Aplausos, sonrisas y falsos abrazos venían de todos lados, los presentes querían bendecir a la nueva pareja de esposos, el barón Reinols y su bella baronesa, yo solo buscaba el rostro de mi hermana, ella sonría complacida, creo que esa la recompensa a mi sacrificio.
-Estamos casados.- mencionó Andrés tomando mi mano, lo único que me quedó fue asentir mientras sonreía.-
La celebración fue en la mansión del Duque, el lugar más grande del reino, me atrevo a decir que supera al castillo de los Reyes, llevándome a preguntarme ¿quién en verdad dirige este lugar?.
Los músicos entonaban hermosos cánticos, veía a la gente bailar y beber, Alicia se pavoneaba por todo el lugar, la escuchaba decir que Bea se casaría con un Duque, yo solo observaba su espectáculo con atención.
El pasillo principal tenía docenas de pinturas, cada una de ellas mostraba a los miembros de esta familia, yo detallaba uno a uno, siempre los hombres estaban de pie y las mujeres sentadas como señal de minoría.
-Aquí estás, es hora de nuestro baile.- mencionó Andrés tomando mi mano, antes de ir quería hablar con él.-
-¿Puedo llamarlo por su nombre?-
-Elizabeth, somos muy cercanos, llámame como tú quieras.-
-Andrés.-
-Está perfecto, ¿dime qué deseas esposa?-
-Después de la boda ¿qué viene para nosotros?- pregunté
-Se hará lo que sigue, lo que la ley manda.-
-No entiendo.-
-Elizabeth sabes muy bien que lo pasará esta noche ¿verdad?-
-Lo desconozco, podría explicarme.-
-No creo que sea el momento, iremos a bailar, cuando llegue la noche yo te explicare lo que pasa cuando se hacen marido y mujer.-
-Tengo su palabra.-
-Si.- mencionó y beso mi mano.-
Pasamos al salón principal, el Rey y la Reina estaban presentes, mi padre bailaba con Bea, se veían tan felices, entonces fue donde entendí que ya no había marcha atrás, era momento de comportarme como una esposa.
El baile inició, Andrés era un excelente bailarín, por momentos bromeaba para que yo sonriera, me estaba perdiendo es sus chistes bastantes flojos, creo que debo agradecer que al menos tengo un esposo divertido y joven.
La fiesta concluyó, todo el mundo comenzó a partir a sus casas, yo me quedaría en este lugar, al menos por un tiempo, la transición del título de mi casa se haría en un par de meses así que este sería mi hogar temporal.
Las empleadas me enseñaron cuál sería mi habitación, un lugar inmenso, estaba decorado con tal sutileza que me hizo sonreír, pasé al baño, ya estaba la bañera prepara para mi.
Las mujeres tallaban mi cuerpo mientras aplicaban esencias con deliciosos olores, jamás había recibido tal atención que me sentía algo incómoda.
-El Barón ya está esperando.- mencionó una de las mujeres.-
Secaron mi cuerpo y cabello, me colocaron un camisón de seda casi transparente, sentía nervios por lo que iba a suceder.
Salí del baño, efectivamente Andrés estaba en la habitación, él observaba la luna desde la ventana, en su mano tenía un copa, supongo que contenía licor.
-Nos retiramos mi señor.- mencionaron las mujeres y abandonaron la habitación, yo seguía de pie junto a la cama.
Andres se dio la vuelta y me miró, fue desde mis pies hasta mi cabeza, la vergüenza se apoderó de mí, el camisón dejaba ver mi cuerpo por completo.
-Eres hermosa Elizabeth, no sabes el honor que siento esta noche.- mencionó besando mi cuello, él sonría complacido.-
-Me explicarás que haremos.-
-No entiendo como no lo sabes, me han dicho que lees muchos libros, ¿acaso ninguno de amor y pasión?-
-Cómo entenderá soy mujer, tenemos ciertas limitaciones entre esas libros que nos instruya o nos haga pensar.-
-¿Y la baronesa no te explico?-
-No, pero puedes decirme ahora.-
-Ven a la cama.- mencionó tomando mi mano.-
-¿Nos dormiremos?.-
-No, vamos a tener una noche de bodas, en lugar de explicarte con palabras lo haré con mis actos, necesito que te quede muy claro lo que pasa entre marido y mujer.-
La sábana blanca en mi espalda era suave, Andrés me recostó, vi como tomó más de su copa y la dejo a un lado, su ropa fue cayendo al suelo hasta quedar solo en pantalón, ahora venía por mi.
El camisón iba subiendo al igual que sus besos en mis piernas, mi piel estaba ardiendo y me castigaba mentalmente por lo que sentía.
Andrés llegó hasta mi lugar oculto y lo beso, yo solo pude sostener su cabeza, trataba de alejarlo pero él se aferró a mi intimidad.
-Andrés…- susurré
-Déjate llevar querida esposa.- mencionó y siguió con sus besos.
Una sensación extraña recorría mi cuerpo, el corazón estaba acelerado y un temblor me atacó, algo estaba sucediéndome, pero deseaba más y más.
Andrés retiró mi camisón por completo, su boca estaba ahora en mis senos, él los mordía sin llegar hacerme daño, yo clava mis uñas en sus brazos.
-¿Me detengo?- preguntó
-No…- fue mi respuesta clara.-
Lo vi ponerse de pie, la única prenda que le quedaba cayó al suelo, había visto la anatomía humana en un libro médico y sabía muy bien cómo estaba conformado un hombre, su masculinidad estaba presente, Andrés volvió a mi, abrió mis piernas con delicadeza, un poco de su saliva cayó en mi intimidad.
-Esto dolerá mientras ingresó, te juro que pasará pronto.-
Yo asentía y tragaba saliva, no sé qué iba a pasar, es más que claro que tenía miedo pero a la vez intriga.
Lentamente el dolor en mi pelvis comenzó, un ligero sonido de mi boca salió al sentir como me rompía en dos, él había ingresado por completo, era como si ahora fuéramos solo uno.
-Ya estoy adentro, ahora moveré mi cadera lentamente, solo concéntrate en mis ojos Elizabeth.-
Efectivamente inició con movimientos lentos pero profundos, yo seguía haciendo sonidos con mi boca sin poder controlarlos, el placer me estaba invadiendo, algo me decía que me estaba convirtiendo en una desvergonzada pues esto me encantaba.
-¿Te gusta?- preguntaba aumentando el ritmo.-
-Si, por favor no se detenga.- mencioné aferrándome más a su cuerpo.-
La sonrisa picarona de Andrés me cautivó, el aumento el ritmo de su cintura al punto que sentí como algo en mi interior se derramaba, sus labios contra los míos me quitaban la respiración, fue entonces cuando el gruño, ahora un líquido caliente se desbordaba de mi interior.
-Esto querida Lizza es lo que sucede cuando una pareja contrae matrimonio.- mencionó besando mi nariz para recostarse a mi lado, tenía miedo de moverme, estaba segura que había mojado la cama, al revísame noté que había sangre y otro líquido blanco espeso.-
-He manchado la cama.- mencioné avergonzada.-
-Es natural.- mencionó y se puso de pie, lo vi caminar hacia el baño sin cubrirse su cuerpo, volvió con algunas toallas y agua, con cuidado me limpio.-
-Me siento avergonzada.-
-No deberías, yo cause este desastre, a demás soy tu esposo Elizabeth, ya no sientas vergüenza, al menos no conmigo.-
Andrés volvió a recostarse en la cama, hizo que yo colocara mi cabeza en su pecho, ninguno de los dos estaba vestido, yo podía ver muy bien su masculinidad, increíble que el hombre y la mujer se conecten de esa manera.
-Entonces dices que esto es lo que se hace una vez se casan.-
-Así es esposa.-mencionó jugando con mi cabello.-
-¿Solo se hace esta noche?-
-Se hará cada que lo queramos hacer, no solo la noche de bodas.-
-¿Entonces podemos volver hacerlo?-
-Claro ¿quieres uno más?-
-Yo… Bueno si.-
-Hermosa Elizabeth me encargaré de enseñarte todo lo que sé en cuanto al placer y el sexo, serás mi mejor aprendiz.-
-¿Me aseguras que no es un pecado?-
-Por supuesto que no, todo lo que hagamos en la intimidad de nuestra habitación es permitido.-
-Entonces deseo aprender, si es posible instrúyeme en todo lo que consideres importante.- mencioné levantando mi cabeza, Andrés pasaba sus manos por mis mejillas, lo veía sonreír complacido.-
-Sabes que esposa, te daré un regalo de bodas.-
-¿Un regalo?-
-Si, he decidió que nos iremos a conocer el mundo los dos, quiero que nos alejemos de este lugar, te juro que te daré las mejores clases de tu vida, que mejor que viendo lo que la vida nos ofrece.-
-¿Hablas enserio?-
-Muy enserio, también haré algo más.-
-¿Otro regalo?-
-Muchos en realidad, te regalaré libros prohibidos para mujeres, aprenderás todo lo que dicen esas páginas, solo te pediré algo a cambio.-
-Lo que pidas lo haré.-
-Todo lo que aprendas me lo enseñarás a mí, practicarás cada conocimiento con mi cuerpo; ¿aceptas?-
-¡Si!- mencioné y lo bese, Andrés me dio la vuelta quedando sobre mi, de nuevo habíamos iniciado esa bella danza de los esposos, hoy había descubierto que mi matrimonio no sería malo, había conseguido un buen esposo.
“Iré a conocer el mundo, sé que mi deseo era hacerlo por mi cuenta pero puedo soportar un compañero de viaje, Andrés es alguien que me enseñará todo lo que hay para mí, lo minino que puedo hacer por el, es darle mi lealtad y disposición.”