VALENTINA Dolía demasiado, pero yo era mucho más fuerte que todo esto. Alessandro Ferrari, no iba a derrotarme otra vez, está vez no lo permitiré... aunque por dentro me esté desmoronando. Reprimo las lágrimas que amenazan por salir, y entro por el portón enorme de la mansión Cavalli. —Señorita —dice uno de los guardaespaldas que custodian la entrada, cuando me ve pasar. Lo ignoro por completo y sigo con mi andar. Mientras tiro de la correa de mi maleta llegó a la puerta caoba para abrirla y entrar al interior del pateo fronterizo de la mansión. Todo está igual, nada ha cambiado, tampoco es como que me haya ido por tanto tiempo. —¡Mi niña! —grita Francesca, en cuanto me ve. Levanto la cabeza para ver qué se acerca —Oh pequeña, se te extraño mucho —toma de mis mejillas y me ve entre

