Giovanna y Rodrigo fueron sorprendidos por los aplausos de los invitados. Y por una lluvia de pétalos que les cayó encima. —¡Felicidades! —exclamaron a los gritos los familiares de los recién casados. Enseguida padres, hermanos, tíos de la pareja se acercaron a darles su merecido abrazo, y muchas felicidades. Lulú se aproximó a sus padres, sus dedos rozaron los de Giovanna. —¿Por qué en su fiesta no hay tanta gente como la otra vez? —preguntó, sus ojitos brillaban con curiosidad. —¿En dónde están los chuckyogros? —indagó—, aunque son un poco tarados, y hablan muy gracioso, me caen bien. Giovanna la contempló con ternura, sonrió al escucharla. —No los llames con esos apodos, ellos tienen nombres —advirtió Giovanna, le acarició la mejilla—. Hoy no hay tanta gente, porque la boda s

