CAPÍTULO X

3553 Palabras
Jueves 17 de Febrero Greta miró su reloj de pulsera que marcaba las ocho y cincuenta y dos minutos de la noche. Llevaba la tarde en su oficina sumida en sus investigaciones y había confirmado sus sospechas. Solo había tenido que poner en el buscador de Internet las palabras: para que su ordenador se llenara de noticias sobre un asesino serial de Estados Unidos, que estaba matando sobre todo, en el estado de Maryland, y que llevaba nueve asesinatos cometidos en menos de un año, incluso había un reportaje en vídeo en YouTube que pensaba verlo más tarde en su casa, titulado , nombre con el que habían apodado los medios de comunicación estadounidense al asesino. Según la información aportada a los medios por el FBI, encargados del caso del , hasta ahora todas sus víctimas habían sido: Greta miró su cuaderno de notas para volver a leer los datos importantes que había apuntado, sacados de distintas páginas de periódicos estadounidenses. —Mujeres jóvenes, de r**a blanca y con edades comprendidas entre los diecisiete y treinta años. Todas ellas presentaban contusiones en el rostro, cinco de ellas roturas de mandíbulas.— ( En ese momento, lo que parecía ser un recuerdo muy real, surgió en su mente. En él, se encontraba sentada en la misma posición en la que se hallaba en la actualidad, mirando el mismo cuadernos con las misma notas que estaba leyendo tan solo unos segundos antes, pero ahí acababa la semejanza con la realidad, su entorno era completamente distinto e irreconocible para ella. Se encontraba sentada frente a una mesa de madera caoba. Justo por detrás suya, rodeando su cuerpo, surgía dos fuertes y morenos brazo de hombre, que se apoyaban en la mesa sirviendo de apoyo a un cuerpo que ella no podía ver por encontrarse justo a su espalda. Frente suya, a unos veinte centímetros, podía ver un ordenador portátil y un lapicero con varios bolígrafos en su interior. El recuerdo, no le mostraba más que esos pocos detalle.) De golpe, la imagen se fue de su cabeza, dejando un espacio vacío en su lugar. Greta observó a su alrededor, asombrada por lo que le había pasado. Había experimentado alguna que otra vez un “deja vu”, pero ninguno le había parecido tan real como el que acababa de tener, este más bien le había parecido como un recuerdo muy lejano, de esos que se tienen de la infancia, cuando aún eres muy pequeña y que un día de mayor te viene a la memoria, salido de alguna parte de tu mente que ni tú sabías que conservaba ese tipo de recuerdo, y te asombras de no haberlo recordado antes de lo familiar que te resulta. Pero ella sabía que nunca había ocurrido la escena que su imaginación acababa de mostrarle. Así se sentía ahora, en ese preciso momento, como si hubiera recordado un recuerdo que no debió olvidar y muy confundida por sentir esa pena en su interior por haberlo olvidado. Intentó de nuevo visualizar la escena, sin conseguir recordarla tan clara como en la primera vez, pero lo suficiente para ver lo que ella quería, los brazos del hombre rodeándola, tan pegados a su cuerpo que casi no había ni dos centímetros de separación entre sus hombros y los brazos de él, y la imagen del cuaderno, el mismo que tenía en ese momento delante y que en ambos lugares estaba escrito con su puño y letra, donde ella tenía apuntadas, las características en las que se asemejaban entre ellas las víctimas. Greta volvió a mirar sus notas con curiosidad y fijo su vista en lo que había escrito en cada hoja del cuaderno. “¿Qué había ocasionado que surgiera esa imagen en su mente? ¿Podría repetirse de nuevo en su cabeza tan nítidamente esas imágenes como la primera vez, si seguía leyendo los apuntes? Tenía claro que algo en ellos había sido el detonante para que apareciera esa especie de en su mente. A modo de experimento pero también esperanzada, continuó de nuevo la lectura de sus apuntes, curiosa por ver si se repetía de nuevo el mismo o por el contrario, venían nuevas imágenes. —Todas presentaban múltiples cortes por todo su cuerpo con una cuchilla, posiblemente de barbero, siendo sus senos y v*****s los más afectados por ellos —leyó despacio, haciendo una pausa al terminar la frase, expectante por percibir algún cambio en su entorno. Todo seguía igual, nada había cambiado, por lo que continuó la lectura. —Todas habían sido violadas vaginal y analmente, presentando desgarros en ambas partes debido a la brutalidad de la agresión —volvió a parar de leer para contemplar su entorno. Nada en torno suya había cambiado. Siguió leyendo el último párrafo que le quedaba, sintiendo de pronto como la pena la inundaba. —Todas habían muerto de una puñalada en el corazón— Greta levantó la mirada del cuaderno de notas y se recostó en su silla sintiéndose mal, su idea no había resultado. “Tonta, ¿qué esperabas?, sabes que los no se suelen repetir de nuevo”, se recriminó empañándosele la visión por las lágrimas. Sentía ahora el corazón como si alguien se lo estuviera estrujando entre sus manos. Tenía que reconocer que había deseado en su interior, que la visión se repitiera de nuevo solo por volver a ver esos brazos rodeándola tan claramente, como la imagen se los había mostrado la primera vez. Tenía casi la absoluta certeza de saber a quién pertenecían. Eran los brazos de él, del hombre que le pedía en sueño que no lo abandonase, el mismo que hacía que su corazón latiera tan rápido cada vez que pensaba en su voz o recordaba sus ojos. ☆☆☆☆☆ Axel se encontraba en la acera, frente al edificio de las oficinas de la cadena CSC, esperando que Greta saliera. Pensaba seguirla hasta que entrara en su portal y después se iría a descansar a casa, de esa manera podría estar tranquilo de que ella estaba a salvo. “El coche de ella no se había movido en toda la tarde de su aparcamiento subterráneo, bajo el bloque de piso donde Greta vivía. El rastreador que le había colocado en los bajos al vehículo, así se lo indicaba, por lo que la información que le había transmitido Juan de que ella estaba en el trabajo, tenía que ser cierta. No quería ni pensar que hubiera cogido de nuevo el coche de la empresa y estuviera exponiéndose a otro peligro tan solo a pocas horas de haber salido de uno gordo”, pensó Axel, poniéndose tenso al recordar al agresivo mendigo. “Este había logrado mandar al hospital a un veterano y curtido Inspector, no se atrevía ni a pensar lo que podía haberle hecho a ella si no hubiera logrado escapar.” Una sensación helada recorrió su cuerpo ante tales pensamientos. Las puertas del edificio se abrieron y Greta salió acompañada de un hombre joven y atractivo. El hombre iba contándole algo gracioso, según pudo observar Axel por la sonrisa que Greta le dedicaba al joven. Este gesticulaba con sus manos la silueta de algo y Greta lanzó una carcajada que a Axel se le clavó en el corazón como un dardo, por lo atractiva y juguetona que le hacía parecer en esos momentos su actitud. El recuerdo de su sonrisa, dedicada solo a él en el ascensor cuando se despidió, le vino a la mente reconfortándolo, le había parecido una Diosa en esos momentos, de lo bella que le parecida. La pareja pasó a varios metros de Axel sin que ninguno de los dos notara su presencia, y continuaron andando en la dirección donde vivía Greta. —¿No lo llevarás a tu piso verdad? —murmuró Axel notando de pronto que empezaba a sentirse mal ante esa idea. Juan le había asegurado que no tenía novio, ni siquiera había traído a un chico a su piso en los tres años que ella llevaba viviendo allí, por lo que había estado tranquilo con respecto a la competencia, pero no había pensado que esa situación podría cambiar en cualquier momento. Axel los siguió bastante metros más atrás, pendiente de ellos, sin quitarle los ojos al joven. Pronto llegaron al cruce y ambos se detuvieron frente al semáforo en rojo. Greta se agachó a atarse los cordones y Axel vio como el joven se apartaba unos pasos atrás para contemplar mejor el culo de Greta, que quedaba bien marcado bajo sus vaqueros ajustados. —¡Aparta tus asquerosos ojos de ella mamón! —gruñó enfadado Axel en voz baja, sin quitar la mirada del joven y sintiéndose arder de furia—. ¿Por qué se habría tenido que poner ella esa tarde ese chaquetón corto? El n***o largo le quedaba mejor y le tapaba mejor el cuerpo —se dijo mirando enfadado la prenda, que no tapaba a su dueña correctamente. Sabía que su comportamiento era odioso y sus pensamientos posesivo se estaban pasando mucho de se lo correcto, pero no podía controlarse cuando de ella se trataba, la situación por la que estaba pasando, no se la deseaba a nadie. Se sentía como otra persona, como si su cuerpo de golpe hubiera asimilados los sentimientos ajenos de otro hombre, uno que llevara mucho más tiempo enamorado, y se los hubieran metido en su cuerpo sin previo aviso. Otras personas se conocían y se gustaban, salían en citas para conocerse y se enamoraban cuando la forma de ser de la otra parte te atraía, pero con él todo eso se lo había saltado, directamente se había enamorado locamente de ella nada más verla. Siempre se había reído de los que creían en ese tipo de amor, pero ahora sabía que existía y se compadecía de los que estuvieran en su misma situación, cuando la otra parte ni siquiera sabía que existías. Greta terminó de atarse los cordones y Axel observó como el joven se apresurada para volver a su posición inicial junto a ella, como si nunca se hubiera apartado de su lado para mirarle el culo. —¡Gilipollas! —murmuró Axel con furia. Su vista recorrió el suelo, sin saber muy bien que buscaba, hasta que un trozo roto de adoquín de la acera le llamó la atención y se agachó por ello. No era un pedazo muy grande, tendría unos tres centímetros de largo por dos de ancho, de un color gris cemento. Lo cogió entre sus dedos y sopesó su peso y tacto. El semáforo cambió a verde y el joven le puso la mano en la espalda a Greta con familiaridad, colocándola en la parte más baja de la cintura, rozando el inicio de los glúteos, invitándole con ello a andar y sin apartarla cuando esta lo hizo, dejándola en esa posición mientras cruzaban la carretera. Greta debió decirle algo gracioso porque el joven rompió a reír al escucharla, observó lleno de celos Axel, que se moría por apartarla del tipo. ••• —¿Quieres ya apartar tu mano de mi culo, Pedro? —le dijo riendo Greta al joven becario —, si no conociera a tu novio, juraría que te van las tías cariño —este comenzó a reír al oírla. —¡Lo único que me gusta de una tía, lo tienes tú, si tuviera dinero para operarme, me pondría tu culo, iría perfecto con este cuerpo mío! —exclamó este riendo, quitando su mano de la cintura de ella y cogiéndole del brazo cariñosamente. De esa manera, ambos llegaron hasta el portar de Greta, cinco minutos más tarde. Allí se despidieron, ella se metió en el portal y él se fue en busca de un taxi. ••• “Tenía suerte de estar en el mismo despacho que Greta y María, sus defensoras contra Mario” pensó contento Pedro. ”Sin ellas su tiempo de becario en la cadena habría sido insoportable. Le hubiera gustado que alguna de las dos hubieran sido su tutoras, pero se le había otorgado ese derecho al más veterano de esa oficina, Mario.” Pedro miró a su alrededor buscando un taxi. Había querido acompañar a Greta hasta su portal a pesar de que él vivía en la dirección contraria, al igual que su parada de autobús. Se había dado cuenta de inmediato de que ella no se encontraba bien cuando la vio salir de su despacho con los ojos rojos de llorar. Algo malo le había sucedido para que estuviera en ese estado. Ella siempre había sido muy buena con él y se habían hecho pronto amigos, no podía dejarla que se marchara sola, lo mínimo que podía hacer por ella era acompañarla e intentar distraerla con sus tonterías. Un taxis se acercaba por la carretera y Pedro levantó la mano para llamarlo en el mismo momento que algo golpeaba su cabeza, arrancándole un pequeño grito de dolor. Giró en redondo buscando la causa y observó rodar por el suelo, cerca de él, una pequeña piedra gris. —¡Maldita sea, quién ha sido! —gritó indignado, haciendo una mueca de dolor al tocarse el pequeño chichón de su cabeza. A su alrededor solo se encontraba a unos diez metro, un hombre alto que le daba la espalda mientras hablaba por el móvil. Corriendo, se acercó a él. —¡¿Perdone, has visto quién me ha tirado una piedra?! —le preguntó Pedro dolorido e indignado. El hombre se giró y lo miró a los ojos. Pedro se perdió al momento en su bonita mirada, provocando que casi se olvidará de su dolor de cabeza y de la causa por la que estaba delante de ese hombre. El hombre tenía ambos ojos de diferente color y una mirada penetrante. “¡Es endiabladamente guapo!” se dijo maravillado, contemplándolo. ••• “¡Que coño le estaba pasando! Se recriminó Axel, caminando de vuelta a su coche, aparcado cerca de las oficinas donde trabajaba Greta. “¡Había herido a una persona sin pensar en las consecuencias!” Se había arrepentido de su acción en el mismo momento que la piedra golpeó la cabeza del joven, dándose cuenta de que se había convertido en una persona despreciable, que impulsada por los celos había herido a otra. —¡Yo no soy así! —se recriminó enfadado consigo mismo. El verla diariamente sin poder hablar con ella por miedo a que por culpa de su tartamudeo no lo valorase como hombre y sintiera lastima de él, lo estaba cambiando de tal manera que apenas se reconocía en esos momentos—. ¡Yo jamás he sido un cobarde, ni he pegado nunca a nadie por la espalda! ¡Yo siempre he asumido mis errores y jamás me he escondido para evitar el castigo! —siguió recriminándose ante el recuerdo vergonzoso de cómo se había hecho el inocente con el joven herido. Lleno de arrepentimiento, se había quedado con el joven asistiéndolo, e incluso le había parado un taxi y pagado treinta euros al taxista, ante las protesta del joven, para que lo llevara dónde este le dijera, ya que había rehusado ir a urgencias a que le inspeccionaran la cabeza, asegurándole a Axel que se encontraba bien y que no había sido para tanto. —No puedo seguir más tiempo con este comportamiento —se recriminó, enfadado y asqueado por su comportamiento. ••• “Por fin estaba en casa” pensó Greta entrando por la puerta. Se encaminó hacia el sofá, tiró el bolso en un extremo de este y se dejó caer sobre él desolada. Había ocultado con mucho esfuerzo a Pedro su estado de ánimos todo el trayecto hasta su casa, incluso había hablado con Juan en la portería como solía hacer diariamente, sin que este notase nada en ella, y en todo momento había estado deseando de llegar a su piso para dejar de fingir. Ahora en la soledad de su casa y sin tener que reprimir sus sentimientos, sintió que el nudo que se le había formado en el estómago desde que había tenido el “deja vu”, iba subiendo por su esófago, hasta quedarse atascado en su garganta, dificultándole la respiración. Cerró con fuerzas sus ojos y se recostó sobre el sofá, dejando salir su dolor en forma de lágrimas. No lograba deshacerse del sentimiento de pérdida por el hombre, que le había sobrevenido cuando se fue la visión que había tenido en su despacho. El recuerdo de los ojos de él, apareció en su mente para atormentarla. —¿Por qué estoy sintiendo estos sentimientos por ti, si ni siquiera te conozco —le preguntó a la imagen que había creado dentro de su cabeza—. ¿Por qué tengo este dolor en mi corazón por no tenerte a mi lado, cuándo no sé ni qué aspecto tienes? ¿Y por qué sé que eres real, cuándo solo te veo en mi sueños?— Greta abrió los ojos llenos de lágrimas y miró el techo de su piso. —¿Dónde estás? ¿Eras tú el hombre que habló ayer dentro del coche, cerca de la escena del crimen o es que mi mente me jugó una mala pasada?— Ahora se arrepentía muchísimo de la decisión de marcharse que tomó, tenía que haberse quedado y haber averiguado si era ese hombre el dueño de los ojos que aparecían en sus sueños. Porque creía de verdad que sí lo era, si las fotos eran reales, él también tendría que serlo. Una idea surgió de pronto en la mente de Greta, que se incorporó en el sofá esperanzada. —¡Eso es, ya sé lo que tengo que hacer! —exclamó abriendo mucho los ojos, sorprendida por no haber caído en ello antes—. Ese hombre había hablado con el que mantenía la conversación por el móvil como si fueran compañeros, incluso le regañó por hablar tan abiertamente del caso sin antes saber si estaban solos —recordó Greta —. Evidentemente ambos hombres tendrían que trabajar para el cuerpo policial que estaba a cargo de la investigación de los asesinatos de las dos mujeres. Tan solo, lo único que tendría que hacer era averiguar sus nombres, y una vez que los supiera, a través de ellos podría buscarlos por las r************* . Hoy en día casi todo el mundo tenía una. Con una posible vía abierta a seguir para encontrar a su hombre, Greta por fin se tranquilizó, ahora sabía lo que tenía que hacer a continuación. Cogió su móvil y buscó entre sus contacto hasta encontrar el nombre de David Carmona, un periodista , al que de vez en cuando Antonio, su jefe, le compraba noticias. Este tipo de periodistas estaban cada vez más solicitados, eran trabajadores que desempeñaban su profesión de forma autónoma para cualquiera que requiriera de sus servicios, realizando tareas determinadas del periodismo sin que ambas partes contrajeran la obligación de continuar la relación laboral cuando esta estuviera finalizada. Greta estaba segura que David Carmona tendría que saber quién era el Inspector a cargo del caso de Carrión de los Céspedes. Ese hombre parecía tener siempre cualquier tipo de información que le solicitase, y si no era el caso no tardaba apenas ni cuarenta y ocho horas en conseguírtela. —Buenas noches David, soy Greta, de la cadena CSC—. Desde el otro lado de la línea se escuchó la voz de Carmona contestando a su saludo. —Siento molestarte David, pero tengo un trabajo urgente para ti, si estás disponible en estos momentos.— A través del teléfono móvil le llegó la voz de Carmona aceptando el encargo. —¿Podrías conseguirme el nombre del Inspector a cargo de la investigación del caso de la mujer encontrada muerta hace dos días en Carrión? —de nuevo Greta escuchó la contestación afirmativa de Carmona—. Gracias —terminó de decirle Greta a modo de despedida, antes de colgar la llamada. Su relación con David era la de simple compañeros de profesión. Se habían visto de vez en cuando en las oficinas de la cadena, cuando este venía a traer información o a cobrar por la venta de su trabajo, y siempre habían sido el trato entre ambos muy cordial. Ella tenía su número porque era bueno en lo que hacía y nunca se sabía si lo podría necesitar algún día, como era el caso en ese momento. Greta soltó su móvil en la mesa, satisfecha y segura de que ahora que se había puesto a ello, pronto encontraría al hombre del coche y averiguaría si era él, el que salía en sus sueños y al que parecía añorar como si estuvieran locamente enamorada. —Ahora toca esperar la contestación de David —se dijo, levantándose del sofá y dirigiéndose al cuarto baño. Aún tenía cosas que hacer relacionadas con el trabajo de investigación, pero antes se ducharía y comería, después más tranquila, vería el documental sobre los asesinatos del , tenía mucha curiosidad de descubrir por qué sus sueños estaban relacionado con él.
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