VALENTINA Confundida lo miro, he quedó consternada por su presentación y su respuesta. —¿Cómo? —indague, mientras negaba con la cabeza para salir del trance en el que quede segundos antes —Es usted el abuelo de mi esposo ¿no? Que tonta soy, porque hago esa pregunta si acababa de decir su nombre. Eso me recordó el hecho de porque Alessandro no uso el apellido Santoro cuando se presentó, fue para esconder su venganza hacía mi familia. El hombre mayor de queda por unos minutos más en silencio, solo contemplándome. Su mirada me daba pavor, nervios y sin articular una sola palabra. Su mirada color miel me traspasaba. —¿Señor? —dije con incertidumbre. Cómo si el llamarlo lo hubiera hecho reaccionar y salido de la abstracción. —Has tu equipaje —de repente ordena. —¿Perdón? —pregunto —¿

