CAPÍTULO XII

3010 Palabras
“¡Ahí estaba de nuevo, una mirada de reconocimiento por parte de Axel, al mirar a la mujer!” Confirmó Ricardo, al ver como éste miraba a la periodista disimuladamente. “ Pero esta vez creía haberle visto una mirada de anhelo al contemplarla. ¿Qué estaba pasando entre estos dos?” se preguntó. “Era hora de romper el incómodo silencio que había caído sobre el despacho desde la llegada del agente e intentar averiguar que ocurría allí “, se dijo. —¿Os conocéis? ¿ Me refiero si has hablado con él personalmente? —preguntó sin rodeos el inspector Ricardo a Greta. No tenía ganas de jugar al gato y al ratón con esos dos, todos en ese despacho tenía una profesión donde se ganaban la vida sacando información a la gente, por lo que no creía que sus tácticas con respecto a ellos para sacarles la información que él quería, fuera a funcionar. Lo mejor, había decidido, sería ir directamente al grano. —¡No! —se apresuró a contestarle la mujer, demasiado deprisa según observó Ricardo y con demasiado énfasis. “Estaba claro que acababa de mentirle” pensó éste, confirmando sus sospechas de que ambos se conocían. La mujer apartó la mirada de él, evitando el contacto visual y la dirigió hacia la mesa donde se encontraba sentada, mirando con repentino interés todo lo que en ella había. Axel levantó la mirada de la mesa y miró a Greta extrañado. “Acababa de mentirle al Inspector, cualquier novato se habría dado cuenta de que había mentido. ¿Pero acaso no era verdad que ella no lo conocía? ”se preguntó observándola ahora atentamente, esperando que el inspector Ricardo continuara preguntándole, porque estaba seguro que él también sabría que ella le había mentido. —¿No se conocen? —le preguntó de nuevo el Inspector a Greta, fingiendo sentirse confuso y mirando también a Axel, para comprobar su reacción. Este contemplaba también con interés y sorpresa a la mujer ante su mentira.“¿ A qué venía esa cara de sorpresa, acaso había pensado que ella lo delataría? — ¿Tú tampoco la conoces?— Le preguntó ahora al agente Axel. —No —contestó éste, de forma precisa y segura. Curiosamente, la mentira de ella lo había asombrado tanto como para distraerlo de los sentimientos que sentía por ella, y se había calmado lo suficiente como para poder controlar su habla. Ricardo observó a Axel sin notar nada que le indicara que había mentido, pero su instinto le decía que sí. —Ok. Es raro, me dio la impresión de lo contrario —soltó Ricardo, volviendo su mirada a Greta. De los dos, ella era la más fácil de interpretar si mentía. “Es curioso que hubiera notado que le había mentido cuando negó por dos veces que conocía a Axel y sin embargo no lo hubiera hecho cuando le contó la historia de como había averiguado lo del asesino” pensó confuso Ricardo. “Prestaría más atención ahora que sabía como se comportaba cuando mentía y si lo volvía hacer, lo notaría de inmediato” se dijo confiando en su habilidad al interpretar a las personas y en sus largos años de experiencia en interrogatorios. —Entonces te contaré por qué está ella aquí —le comunicó Ricardo a Axel, haciéndoles creer a ambos que los había creído—. Por lo que ella me ha contado, te vio en Albaida del Aljarafe y posteriormente en un reportaje de YouTube del asesino serial —le comunicó acusadoramente Ricardo a Axel, más que estar informándole—. Y llegó a la conclusión, de que estabas aquí siguiendo a ese asesino, que según ella pensó, debía ser el que había matado a estas dos mujeres de Sevilla, debido a la similitud de estas muertes, con las que vio en el reportaje en el que salías. También me ha comunicado que sabe de la existencia de un testigo, un mendigo para ser más preciso, que estuvo en la fábrica de bidones cuando se estaba cometiendo el asesinato y estaba dispuesta a informarme sobre el lugar dónde este vive, a cambio de hacer un trato con ella. Le he comunicado que ya sabemos y tenemos detenido por agresión a un policía, a este testigo, que después de todo, no ha podido aportar nada fiable a la investigación, debido a su mal estado mental por el gran consumo diario de alcohol, por lo que el trato no se podría llevar a cabo. Entonces ella ha cambiado su petición por una de amenaza —Ricardo miró a Greta acusadoramente. Ésta hizo una mueca de desagrado ante las duras palabras dichas por el Inspector, pero no lo corrigió. —Ahora pide a cambio de su silencio de no revelar que hay un asesino serial en Sevilla, estar informada de todo con respecto a la investigación de los asesinatos. Además, quiere ser la primera en dar la noticia y de entrevistarte, cuando se pueda hacer público lo del asesino serial —le informó, notándosele en la voz lo molesto que estaba con la última petición, echa por la periodista. Axel ignoro la acusación y celos del Inspector y contempló a Greta que lo miraba a su vez expectante. Le pareció la criatura más bonita de la tierra, sentada allí en silencio y contemplándolo, esperando la respuesta de él. —No quiero entretretre…vista —logró mortificado acabar la frase. Había pensado por un segundo, cuando comenzó ha hablar, que su tartamudeo había desaparecido, pero pronto comprobó que mientras que ella le afectara tanto a sus sentimientos, él no sería capaz de deshacerse de la tartamudez, mientras ella estuviera cerca. Vio como el Inspector Ricardo lo miraba intensamente, extrañado por su repentino problema en el habla, y su negativa. ••• Fue como si alguien le echara un cubo de agua fría por encima, si antes por su comportamiento hacia ella podía suponer que no la conocía y que no significaba nada para él, su negativa a que le entrevistara, se lo había dejado bastante claro y había desbaratado todas las excusa que había creado, debido a su comportamiento con ella. “No soy nadie para él, hasta hoy no sabía ni que yo existía” reconoció por fin con el corazón dolorido ante la realidad de las circunstancia. Después de su frialdad inicial, había seguido manteniendo la esperanza con hacerle la entrevista, por su comportamiento cuando entró en el despacho y la vio por primera vez. “Habría jurado que la reconoció y que se había quedado asombrado al verla” pensó con tristeza. En esa entrevista se habría asegurado de que ambos estuvieran solos, e intentado confirmar su primera impresión con respecto a él, que la conocía. Había mantenido la esperanza, que el comportamiento frío de él podría deberse a que estaba en estado de shock por su repentina aparición en su oficina. Debía de haber pensado que sus sueños eran eso precisamente, nada real, como había pensado ella hasta no hacía mucho, por lo que verla allí en carne y hueso, lo habría dejado muy confuso. Lo más lógico que podía hacer cualquiera en su situación, era lo que él había hecho, actuar como si no la conociera. No podía soltar en medio del despacho como si no tuviera importancia, que la conocía a ella porque salía en sus sueños. Por eso creía que aceptaría gustoso su petición de entrevistarlo, él tendría que estar deseoso como ella, de que ambos estuvieran a solas, para intentar saber más cosas sobre la otra persona e intentar averiguar que significaba todo aquellos sueños. “¿No a todo el mundo se le presentaba en su trabajo la mujer que salía en ellos, verdad?” se dijo Greta con lógica. Ahora ya no le quedaba ninguna esperanza a la que agarrarse para seguir allí sentada. —¡No está en tu mano poder negarte, agente Axel! —le comunicó molesto Ricardo, una vez repuesto de las sorpresa que ese día le estaba dando con su comportamiento el agente Axel —¡Esta señorita nos pone entre la espada y la pared. Solo pide tres cosas razonables, a cambio de su silencio y se la vamos a conceder. Recuerde que usted está aquí para ayudarnos en todo lo que fuera necesario a cambio de dejarlo participar en la investigación! —le recordó. Axel lo miró enfadado por contradecirlo delante de ella, pero no se atrevió a volver hablar, ya le contestaría después de que ella se marchara y él recuperarse un poco de control sobre sí mismo. Ricardo apartó la mirada del agente del FBI y la centró en la periodista, que miraba a Axel dolida por su negativa. —Como ya ha escuchado, acepto sus peticiones, en cuanto nos den la orden de poder revelar que hay un asesino serial en Sevilla, usted será la primera que pueda dar la noticia, mientras tanto, se le irá informando de todo lo nuevo que se descubra con respecto a los dos asesinatos hasta la fecha cometido por este. Cuando todo termine y capturamos al asesino, usted tiene mi palabra de que podrá entrevistar al agente Axel—. Greta fue a protestar, la última petición no era así, ella había exigido poder entrevistarlo ese día o como mucho dentro de esa semana, pero decidió callarse, ya no tenía sentido apresurar la entrevista, por lo que aceptaría lo que el inspector Ricardo le había comunicado sin protestar. Con una inclinación de cabeza, Greta aceptó las condiciones del Inspector y colándose su bolso al hombro, se levantó de su silla dispuesta a dar por terminada la cita y marcharse, pero antes buscó dentro de su bolso, hasta sacar una tarjeta, que a continuación entregó al Inspector. —Ahí está mi teléfono de la oficina y el de mi móvil —le comunicó, dejándole la tarjeta en la mesa delante de él—. Gracias por atenderme tan amablemente —soltó, dedicándole una sonrisa amistosa. Mientras apartaba la mirada del Inspector para dirigirla hacia el agente, Greta cambió su expresión a una poco amistosa, que fue con la que miró a Axel. Había pensado despedirse fríamente con un simple adiós, pero su boca no logró emitir ningún sonido. Un nudo de angustia subió a su garganta al contemplarlo allí de pie, junto a la mesa de los documentos, mirándola sin ningún tipo de emoción en su rostro, y venirle el pensamiento de que no lo vería durante algún tiempo. “No puedo decirle adiós sin que se me note en la voz lo dolida que estoy” pensó mientras se daba la vuelta para salir del despacho, dispuesta a marcharse sin despedirse de él. Su mirada se posó sobre la pared, junto a la puerta de salida del despacho, donde había clavado en ella un mapa de la provincia de Sevilla. En su interior, dos chinchetas rojas con el número uno, una y con el dos, la otra, marcaban dos puntos dentro de la provincia. De la nada, en su mente surgió un recuerdo del mismo mapa, con la diferencia que el de su cabeza presentaba cinco chinchetas rojas clavadas, en vez de sólo las dos que estaba viendo en esos momentos. Se detuvo delante del mapa, este estaba colocado justo a su altura, y leyó los nombres de los pueblo que marcaba las chinchetas con nerviosismo. “Con el número uno, Carrión de los Céspedes, el lugar donde se encontraba en esos momentos, y con el número dos, Albaida del Aljarafe.” Su vista buscó los nombres de los pueblos que marcaban las chinchetas de su recuerdo, y fue leyendo los nombres en orden numérico a medida que los iba encontrando por el mapa. “Castilleja del Campo, tenía en su recuerdo el número tres” “Lora de Estepa, el cuatro” “ Y el último era El visor del Alcor, con el número cinco” Sabía muy bien lo que representaban esas chinchetas clavadas en ese mapa, tanto el que tenía delante suya como el de su mente. Apartó la mirada de la pared con temor, para darse la vuelta y contemplar al agente y al Inspector con indecisión. “¿Se lo decía?, ¿la creerían si les contaba que sabía el día que morirían las próximas víctimas y dónde encontrarían sus cuerpos? Probablemente no” sentenció con angustia al verles contemplándola sin expresión en sus semblante. “¿Quién en su sano juicio la creería? También podría suceder que estuviera equivocada con respecto a las chinchetas y no significar lo que ella creía. —¿Esas marcas rojas son los lugares dónde se han encontrado los cuerpos de las mujeres asesinadas? —preguntó sin poder contenerse para salir de dudas, señalando el mapa en la pared, a los dos hombres que la contemplaban con preocupación. —Sí. Están marcados los dos pueblos donde las víctimas fueron encontradas —le contestó el inspector Ricardo que la contemplaba preocupado al ver que se le había puesto la cara blanca. — ¿Se encuentra usted bien? —preguntó frunciendo el ceño. Axel tuvo que poner a prueba su autocontrol para no salir corriendo y abrazar a Greta. Estaba claro que algo del mapa le había afectado mucho, se le había descompuesto el rostro y los miraba a ambos con impotencia. Greta asintió afirmativamente en respuesta a la pregunta del Inspector. Era otra mentira que ambos policía supieron ver en el acto. —Adiós —se despidió Greta de ambos hombres con voz temblorosa, sintiéndose despreciable y una mala persona por ser una cobarde e irse del despacho sin contarles a ambos lo que sabía. El agente Axel y el inspector Ricardo vieron como la periodista salía del despacho. Esta había dejado una atmósfera extraña en él al irse y ambos se quedaron durante unos segundos contemplando la puerta del despacho, ahora de nuevo cerrada tras su marcha. Con curiosidad, el Inspector se levantó de su silla y se dirigió al mapa de la provincia de Sevilla, curioso por saber qué había en él que hubiera alterado tanto a una periodista de sucesos, acostumbrada por su profesión a ver seguramente todo tipo de escenarios dantesco. A él se le unió el agente Axel, ambos contemplaron el mapa meditabundos, cada uno metidos en sus pensamientos. “¿Qué es lo que le ha afectado tanto de este mapa? “ se preguntó Ricardo mirando el poste dónde estaba dibujado la provincia de Sevilla. “ No puede ser los lugares donde se han encontrado a las víctimas, ella ya sabía, antes de venir aquí, donde habían sido hallados los cuerpos.” “¿Qué has visto que te a asustado tanto?” se preguntó Axel, contemplando las chinchetas rojas y con un pellizco de temor en la boca de su estómago. Recordaba perfectamente el rostro de Greta cuando Ricardo le confirmó que las chinchetas eran los lugares donde se habían encontrado los cadáveres, había visto asomar el temor en su mirada. “ Ella tenía que haberse dado cuenta de algo al ver ese mapa, posiblemente un dato que la policía no sabría. ¿Entonces por qué no lo compartió con ellos en ese momento? Estaba seguro que le pareció ver por su actitud cuando los miró, estar sopesando contarles algo. ¿Por qué no lo hizo? —Esa mujer sabe algo que no ha querido contarnos —señaló Ricardo, expresando en voz alta los pensamientos de Axel—. Lo peor es que es periodista. Estoy seguro que lo que haya descubierto querrá antes investigarlo por su cuenta. Puede ser peligroso si lo que sabe la lleva cerca del asesino. Este podría descubrirla y decidir ir por ella para silenciarla o huir de nuevo a otro país—. Ricardo suspiró cansado, un nuevo problema acababa de surgir—. Cualquiera de las dos opciones sería desastrosa para nosotros, sin contar que para ella podría ser mortal—. —Puedes ordenar que la vigilen —pidió Axel preocupado y dando muestra de nerviosismo en su comportamiento, ante las palabras de su compañero. Ricardo lo miró con curiosidad y una sonrisa asomó a sus labios al escucharlo. —Veo que ya no tartamudeas —le soltó. Vio para su alegría como el frío agente del FBI se ruborizaba ante sus ojos y apartaba la mirada de la de él, avergonzado por primera vez desde que lo conocía—. Si quieres puedes encargarte tú de ello, estoy seguro que no tendrás problema en seguirla. El instinto me dice que esta tarea es adecuada para ti —le comunicó intentado ponerse serio y que el agente no notara su alegría por haber logrado alterarlo—. De todas formas, tengo a todo el personal encargado de otras cosas y ninguno libre para que la siga. Tú eres adecuado para ello, no te hace falta la placa para llevar a cabo esta solicitud y así ayudas al departamento a vigilarla y que no se meta en problemas —concluyó. Axel se dio la vuelta en dirección a la mesa redonda y cogió algunos informes de los montones que allí habían. —No estoy aquí para hacer de niñera —replicó con calma, aún con el rostro colorado y molesto con el Inspector por pedirle algo que desearía hacer con todas sus fuerzas—. Estos informes aún están sin revisar y no puedo perder mi tiempo detrás de una periodista cualquiera —le comunicó, sentándose en la silla que no hacía ni cinco minutos que había ocupado Greta y dándole la espalda al Inspector. Ricardo sonrió ampliamente a la espalda del agente, a ver su comportamiento molesto. “¡Al final resulta, que si tiene emociones como todo el mundo!” pensó Ricardo. “ Si sigo descubriendo más cualidades humanas en él, puede incluso que me llegue a caer un poco bien” se dijo, fingiendo un escalofrío ante ese pensamiento. “¡Dios no quiera que eso pase!” rogó mirando al techo de su despacho sonriente.
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