- No lo sé. Respondió ella. Quizás es un poco de ansiedad por el viaje. Antonio se acomodó a un lado y la abrazó. - Tienes unas orejas muy lindas. Dijo después de un breve silencio. - ¿Qué? Preguntó María sorprendida, con una sonrisa en los labios. -Sí, son perfectas. Es difícil conseguir unas orejas tan perfectas. María rio. - ¡Vaya! Sí que te gustan mis orejas - Sí, son en verdad bellas. Respondió Antonio. - Y ¿Solo te gustan mis orejas? - Y un par de cosas más. Dijo él. - ¿Cómo cuáles? Insistió ella. - ¿Quieres que las señale con mis dedos? Propuso él. Ella asintió con la cabeza. Antonio se incorporó permaneciendo a un costado y sin dejar de mirarla esbozó con los dedos pequeñas caricias según iba mencionado las partes de su cuerpo. - Definitivamente me gusta esta melena.

