Se busca esposa millonaria
—¿Señor Norman?
La voz de la profesora Thompson resonó vagamente como en un eco lejano dentro de la cabeza de Daniel Norman, un joven aspirante a convertirse en médico. Daniel tenía los ojos oscuros, cabello delgado y lacio, un perfil del tipo Dios griego, alto, de complexión delgada. A simple vista, cualquiera pensaría que era del tipo casanova. Sin embargo, él estaba más preocupado por conseguir un empleo que en conseguir una novia o una cita para pasarla bien una tarde de viernes.
El señor Norman estaba inclinado hacia el frente de su silla escribiendo, muy entretenido, tanto que no prestó atención a la clase y por lo tanto no escuchó cuando la profesora Thompson lo instó a que pasará a exponer su investigación acerca de los últimos avances médicos del cáncer.
La profesora carraspeó un poco, pero al ser olímpicamente ignorada, caminó entre las dos filas de estudiantes para colocarse a una distancia de dos alumnos al chico que la ignoraba; desde esa posición, podía ver claramente que el señor Daniel llenaba con presurosa pasión un montón de formularios sin sentido para ella.
La profesora Thompson, miró ceñuda por debajo de sus gafas de lentes redondos y grandes al joven alumno. Ella bien podía pasar por la bibliotecaria de la facultad, más que por profesora. Pero era bien sabido que, a pesar de ser la profesora más joven de la facultad, no se podía jugar con ella.
Un joven al lado de Daniel golpeó su pierna con el lápiz para llamar su atención. Inmediatamente Daniel apartó su vista de sus formularios para ver lo que su amigo quería.
Richard, un joven rubio de ojos azules, señaló hacia el frente, con una sonrisa reprimida.
Daniel inmediatamente enderezó su espalda y colocó sus manos sobre los formularios para cubrirlos de la vista de la horrible, amargada y odiosa mujer. Nunca nadie había podido lograr una nota alta en su clase. Pasó saliva provocando que su manzana de Adán se moviera graciosamente, evidenciando su nerviosismo. La profesora dio un paso más hacia él, y estiró la mano en una clara intención de que el joven pusiera en ella los desastrosos formularios. Sintiéndose humillado, pero no un tonto, le entregó el formulario que estaba llenando en ese momento. La clase estaba en total silencio, esperando a que la bomba nuclear estallara; morbosamente preparados para ver la desgracia del pobre chico.
La profesora observó el contenido de la hoja, mientras que su alumno mantenía la cabeza baja y las mejillas enrojecidas, nunca había visto a un chico enrojecerse.
—Le he pedido, señor Daniel, que pase a exponer su investigación. Ahora que tengo su total atención podría hacerlo, ¿ya?
Daniel asintió y rebuscó en su bolso el folder donde se encontraba su investigación, esa por la que había trabajado tanto, y por la que se había quedado dormido llegando tarde a su empleo y, por la que también fue despedido.
Su mirada aterrada se cruzó con la de su profesora solo para encontrarse con una pared de hielo, cruel y malvada.
—La olvidé —susurró.
En ese momento el timbre que anunciaba el término de la clase sonó con fuerza. Algunos dirían que lo salvó la campana, pero la realidad era que significaba que había reprobado el semestre con ella. Sus faltas y bajas notas no le alcanzarían para una nota aprobatoria global.
La profesora tendió el formulario de regreso a él. Daniel lo sujetó y ella se dio la media vuelta dejando al joven devastado.
—Habla con ella —Richard su mejor amigo le aconsejó, mientras que guardaba sus cosas.
—¡Antes de salir, dejen sus trabajos sobre mi escritorio! Como ya lo saben, no hay otra fecha, ni horario de entrega —advirtió con voz fuerte, la profesora.
Daniel miró a Richard.
—Inténtalo. Háblale sobre tu situación —insistió el rubio.
—No voy a rogarle.
—No lo harás, solo le dirás que estás desesperado porque van a echarte del departamento este fin de semana si no pagas tu renta y que estás presionado. Te espero en la cafetería. —Daniel miró a su amigo, como si le hubiera dicho que lo esperaba en la horca—. Yo invito, estás muy flaco.
Daniel esperó hasta que el último alumno dejó su trabajo sobre el escritorio para acercarse a la profesora.
—Profesora…
Ella ni siquiera levantó la vista del primer trabajo que le habían entregado. Estaba leyéndolo o fingiendo que lo hacía.
—No aceptaré su trabajo después. Puede retirarse.
—Yo… De verdad tengo mi investigación. Es solo que la olvidé, lo lamento, pero si pudiera…
—No. Imagine la vida de un niño dependiendo de usted y por un olvido suyo, el niño muere. Señor Norman, cuando se trata de nuestra profesión, los problemas personales se dejan en casa, no podemos cargar con ellos en nuestro trabajo, porque vidas dependen de nosotros. Si no es capaz de hacerlo, me temo que está en la carrera equivocada.
—Sí, profesora.
Norman salió del aula enojado más consigo mismo que con la profesora, porque pese a su actitud arrogante y malvada, ella tenía toda la maldita razón.
Su mejor amigo, Richard, estaba en una mesa en el comedor esperándolo con dos charolas. Al verlo acercarse arrimó una hacia el asiento frente a él. Norman, entendiendo la indirecta arrastró la silla y se sentó frente a su mejor amigo. Se conocían desde el primer día en que llegó a la facultad.
—¿Cómo te fue? —preguntó Richard.
—No accedió —respondió Daniel y desenvolvió el emparedado que tenía frente a él.
—¿Sabes? Creo que deberías entrar al sitio.
—¿Qué sitio? —preguntó Daniel.
—Pues el sitio.
Daniel frunció el ceño. Su cabeza, que comenzaba a a mostrar señales de deficiencia por el estrés cansancio y falta de comida. Tras comprender lo que decía su amigo preguntó:
—¿Te refieres al de citas?
—Sí, ese sitio.
—Dios… no. Yo… No es que considere que lo que haces es malo, pero… simplemente pienso que es… ¡Dios mío, no podría!
—Bueno, ¿quieres llegar al punto de tocar mi puerta a medianoche este fin de semana, porque te han echado de tu piso? ¿Quieres simplemente dormir en albergues hasta por fin decidirte por esto? O peor aún, ¿comenzar a reprobar todas las materias, porque no tienes tiempo de estudiar? Mírate, Norman. ¡Eres un desastre! ¿Desde cuándo no comes? ¿Desde el viernes que te invité el desayuno?
—¡Dios mío! Lo he intentado, de verdad que sí —dijo Daniel, acongojado.
—Lo sé amigo, yo también lo intenté —la tristeza en la voz de Richard le hizo saber a Daniel que no era tan feliz como decía ser cuando hablaba de lo bien que le iba con sus sugar mommy.
—No puedo, no puedo prostituirme.
Daniel negaba con la cabeza, de solo pensarlo se le revolvía el estómago. A veces se preguntaba si era un completo cobarde. ¿Qué hombre decía no al sexo? Luego se recordaba que con quien tendría que acostarse era con mujeres que podrían ser su abuela.
—No lo mires así. Somos médicos…
—Todavía no.
—Bueno, seremos médicos. Las mujeres del sitio son hermosas mujeres que han sido abandonadas en sus hermosas mansiones por sus adinerados esposos, porque ellos están más ocupados tonteando con jovencitas como tú y yo. Entonces, ellas están solas, tristes, vulnerables y llenas de rencor. ¿Sabes? Muchas de ellas… no lo pueden hacer… acostarse con uno, al menos no la primera vez. Ellas simplemente, se desahogan. Así que no estás forzado a acostarte con ellas en la primera cita. Date a desear, ellas solo quieren sentirse amadas por un príncipe azul, sentir de nuevo esa emoción, ya sabes… de amor. Puedes fingir que solamente la estás respetando.
—¿Así es cómo lo haces? ¿No te acuestas con ellas en la primera cita?
—No, yo sí me acuesto con ellas en la primera cita, porque no soy tan idiota como tú.
—¿Cómo puedes? Yo pensaría que es mi abuela.
—¡Oh, esas abuelas saben lo que quieren amigo! Creo que estás siendo un idiota. ¿Qué eres? ¿Virgen?
—No, claro que no.
—¿Sabes? Betty va a comprarme un coche este fin de semana.
—¿Qué hay de su marido?
—Hace tres meses que el hombre se fue a Grecia, porque está arreglando algunos asuntos de su empresa, claro que la empresa se llama Agatha y tiene veinte años. Betty está aprovechando para sacarle todo el dinero que puede a su marido antes de que vuelva a casa y claro, yo estoy portándome muy bien con ella para que se gaste ese dinero conmigo.
—¿Crees que el marido no se dará cuenta de que le compró un coche a su amante de veinte años?
—Todo está a mi nombre, él no podrá hacer nada. Y ese asunto está entre esposos después, no es asunto tuyo. Escúchame, Daniel: La cosa acaba cuando el marido se da cuenta. No hay más qué tratar. No esperas a que abandone todo y se case contigo, tampoco le darás problemas llamándola a horas inadecuadas, y si responde el marido, simplemente haces como que llamas del banco para ofrecerle algún producto y listo. Ellas no quieren divorciarse y si por alguna razón pierden el piso y quieren más contigo, la relación termina. Claro que si la del dinero es ella y no el esposo… pues yo lo pensaría.
—Eres un idiota.
—No, soy un hombre que está estudiando de tiempo completo y no tiene el apoyo de sus padres para sacar su carrera adelante. Sé que podría trabajar en otra cosa, pero seamos honestos, solo tengo que mirar lo jodido que terminas para darme cuenta de que es casi imposible mantenerme con un sueldo de mierda. ¿Qué pasará cuando comencemos con las prácticas? Facultad, hospital… ¿en qué momento trabajaremos? Piénsalo o cambia de carrera.
—Tal vez… lo haga.
—Te espero esta noche en mi departamento. Betty saldrá al campo a una cena familiar, por lo que no me verá hoy.
Richard se levantó, tomó su charola y se fue dejando a Norman sumido en sus pensamientos.
El último mes, había comido menos, estaba sobre girado en su tarjeta de crédito y ya debía tres meses de renta. Si no pagaba ese fin de semana entonces… dormiría en un albergue. No podía vivir con Richard porque su novia pagaba el departamento y ella lo visitaba constantemente. No podía simplemente abusar de su amigo ni de la mujer que pagaba las cuentas de Richard. Ya se sentía mal porque mínimo cada tercer día lo invitaba un desayuno, porque sabía que no había comido nada, con anterioridad.
Más tarde, tras haber dejado algunas solicitudes de empleo, se dirigió al departamento de Richard, como lo habían acordado. Se sentía nervioso y horriblemente decepcionado de sí mismo. Pero se había prometido intentar conseguir empleo antes de ir al departamento de Richard, obviamente, no tuvo éxito.
—¡Qué bueno que llegas! He estado revisando el sitio, tengo algunas chicas con las que estoy conversando.
—¿De verdad?
—Sí, mira, lee esto.
—Espera, pero ¿no necesito un perfil?
—¡Ah! Ya lo cree por ti.
—¿Puedo verlo?
Chico_guapo_Busca_esposa_millonaria.
—¿Esposa?
—¡Oh vamos nadie lo tomará enserio! Lee esto.
Cassie48
«Hola, chico_guapo, ¿De veras buscas esposa?».
Chico_guapo_Busca_esposa_millonaria.
«Hola, Cassie48, ¿quieres casarte conmigo?».
Cassie48
«Me gustaría primero probar la mercancía».
—Olvídalo, Richard.
Timida66
Busco esposo para hacerlo millonario, ¿te interesa?
Richard y Daniel se miraron a la cara. Daniel, lo empujó lejos de la silla y se sentó en su lugar.
Chico_guapo_Busca_esposa_millonaria.
Hola, timida66. ¿Esto es una propuesta?
Timida66
Me gustaría conocerte primero.
Chico_guapo_Busca_esposa_millonaria.
No dormiré contigo si piensas que puedes probar la mercancía sin pagar.
Timida66
No quiero dormir con nadie solo quiero un hombre que finja ser mi novio durante las vacaciones en casa de mis padres. ¿Qué edad tienes?
—Dile veinticinco.
—¿Por qué?
—Porque te faltan dos meses para ser mayor de edad, idiota y al parecer esto es un trabajo de acompañante, no de amante. Has lo que te digo. Pídele una foto.
Chico_guapo_Busca_esposa_millonaria.
Veinticinco y ¿tú?
Timida66
Treinta.
—¿Treinta? ¿Por qué una chica de treinta años querría contratar a un novio?
—¿Por qué es fea? Pídele una foto.
Chico_guapo_Busca_esposa_millonaria.
¿Me mandas una foto?
Timida66
No, es mejor vernos en persona. Y tal vez así pueda explicarte mejor en qué consiste el trabajo.
Chico_guapo_Busca_esposa_millonaria.
¿Es un trabajo?
Timida66
¿No es esto un sitio de citas a ciegas para conseguir una sugar mommy, que te pague las cuentas?
—¡Directa! Está hablando enserio.
Chico_guapo_Busca_esposa_millonaria.
Sí, así es. espero no molestarte, pero, no quisiera que me hicieras perder mi tiempo. ¿Cuánto estás pagando?
Timida66
¿Cuánto cobras por tus servicios?
Norman miró a Richard…
—Cien dólares por día, doscientos cincuenta si incluye sexo.
—Oh, demonios no puedo hacer esto.
—¡Vamos que si puedes!
Chico_guapo_Busca_esposa_millonaria.
Cien dólares por día, doscientos cincuenta si hay sexo.
Timida66
Veinticinco mil dólares, por todas tus vacaciones de verano, veinticuatro por siete. Diez mil de entrada y el resto al finalizar el trabajo. Te daré un vestuario completo, ropa, zapatos, reloj y móvil. Pagaré tus gastos adicionales, vivirás conmigo durante todas las vacaciones, pero no habrá sexo, no estoy interesada. Solo es para que nos conozcamos, ya que, frente a mi familia, fingirás ser mi novio. ¿Comprendes?
—Contrato, pide contrato.
Chico_guapo_Busca_esposa_millonaria.
¿Podemos ponerlo bajo contrato?
Timida66
Sí. Pero antes, me gustaría conocerte, ¿puedes enviarme una foto?
—No te arriesgues a que diga que no. Mejor pídele verla.
—¿Soy feo?
—No, tienes cara de niño tonto.
Chico_guapo_Busca_esposa_millonaria.
Me gustaría que mejor nos conociéramos en persona, de esta manera, sabremos si congeniamos.
Timida66
Te estaría pagando, ¿por qué no habríamos de congeniar?
Chico_guapo_Busca_esposa_millonaria.
Claro, claro, pero prefiero conocernos en persona, no soy fotogénico.
Timida66
Está bien, estás en Seattle, ¿verdad?
Chico_guapo_Busca_esposa_millonaria.
Sí. Cerca de la universidad de Washington.
Timida66
¿Conoces el café Solstice?
Chico_guapo_Busca_esposa_millonaria.
No, pero llegaré.
Timida66
Bien. Te veo este fin de semana a las ocho de la noche. Dame tu número de móvil y yo te enviaré el mío.
Daniel recibió casi enseguida un mensaje de ella pidiéndole ser puntual o informarle en caso de que no fuera a asistir.
—Bueno, ahora solo dependerá de ti, amigo. Ahora ten esto… —Richard sacó de su billetera mil dólares—. Paga a tu casero y cómprate un buen conjunto de ropa incluyendo zapatos.
—Pero, ¿y si no me contrata?
—Alguien más lo hará, no te preocupes amigo, que yo me haré cargo de que me devuelvas mi dinero. Ahora cenemos, pedí unas pizas y el partido está por comenzar.
—¡Richard, eres un proxeneta!
Richard sonrió de oreja a oreja.
A la mañana siguiente pagó la renta que debía y la del mes en curso, solo por si no lograba conseguir el contrato con Tímida66. Algo en toda la historia no le cuadraba, ¿Por qué una chica de treinta años tenía que pagar por un novio? ¿Estaba realmente tan fea? ¿O había algo más? Lo averiguaría hasta el domingo, y odiaba haber aceptado que la cita fuera dentro de mucho tiempo.
Se presentó a clases en la semana y como ya suponía, había reprobado el semestre con la profesora Thompson. La mujer era, horrible. Y en cuanto a las materias restantes, apenas y había alcanzado la calificación aprobatoria. Tenía que cambiar su situación escolar o de verdad ninguno, de sus profesores, se atreverían a recomendarlo. Estaban a finales de semestre y a una semana de salir de vacaciones, su adorada madre, aunque quería verlo, sabía que no podrían verse ya que no tenían dinero para su boleto de avión, además, si salía todo como debería pronto podría hacer un viaje de un fin de semana y visitarla. Si conseguía el trabajo con Timida66. Solo esperaba que en el último momento ella quisiera algo más. No estaba seguro de poder acostarse con ella o con ninguna otra mujer solo por dinero, no tenía la sangre tan fría, como Richard.
El viernes por fin pudieron decir que habían terminado el semestre, aunque, tenía que arreglar su asunto con la profesora Thompson, la verdad era que quería limpiar su nombre con ella, por lo que estaba pensando en recursar su materia el siguiente semestre. No sabía por qué le importaba tanto su opinión, tal vez era que ella tenía razón. Vidas dependerían de él y quería demostrarle que estaba en la carrera correcta, quería demostrarse a sí mismo que lo estaba.
El sábado fue de compras con Richard, adquirieron un vestuario no glamuroso para su cita, algo casual, visitaron el café en el que sería la cita solo para conocerlo y no parecer un idiota y Richard se aseguró de que tuviera todavía dinero suficiente para pagar.
—Como será una cita de negocios, creo que es conveniente que pagues tú. Ya cuando el contrato entre en vigencia, ella se hará cargo.
—Estoy de acuerdo.
El día de la cita llegó. Para las seis de la tarde estaba sentado en su sofá, cambiando los canales de su televisor una y otra vez, más por ocio que por el simple hecho de encontrar algo con que entretenerse.
Para las siete, volvió a mirarse en el espejo antes de salir del departamento y comenzar a dirigirse al café, tomó un taxi, dio las indicaciones del lugar. Vio por la ventanilla el recorrido que hicieron desde su departamento hasta el restaurante. Cuando llegó faltaban diez minutos para su cita. Aun así, decidió llegar temprano, no quería que, si ella ya estaba allí, pensara que no era un hombre puntual si llegaba un minuto tarde. Entró al café, el cual estaba muy solo. dos parejas y una mujer en la mesa de un rincón. Ella estaba de espaldas por lo que no pudo ver su rostro.
—Buenas noches, señor. ¿Desea una mesa? —preguntó una bonita mesera.
—Tengo una cita. Con la señorita… —Ella le había dicho que preguntara por su seudónimo a la mesera.
—¿Timida66? —preguntó ella con una sonrisa de oreja a oreja.
—¡Sí, así es!
—Allá. —Señaló con su dedo índice a la chica que estaba de espaldas. Daniel quiso poder captar su rostro, pero le había sido imposible.
—Gracias.
Caminó hasta la mesa donde esperaba su cita, se colocó detrás de ella y dijo:
—Buenas noches, ¿señorita timida66?
Cuando ella levantó la vista de su móvil y giró su cabeza para mirarlo, ambos se quedaron atónitos. Allí, frente a él estaba nada más y nada menos que, la señorita Thompson, su profesora de bioquímica.
Ella se giró, y murmuró: ¡Mierda!, mientras que él no sabía si salir corriendo o sentarse y disculparse por el… ¿mal entendido?
De pronto ella se levantó de la silla echa una furia. Frente a él…
—¿Qué hace usted aquí?
—¡Ah! ¿Lo siento?
—¿Lo siente? ¿Qué demonios cree usted que siente? —Daniel miró a su alrededor, habían llamado la atención de los demás comensales, por lo que se sentó en la silla frente a ella—. ¿Qué cree que hace?