Cuando habían acordado las reglas, María no había dicho nada con respecto a tocarse -y no pensaba preguntarle- así que supuso que de este modo apaciguaría un poco las ganas, pero no parecía funcionar. Su compañero no quería colaborar, estaba ahí, de pie, indómito, combativo… enojado con él. ¡Venga! Que ya no era un crío… Ya se las apañaría. Las siguientes horas los dos se evitaron y ninguno hizo preguntas. Hasta que llegó la hora de reunirse en la sala. Eran como las 5 de la tarde. Se sentaron en el sofá. Antonio tenía una camisa blanca, una pantaloneta azul oscuro y calcetines grises. María tenía una blusa de tirantes azul cielo, un short azul eléctrico estampado con flores violeta y calcetines azul cielo. Ella fue la primera en sacar un papelito del sombrero: Lectura, decía. -Tú pri

