CAPÍTULO 15

2436 Palabras
Dylan. Abro los ojos, no puedo escuchar su voz, no entiendo porque no puedo hacerlo. —¿Marcus? ¿Marcus? Algo no debe estar bien como para que él desaparezca de esa manera, por lo general siempre está rondando en mi cabeza dejando sus palabras sádicas y malintencionadas por ahí retumbando. Pero no, últimamente se ha mantenido tan callado que es preocupante, no voy a decir que me hace feliz que no esté porque, la verdad, no lo estoy. Desde que mamá nos unió siempre estuvo para los momentos difíciles y por lo general es quien se encarga de las cosas malas mientras observo en silencio. No voy a excusar nada de lo que a pasado o pasó diciendo que no lo pude evitar, porque si pude hacerlo. Siempre tuve la opción de tomar el control del cuerpo y despojarlo pero no quise, nunca quise sentirme débil mucho menos que otros tratarán de matarme solo porque no era común o me veían frágil. Respiro profundo mirando a los alrededores, g*****a y Poe hablan cosas personales sobre lo que aparenta ser una relación sana, por supuesto yo no tengo ni una idea de que es eso porque en mi vida no la he tenido , para colmo cuando consigo a alguien que me acepta, mejor dicho que nos acepta. Terminan metiéndole una bala en la cabeza justo entre ceja y ceja, como si eso fuera una señal de que no debo atar a nadie a esta absurda vida que llevo. Aunque, si lo pienso bien creo que es lo mejor... Porque al final habría terminado muerta de alguna u otra manera, Angy era una chica muy dulce y eso me encanta, quizás la mayoría de las personas piensan que uno se debe enamorar de alguien que viva dando obsequios y tomándote de la mano, pero no. Es mejor tener a esa persona que sabes que va a estar para ti cuando nadie más lo va a hacer, eso hizo ella. Se unió a mi hermano, mi padre y un grupo de gente rara a la que los demás le huían para sacarnos del manicomio macabro que hizo mamá. ¿Quién más haría eso solo conociéndote de hace nada? Nadie, esa es la respuesta correcta para el enigma. —Ya despertaste, eso es bueno. —Miguel entra con su laptop en la mano, seguro andaba hackeando otra instalación del gobierno solo para distraerse un poco. —¿A que se le puede llamar bueno? Tengo que despertar en un infierno cada día. —Suspiro, —y ahora por mí culpa ella no está. —Miguel carraspea tomando asiento cerca de la camilla en la que estoy. — ¿Cómo estas tan seguro que ya no está entre nosotros? —Lo miro sin comprender como alguien puede ser tan estúpido, es de lógica que cuando alguien queda en estado vegetativo son más las probabilidades de que muera a que sobreviva. Ni siquiera le respondo, ya con la mirada se lo he dicho todo. Asiente haciendo una mueca antes de mirar a los lados y acercarse a mí. —Yo no sé que está pasando ahí dentro —señala mi cabeza y con el dedo índice forma un circulo sobre la frente. —Pero estoy muy seguro de que tiene que ver con Angy, —mira a los lados como queriendo decir algo pero no se atreve, ¿Quién podría escucharnos en este lugar? estamos en plena nada ¿Cuál es su miedo? —Dylan... —murmura solo para que yo sea capaz de oírlo. —Sé que nadie se está dando cuenta o lo ignoran para que no llegue a ser más grave, amigo... Dame tú mano. La extiendo y él, empieza a tantear con el dedo, dándome a entender que esta escribiendo sobre mi palma, arrugo el entrecejo y asiento. Lo estoy entendiendo y entonces sonríe. Solo Miguel sabe decir las cosas sin que nadie se de cuenta, siempre desde que nos conocimos lo a hecho, por eso es tan bueno en lo que hace. Con el dedo índice empieza... Y centro toda mi atención en ello. —Cosas raras están sucediendo aquí también, —le miro sin entender por completo lo que está escribiendo, ¿Qué podría estar pasando como para que alarme tanto a Miguel de esa manera? Peor aún, ¿Qué tan grave es para que desconfié de todos aquí? —Estuve hablando con Poe y él no lo había notado hasta ahora, hay personas aquí con nosotros que pareciera no existir y no lo figo solo porque no salgan en las bases de dato... No, sino porque si les miras con atención puedes fijarte que no tienen sombras, que a veces olvidan respirar y que no son capaces de reflejarse en los espejos. "Como si fueran un puto fantasma" Separo mi mano de la suya cuando veo que g*****a entra mirando sus uñas, como si eso fuera lo más preocupante del día. —¿Pueden creer que se me partió una uña? ¡Que horrible! Y la ultima manicurista que conocí tuve que meterle una bala en la boca por llamarme loca. —Fija su bonita mirada en nosotros y de pronto empuja a Miguel haciendo que caiga al suelo para sentarse ella. —¿Ahora que van a ver las personas cuando aparezca para aniquilarlos? ¡Van a pensar que soy una descuidada! ¡Que horror! Había olvidado por completo esa faceta de ella. Antes de conocerla mucho mejor, me preocupaba por completo tenerla cerca de nosotros, pensaba que alguien podría hacerle daño y que estando con nosotros peligraba demasiado. Luego descubrí gracias a Poe y Marcus que cuando se pone de esta manera es porque tiene uno de esos días donde pierde la cordura y su mente choca dentro de si misma. Así como nos sucede a todos algunas veces, a ella le pasa más. Su mente se pierde por ratos y pareciera una mujer frágil, vacía y sin pensamientos claros. —¿Por qué no vas y amenazas a alguien para que te la repare? —Miguel se arregla en el suelo, no está dispuesto a pelear con esa otra g*****a, ni nadie más en realidad. Por lo general solo la dejamos ser y ya, eso nos evita lloriqueos, gritos, alucinaciones y balas pérdidas. —Lo dices tan fácil, como si encontrar a alguien aquí fuera... —sus ojos verdes brillas, miro a mi amigo y él a mí, se le ocurrió algo en definitiva. Galatea se pone en pie, toma a Miguel del cuello de su camisa y le planta un enorme beso sonoro en la mejilla. —¡Eres un genio! —chilla antes de salir por la puerta dando brincos como una niña. —Eh... ¿Gracias? —Río por la cara de sorpresa que tiene en estos momentos Miguel, él me ve y toma asiento de nuevo en la silla. Toma mi mano para seguir con la conversación cuando una persona carraspea y nos alejamos rápido. —Si querían intimidad pudieron cerrar la puerta con seguro, —Poe camina con un estado de animo del asco, él también está por llegar a esos días... Donde sino tiene adrenalina circulando por todo su cuerpo, comienza a buscar peleas innecesarias. y a reírse como si todo le causara gracia. Aquí, entre nuestro grupo de amigo no puedo decir que exista uno totalmente normal. Porque incluso yo, tengo días en los que salgo de la normalidad para volverme un parlanchín de primera con objetos inanimados. —¿No deberías de estar siguiendo a tú novia para que no mate a nadie, ni levante sospechas? —Ataca Miguel, Poe coloca una sonrisa fingida sobre su rostro y le muestra el dedo medio. —Vete al diablo nerd. —Agrega él antes de sentarse justo donde estaba el pelo n***o hace unos minutos, en el suelo, dejando caer su cabeza sobre las rodillas. —¿Te sucede algo, Poe? —No me gusta ser un metiche mucho menos cuando se trata de él. Por lo general no le gusta que nadie, sacando a g*****a de la ecuación, pregunte cosas acerca de su persona. —Alza la cabeza con los ojos cerrados y la recuesta de la pared. —No sé ustedes de verdad, —Nos observamos unos segundos por notar que por fin se abre ante nosotros. — Pero hay algo en este jodido lugar que está consumiendo toda mi energía y no hablo de g*****a, Miguel. —El mencionado abre y cierra la boca rápido, ya iba con esa respuesta y se le adelantó. — Hablo de que, cada que respiro se me hace más y más difícil mantenerme. Si camino siento un peso encima de mí y si realizo movimientos innecesarios me lleno de fatiga y entonces lo único que quiero es dormir. —Ok. —Carraspeo, — viniendo eso de ti es muy preocupante. Tú eres de los hombres aquí presente el más activo. Miguel afirma con un asentimiento de cabeza antes de colocar una mano en su mentón y ponerse a pensar. —Tú te sientes cansado, —enumera con los dedos. —g*****a pierde el control de su mente, Dylan dura más tiempo sedado que despierto, Marcus no aparece y yo, siento que me vuelvo paranoico. Nos miramos entre nosotros como queriendo dar con una respuesta, hasta que es él quien la da. —No será que hay una cosa demás aquí, con todos nosotros y no nos hemos dado cuenta. —¿De qué hablas? —Poe bosteza, de momento las luces de la habitación titilan y prestamos demasiada atención a eso para mi gusto. La puerta de la habitación rechina como cuando una persona la trata de abrir pero es muy pesada y no puede, lo extraño para los presentes es que, no hay nadie ahí tratando de entrar, bueno al menos no una persona con vida. —¿Angy? —pregunto, no obtengo respuesta y Miguel suelta el aire que tenía retenido. —¿Estás más loco de lo normal? —Chilla por lo bajo. —¿Qué si es ella? ¿Pensabas decirle que entrara y se quedara con nosotros a hablar? ¡Te está haciendo daño tanto sedante! —No era ella, —agrega Poe. Saca una de sus espadas y aunque hemos visto cosas sorprendentes antes, está lo es aún más. El metal cambia de color, de pronto comienza a brillar en un tono de rojo casi parecido a la sangre y en el centro de la misma, el reflejo de una especie de criatura con cinco cuernos en su totalidad negra casi parecido a una sombra es lo que se ve en ella. Miguel traga y lo escuchamos, está que se hace en los pantalones y no lo culpo. Lo bueno del caso es que no solo soy yo quien lo está viendo sino ellos también, así que no es parte de una de mis alucinaciones a menos que ahora podamos tenerlas de manera colectiva. —¿Qué es esa cosa, Poe? —pregunta el pelo n***o a nada de caer de caer inconsciente al piso. —Si lo supiera, no estaría aquí sentado sino allá, pateándole el culo. —Responde, mirando aleatoriamente de la espada a la salida de la habitación. —No puede entrar al parecer, sea lo que sea lo está deteniendo algo para que no pueda entrar aquí. —Enserio... Uff, —Miguel se acomoda en la silla, genial ya va a salir a flote el lado que hizo que lo encerraran en el manicomio por más tiempo del debido. Ese lado ególatra, creído que se siente superior a todo y todos, la parte que en realidad lo vive metiendo en problemas.—Y yo que pensé que debería hacer algo pero ya está todo controlado por acá. —Ni tanto, —hablo porque estoy seguro de que esto no puede ser normal. —Entiendo que vemos a diario cosas fuera de lo común, pero nadie me va a decir que ver eso o tan siquiera tenerle cerca es normal. ¡No lo es! —Eso lo sabemos Dylan, —Poe coloca la espada de tal forma que refleje todo lo que hay afuera pero lo único diferente es ese ente oscuro parado ahí como esperando que le dejen entrar. —Lo que no logro comprender es... ¿Por qué quiere entrar? —Buena pregunta, —chasquea la lengua el pelo n***o. —Lástima que no tenemos respuesta para eso y él que por lo general siempre tiene información parece haber tomado vacaciones de la mente de Dylan. ¡Genial! Cuando se necesita de Marcus a él le da por no aparecer. —Espera... —Poe mira el techo, luego el suelo y por último la espada. —Que tal si... ¿Y si viene del mundo de Marcus? Digo, eso explicaría su figura ¿No? Niego. —No, he visto a Marcus y ustedes también. —Asienten dándome la razón, —sea lo que sea eso, no debe de ser de los buenos, sino, Marcus habría dicho lo que sea sobre ello antes. Y que yo recuerde, no lo a mencionado jamás. —Pues, busca la manera de que ese hijo de perra se manifieste antes de que sea posible que nos maten sin siquiera darnos cuenta. —Miguel, abre su laptop y comienza a teclear. —Voy a tratar de hacer que g*****a, Mika y Trisha se alejen del sitio. Estoy cerrando puertas y ventanas, colocando la mayor cantidad de obstáculos posibles para que g*****a note que estoy haciendo esto por la seguridad de los demás. —¿Cómo planeas hacer eso? ¡Estamos a mitad de la nada! —Poe tiene razón en lo que dice, pero el rostro de Miguel con esa enorme sonrisa deja claro que ya tiene la respuesta. —Solo déjame hacer mi trabajo ¿Sí? — La risa de Miguel es un poco espeluznante pero él sabrá porque lo hace en este momento. —¿Oyen eso? —indago, Poe frustrado tapa su cara, — Son helicópteros ¿Cierto? —Genial, de nuevo tenemos que correr de alguno de los grupos que te quieren muerto. —Miguel cierra su laptop antes de ponerse en pie. —Deja de quejarte y ayúdame con Dylan mientras esa consciente, luego se hará muy pesado para huir con él. —¿Y esa cosa qué? —Hago una mueca mirando la puerta. —Umm. Si es malo, se va a divertir y entretener mucho con lo que sigue. —Agrega guardando el aparato debajo de su camisa y dentro del pantalón.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR