Apenas me subo al auto, busco el contacto de Lupita y decido llamarla. - ¿Hola? – sonrío. - Hola cariño – saludo. - Hola – su voz era más suave que hace unos segundos. - ¿Cómo estás? – pregunto. - Bien, un poco cansada de arreglar la casa – responde - ¿y tú? – pregunta. - Bien, estoy agotado. Apenas estoy saliendo del trabajo, iré a mi casa a darme una ducha y descansar un poco. ¿Está bien? – le explico. - Sí, come algo si no lo has hecho y descansa. Nos veremos después – no sé por qué, pero sentía que ella estaba haciendo un puchero. - ¿Te gustaría cenar conmigo en un restaurante elegante esta noche? – le pregunto. - ¿Una cita? – pregunta. - Si, una cita – respondí. - De acuerdo – se escuchaba alegre. - Haré la reservación para las ocho, pasaré por ti luego – informo

