CAPÍTULO XI

3293 Palabras
Acababa de terminar de recoger la mesa, después de ducharse se había puesto su pijama y se había preparado la comida, una hora más tarde, estaba lista para continuar con su trabajo, era el momento como tenía planeado, de ver el documental. Greta encendió la televisión de cuarenta y nueve pulgadas que tenía colgada de un soporte en la pared, frente suya y buscó la aplicación de YouTube entre las que traía este de fábrica. Una vez abierta, introdujo en el buscador el nombre del asesino serial y entre muchas noticias sobre él, apareció el documental que estaba buscando. Sin perder tiempo lo seleccionó con el mando y el documental empezó. Abrió su cuaderno de notas por la página correspondiente y cogió el bolígrafo entre sus dedos. “Ahora ya se encontraba preparada para verla.” En los primeros cuarenta minutos del documental, este informó sobre los nombres de las víctimas, qué vidas llevaban ante de la tragedia y cómo habían acontecido los hechos que le habían llevado a la muerte a cada una. Cuando el último relato terminó, apareció en pantalla, justo en la parte izquierda de la misma, la imagen geográfica de Estados Unidos. Dentro de ese mapa había tres puntos negros marcados que señalaban los nombres de tres estados: Maryland, Nueva Jersey y Virginia. La voz de la locutora iba transmitiendo la información correspondiente a la imagen mostrada. En la imagen de los estados que mostraba la pantalla del televisor, comenzó a aparecer puntos negros, mientras la locutora hablaba. Greta observó que el estado de Maryland era el que más puntos tenía, mientras que los otros dos estados tenían un punto cada uno. También se fijó que aunque la locutora había dicho que el asesino no seguía ningún patrón, ella podía ver claramente que los lugares de las muertes estaban relativamente cerca entre sí, por lo que le hacía suponer que el asesino tenía que vivir por esa zona. “Si ella era capaz de ver eso, ¿no significaba que una organización tan bien preparada como el FBI tenía que saberlo? ¿ Sería una de estas informaciones que los agentes se guardaban para no alertar al asesino y que este cambiar su ? “ La imagen de la tele cambió y en su lugar apareció un hombre hablando en inglés en primer plano, los subtítulos no tardaron en aparecer bajo la imagen de este. Todos los pensamientos de Greta desaparecieron al verlo, estaba atrapada en la mirada de ese hombre que miraba a la cámara de frente mientras hablaba. —¡Es él! —susurró sobrecogida, sin poder dejar de mirar sus ojos de distinto color y de escuchar su inconfundible voz. La imagen de la televisión volvió a cambiar para mostrar de nuevo los estados de Maryland, Nueva Jersey y Virginia. —¡Noo! —exclamó Greta con horror, a ver que desaparecía la imagen del hombre, mientras cogía el mando de la televisión. Con manos temblorosas, consiguió acertad en el botón de retroceso y parad el video mientras él hablaba. Volvió a escuchar su inconfundible voz, la reconocía aunque estuviera hablando en otro idioma. Se levantó del sofás en dirección al televisor, sin apartar la mirada del hombre y se arrodilló delante de este para contemplar más de cerca la imagen de él. Por primera vez, podía ponerle rostro a esos ojos, y tenía que reconocer que le encantaba lo que veía. Era un hombre que tendría que estar cerca de los cuarenta años, de complexión fuerte, a juzgar por los anchos hombros que aparecían en pantalla. Tenía una frente ancha y llevaba su pelo castaño claro peinado hacia atrás. Sus cejas redondas y gruesas, junto a sus ojos, le conferían una fuerza a su mirada, que podía intimidar a cualquiera que le mirara de frente, solo ella sabía por sus sueños, que también podía transmitir mucho dolor. El pitido de su móvil anunciando un mensaje la sacó de la contemplación. Dio pausa a la imagen del televisor y cogió su teléfono, que estaba sobre la mesa. Era un mensaje de David Carmona, lo abrió. TENGO LA INFORMACIÓN QUE QUIERES, SON 30 EUROS. ESTA ES MI CUENTA ES76 7890 4151 7400 8535. NADA MÁS QUE TRANSFIERAS EL DINERO, TE PASO LA INFORMACIÓN. —¡Joder con el tío, treinta euros me quiere sacar por un nombre! —supo que David habría deducido que esta información era muy importante para ella, por la exorbitada cantidad que le había pedido. Greta contempló la imagen de la televisión y dio para atrás al video, hasta justo el momento que el agente aparecía en pantalla comenzando a hablar. Debajo de su imagen apareció en letras negras, el nombre de él. —AGENTE ESPECIAL DEL FBI AXEL LEWIS, ENCARGADO DE LA INVESTIGACIÓN DE LOS ASESINATOS DEL —leyó Greta en voz alta. Con el nombre de él y sabiendo por fin cómo era su rostro, no creía que le fuera muy difícil encontrarlo, suponía que en un día o como mucho dos, daría con él, el problema era que no se sentía capaz de esperar ese tiempo sin que se la comiera los nervios. Tardó tan solo dos minutos en decidirse, y al final optó por la solución que le proporcionaría la información que quería lo más pronto posible. Desde su móvil hizo la transferencia al banco de David, diez minutos después, el tono de su teléfono designado a los mensajes sonó, acababa de llegarle la información que tanto quería. Cogió su móvil y lo encendió, el mensaje de David apareció en su pantalla. INSPECTOR RICARDO TORREJON. COMISARIA LOCAL CARRIÓN DE LOS CESPEDES. Greta leyó el mensaje sorprendida y a la vez avergonzada de no haberse dado cuenta ella antes, ahora entendía lo tonta que había sido. Sabía que la primera muerte en Sevilla de este asesino serial había sido la mujer asesinada de Carrión y que la de Albaida era la segunda, según las fechas cronológicas de las muertes, por lo que era lógico suponer que los que llevaban el caso fueran los inspectores de Carrión de los Céspedes. Greta miró la imagen del hombre de la pantalla y sintió su corazón contraerse de nuevo al contemplarlo. —Si estás en Sevilla siguiendo al asesino, como creo que estás, lo normal es que estés en la comisaría que lleva el caso —le comentó a la imagen, mirandolo intensamente y rezando porque su lógica fuera aceptada. Greta miró su reloj de muñeca que marcaba las once de la noche, era muy tarde para presentarse en Carrión y averiguar si él de verdad estaba allí, por lo que decidió esperar hasta mañana. “Tendré que coger esta vez el coche de empresa”, se dijo planeando ya el día siguiente, sin apartar sus ojos del rostro de él en la pantalla de televisión.” Me presentaré como periodista y preguntaré si hay nuevas pistas sobre el asesino de la mujer encontrada en la fábrica, lo demás improvisaré sobre la marcha” concluyó satisfecha con su estrategia. ☆☆☆☆☆ Viernes 18 de febrero “Tengo que apartarla de mi cabeza, ¡piensa en otra cosa!” se dijo Axel entrando a la comisaría, cansado de repetirse lo mismo durante horas. Antes de acostarse por la noche, había tomado la difícil decisión de apartarse de ella, de olvidarla. Desde que la había conocido, no hacía ni cinco días, parecía otra persona, incluso él mismo no se reconocía. Sus sentimientos tan fuertes por esa mujer en tan solo pocos días, eran prácticamente imposible de creer incluso por él mismo, pero no tenía más remedio que hacerlo. Sentía las pruebas de los sentimientos por ella en su propio cuerpo cada vez que la veía o pensaba en ella, y aunque mucho le pesara sabía que la amaba intensamente, y no sabía como sobrellevarlo. —¡Buenos días, inspector Axel! —le deseo el agente de recepción, un novato del último año—. El inspector Ricardo está reunido —le comunicó. Axel asintió con la cabeza, con la mente puesta aún en sus pensamientos. “¿Cómo se controlaba los celos que sentía si otro se le acercaba para conquistarla, cuándo él no tenía el valor en el estado actual que se encontraba con su tartamudez, de presentarse ante ella y pedirle salir a cenar? ¿ Cómo se hacía para tener confianza en uno mismo, si no podías decir ni tu nombre correctamente, cuándo se imaginaba presentándose a ella.? ¿ Cómo se ocultaban unos sentimientos tan fuertes para que ella no se asustara y huyera de él, si lograba superar las dos primeras barreras?”, se dijo avergonzado, al imaginarla en su mente temerosa de él, mientras recorría el pasillo de la comisaría en dirección al despacho de Ricardo. Miró su reloj de muñeca. “ Las nueve en punto de la mañana. Si fuera por la tarde sería la hora de salida del trabajo de Greta”, pensó. “Había intentado estar cerca de ella esperándola todas las tardes cuando terminaba su horario laboral, a la espera de una oportunidad de encontrarse bien para presentarse, y mientras eso ocurría, aprovechaba el momento de vigilarla para que no le pasara nada, era peligroso andar sola de noche para una mujer con un asesino en serie suelto. Pero de nada había servido, cada día que pasaba él se ponía más nervioso que el anterior y más agresivo por la impotencia. Le estaba quedando claro que antes de lograr un estado normal de calma para hablar con ella, iba a buscarse que lo suspendieran del caso y que lo devolvieran a su país, por agredir a un ciudadano.” Todos esos cambios y dudas eran lo que le había hecho tomar su dolorosa decisión por el bien de él. “Tenía que mantener las distancia con ella y ver si volvía su antiguo yo, el hombre con corazón frío y un sentido de la justicia muy fuerte, una persona que sabía lo que esperaba de la vida y estaba a gusto con ello. Si lo conseguía, nunca más se acercaría a esa mujer, podría volver a su país tranquilo una vez que atraparan al asesino y continuar con su vida, dejando estos días tan raro detrás”, se dijo, llegando a la puerta cerrada del despacho de Ricardo. Entonces, mientras aún seguía sumido en sus pensamientos, llamó y esperó a que Ricardo le diera permiso para entrar. Cada vez que el recuerdo de ella aparecía, se tenía que repetir las mismas palabras, “¡piensa en otra cosa!” para intentar alejarla de sus pensamientos. Aunque de poco le servía, parecía que su cuerpo se negaba a aceptar su decisión y le mandaba recuerdos de ella cada vez que le daba la gana. —¡Adelante! —escuchó decir al inspector Ricardo desde el interior del despacho. Axel abrió la puerta y entró, sumido en su incipiente melancolía. De pronto se detuvo de golpe, con la puerta abierta y su mano sujetando el picaporte. Delante de él, sentada en la silla que solía utilizar cuando Ricardo se encontraba en el despacho, estaba Greta, con el cuerpo parcialmente girado en su dirección. ☆☆☆☆☆ “Por fin llegó el Don perfecto” pensó el Inspector Ricardo, no sin cierta alegría por lo que se avecinaba. “¿ A ver como sales de esta ahora?” le preguntó mentalmente, con un poco de rencor “. Al final tú eres, el que ha alertado a la prensa sobre el asesino en serie” lo acusó en su cabeza. Hacía dos meses de la llamada que recibió de sus superiores, anunciándole que a su grupo, el que llevaba el caso del asesinato en la fábrica de bidones, se sumaría otra persona más, un agente del FBI, que actuaría de consejero, y a la vez sería el encargado de informarle el por qué de su llegada. También había recibido la orden de priorizar lo que este sujeto aconsejara, y es ahí, en ese momento, cuando el Inspector Ricardo le cogió inquina al nuevo, aún sin haberlo conocido. Tampoco este puso de su parte por caer bien en el grupo, con sus pocas ganas de integrarse en él y siempre mostrando sus aires de superioridad. “No había decisión que tomara que ese hombre no pusiera queja, ¡incluso le había recriminado que no hubiera tenido más cuidado en protegerse cuando le atacó el mendigo! ¡Cómo si él tuviera visión lace para ver a través de las paredes y descubrir que el hombre se ocultaba detrás de la puerta!” pensó irritado mirandolo. Este estaba quieto en la puerta y contemplaba a la periodista con cara de asombro. “¡Ahora que se había fijado bien, era verdad que su expresión mostraba sorpresa! Ricardo apartó la mirada de Axel y la posó en el cuerpo semi girado de la mujer que tenía sentada enfrente. No podía verle la cara, esta miraba a Axel. No sabía que expresión tendría ella pero su cuerpo se había puesto en tensión ante la llegada de su compañero, por lo que podía deducir sin equivocarse, que esos dos se conocían de antes. ¿Eso quería decir que entonces ella le había mentido con su historia respecto a cómo había averiguado que los asesinatos los estaba cometiendo un asesino en serie?” se dijo posando su mirada observadora de una figura a otra, que permanecían ambos como congelados, mirándose. “¿Se le habría escapado a ese desecho de virtudes, algún comentario revelador sobre los asesinatos, delante de esa mujer? ¿Podría ser ella una amante casual, con la que habría desahogado su frustración por no coger al asesino, hablando sobre ello con ella? No creía que este fuera el caso de él, por lo poco que lo conocía era demasiado frío, casi carente de sentimientos como para mostrar a nadie una parte de sí misma tan humana como era la frustración. Solo una vez en dos meses que lo conocía, había visto que mostrara sentimientos, y fue cuando casi golpeó por segunda vez al mendigo. Aún recordaba su cara furiosa mientras miraba al hombre tirado en el suelo, indefenso a sus pies. Si las miradas mataran, estaba seguro que ese mendigo estaría muerto. ¿Y todo por qué lo había herido a él? No lo creía, recordaba con claridad que desde que lo recogió ese día, después de que él lo llamara, ya se comportaba más raro de lo normal, más taciturno que nunca.” —Pasa Axel y cierra la puerta, no quiero que toda la comisaría se entere de lo que estamos hablando aquí —le pidió el inspector Ricardo, sacándolo de su asombro. Axel apartó la mirada de golpe del rostro de ella, para dirigirla a la puerta mientras la cerraba, y se quedó parado, sin saber que hacer a continuación, de espalda a ellos. Sentía la mirada de ambos sobre él, atentos a sus movimientos. “ ¿Era tarde para abrir la puerta y marcharse?” se preguntó sintiendo un rayo de esperanza. —¿Qué sucede Axel, te encuentras mal?— Le preguntó el inspector Ricardo. Con un suspiro nervioso y de derrota, Axel se dio la vuelta e intentó concentrar su mirada sobre Ricardo, intentando ignorar a la mujer deliberadamente. —Nnno — Contestó, avergonzándose después de escucharse tartamudear. “¿Qué le ocurre?” se preguntó mirandolo asombrado Ricardo, al escucharlo hablar. “¿Acaba de escucharlo tartamudear?” ••• “ ¡No podía creer que de verdad el hombre de su sueño estuviera allí, en el mismo lugar que ella!” Pensó Greta, viéndole pasar en dirección a la mesa redonda de un metro de diámetro, que estaba llena de informes, a su izquierda, casi en el centro del despacho y detenerse allí, contemplando los papeles que había sobre ella, sin mostrar interés en saber por qué estaba una desconocida en su despacho. “Había venido hasta esta comisaría expresamente para verlo sin apenas haber dormido nada, incluso esa noche no había soñado con las fotos de las víctimas, pero en las dos últimas horas las dudas la habían atormentado cruelmente, llegando a metérsele en la cabeza que estaba equivocada con respecto al hombre. ¿Cómo podía alguien soñar durante varios días, con la mirada y la voz de una persona que supuestamente sólo está en tus sueños, y creer que existe en la vida real porque hayas visto por televisión a otro hombre con la misma anomalía en los ojos? Pero ahora sus dudas se habían esfumado, no quedaba rastro de ellas por ninguna parte de su mente, era él con toda seguridad, incluso había reconocido el sonido grave de su voz cuando habló”, se confirmó Greta, sin poder apartar la mirada de él, que seguía concentrado en los papeles. “ Este había dejado de mirarla con asombro para prácticamente pasar a ignorarla completamente, o para ser justa, tenía que decir que estaba ignorando a ambos, al Inspector y a ella, con tanto descaro que hasta incomodaba, y eso le dolía y defraudaba al mismo tiempo. Había fantaseado con la idea durante parte de la noche de un emotivo encuentro, en su fantasía él la reconocía nada más verla. También él habría estado soñando con ella, y emocionado había corrido a su encuentro con sus preciosos ojos mirándola con amor y la habría estrechado fuertemente entre sus brazos, sintiéndose afortunado de que ella existiera en la vida real. Incluso por unos segundos, cuando la mirada de él se posó en el rostro de ella, creyó ver qué la reconocía, pero cuando su asombro continuó durante varios segundos sin efectuar ningún acercamiento a ella y su posterior comportamiento lo había llevado a ignorarla, cualquier sueño romántico que había albergado con respecto a él se esfumaron. Tenía que hacerse a la idea de que no la reconocía, y por su comportamiento actual con respecto a ella, no creía que tuviera interés en hacerlo… Al menos que estuviera disimulando”, pensó Greta, al acordarse de la fantástica e increíble situación por la que él la tendría que reconocerle. “Puede ser que esté el hombre en estado de stock al verla allí y por eso no había reaccionado o no supiera cómo comportarse con ella en esos momentos“. ••• “Tenía que calmarse lo suficiente para que sus manos dejaran de temblarle por los nervios y por el bien de su corazón ” se dijo mentalmente Axel, intentando relajar sus dedos, que agarraban con fuerza el borde de la mesa. Sentía la mirada de ambos sobre él y eso no le ayudaba. Ella por primera vez lo estaba viendo tal como él era, sin nada que le ocultara parte de su rostro, ahora podría reconocerlo si lo veía esperándola a la salida de su trabajo. “¿Pero qué estaba pensando?” se riñó mentalmente, enfadado al darse cuenta de que sus sentimientos no contemplaban la posibilidad de alejarse de ella y no verla más. Apartó involuntariamente, por un breve momento, los ojos de los papeles y miró a Greta. Esta estaba con la vista ahora puesta en el Inspector Ricardo. Cuando se dio cuenta de su error, volvió a mirar los informes y dio gracias al señor porque ella no se hubiera dado cuenta de que la había mirado.
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