital dejo a su mamá a cargo de Ròse y le pidió que le avisara a Lalo lo que había sucedido, por ningún motivo quiso informarle a donde se dirigía, así que le dijo una mentira para evitar tantas preguntas.
Lina necesitaba encontrar a su padrastro y darle una lección para que la próxima vez la pensara antes de golpear a una mujer. Tomo su teléfono e hizo un par de llamadas para dar con su ubicación.
Se encontraba montada en su motocicleta a las afueras del hospital cuando recibió la ubicación del hombre, encendió la moto y condujo a toda velocidad hacia el lugar. Julio se encontraba solo en un bar que estaba a las afuera de la ciudad, cuando entro Lina lo diviso a pocos metros y se acercó a él.
― ¡A ti te quería encontrar! ¡Desgraciado! ―grito, lo tomo desprevenido de la camisa y le propino un golpe en la mandíbula.
El hombre cayó al suelo, quebrando en su paso una mesa que estaba a su izquierda, las personas que estaban en el sitio se asombraron al ver la facilidad con que la chica golpeo al hombre. Unos chicos que se encontraban tomando en la barra reconocieron a Lina como su compañera de entrenamiento y de inmediato se acercaron.
Lina levantó al hombre y esta vez le dio un gancho a un costado.
― ¡No que muy machito para golpear a las mujeres! ―grito furiosa― te advertí que no la tocaras.
Julio solo se retorcía del dolor, pero cuando escucho la voz de Lina la reconoció de inmediato y se levantó apoyándose de una silla.
―Maldita loca, te enseñaré a respetarme ―dijo poniéndose en posición de pelea.
El hombre le dejo ir un golpe, el cual esquivo con facilidad.
― ¿Es todo lo que tienes? ―pregunto con la ira burbujeando en el pecho, luego le dejo ir un tercer y cuarto golpe a la cara.
En el momento preciso en que Lina le propinaría el quinto golpe fue detenida por unos de los chicos.
― ¡Detente Lina! ―dijo el muchacho luego de tomarla de la mano.
― ¡Suéltame! Este tipo golpeo salvajemente a mi mamá y pagará por eso ―grito con rabia.
Los tres jóvenes rodearon a Lina, uno de ellos llamo a la policía.
―No vez que está ebrio, deja que la policía se encargue del asunto ―comento uno de los chicos de cabello rubio.
―Está bien ―dijo soltándose del agarre del joven y caminando hacia la barra.
Los tres jóvenes la siguieron.
― ¿Quieres algo de tomar? ―pregunto el otro chico de cabello n***o de origen a******o.
―Una bebida sin alcohol, gracias.
Luego de unos minutos llego la policía y se llevaron a Julio, quien había sido encerrado en uno de los baños para evitar que se escapara. Lina salió del bar contenta había logrado darle sus buenos golpes, denunciarlo y ser llevado por la policía. Esta vez no iba a dejar que saliera tan fácil de la cárcel, haría hasta lo imposible por hacer que le dieran una merecida condena.
Lina viajó con sus amigos al hospital, cada uno en su motocicleta. Cuando llego encontró a Lalo furioso, cosa que no le importó, pues luego se le pasaría. Él sabía que Lina era terca y que hacia lo que quería.
― ¿Cómo sigue mi mamá? ¿Qué han dicho los médicos? ―Pregunto mientras se sentaba junto a él.
―Igual, en la placa salió que tenía dos costillas rotas, dentro de poco la pasaran a su cuarto para su recuperación ―comunico pensativo―. Hay que pagar la cuenta, me informo la enfermera para seguir cumpliéndole los medicamentos.
Lina se pasó la mano por la cara frustrada.
― ¿Qué vamos a hacer? ―pregunto con la mirada hacia el suelo ―esta clínica es cara y sabes que no contamos con el dinero completo para pagar.
―Tienes razón, pero tengo una idea ―informo tocándose la cabeza con el dedo―. En el casino Royal realizaran una velada boxística dentro de un mes, sé que pagaran bien, podrías inscribirte y pedir un adelanto.
―No es mala idea, podría pedir más de la mitad y así pagar la clínica ―dijo emocionada.
―Mañana mismo podemos ir, según el contrato, firmas, pides el dinero y problema resuelto ―explico seguro―, de paso ganas fama para la gran pelea por el título mundial.
―Eres inteligente ―dijo guiñándole un ojo.
Lalo negó con la cabeza.
Luego de unas horas Lina pudo pasar a ver a su mamá, esta insistía en ver a su marido y como no tuvo de otra Lina tuvo que decirle la verdad.
―Lo denuncié, esto no podía quedarse así, se lo advertí ―dijo furiosa.
― ¿Qué hiciste qué? ―grito molesto.
―Lo que oíste mama y no conforme lo golpee.
Lina caminaba a grandes zancadas por todo el cuarto, suspirando, irritada.
― ¿Quién te crees que eres para hacer eso? ¡Chiquilla insolente! ―inquirió enojada.
― ¡Tu hija! ―grito cansada de la situación.
Lina entendía el estado emocional de su mamá, ya que desde la muerte de su esposo el amor de su vida cayó en depresión, desesperanza y pensamientos suicidas. Todo eso cambio cuando conoció a Julio un hombre que le gustaba manejar a las mujeres a su antojo y en Judith vio una mujer fácil de controlar. Las agresiones fueron subiendo por escala de menor a mayor, se encargaba de hacerla sentir culpable por lo que pasaba; la chantajeaba emocionalmente para conseguir lo que quería. Lina siempre se opuso a esa relación, pero al no encontrar una respuesta positiva por parte de su mamá, solo se limitó a cuidarla.
― ¡Y el mi esposo! ―respondió con ira.
Lina rodó los ojos fastidiada.
―Mira mama, tú eres la única que me importa, ese tipo tiene que pagar por lo que te hizo, yo misma me encargaré de que no salga libre ―dijo saliendo del cuarto dando un portazo.
La mamá la llamo varias veces, pero ella no volvió, llego hasta donde se encontraba Lalo con el rostro descompuesto.
― ¿Tuviste un encontronazo con tu mamá?
Lina asintió.
Lalo negó con la cabeza.
Luego de platicar un rato más y Lalo pasar a ver a Judith, salieron ambos de la clínica hacia su casa.