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Trozos de Cristal [libro 2 - Saga Cristal]

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asesinato
oscuro
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drama
tragedia
sin pareja
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Descripción

El tiempo pasa, las heridas sanan a pesar de las cicatrices, pero estas están allí para recordarte lo que hiciste o lo que te han hecho. Sin embargo, el pasado deja de atormentar a Boneka, la deja pensar y darse cuenta de lo mucho que realmente quiere y necesita a Seth.

Quiere ser feliz, poner su vida en movimiento, salir adelante, superar lo que ha vivido y lo va logrando, pero justo cuando cree que todo ha cambiado ocurre algo inesperado: un apagón en la Casa Blanca.

Lo que encuentran después amenaza con devastar a Boneka, pero no es la misma chica que se dejó inundar por el miedo una vez, es una chica muy inteligente, y además de eso, una sobreviviente, si algo aprendió es que no debe dejarse estancar no de nuevo.

Esta vez, ella va a luchar, aunque eso no agrade a Seth o a su padre.

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Prólogo
Washington, D.C. 26 de Enero, 2018   Seth observaba a Boneka sin ser capaz de despegar los ojos de ella ni un solo momento. Un mes y una semana había pasado desde que le habían inducido el coma y cada día que pasaba era como darle una vuelta más a un tornillo en su cien. Anhelaba verla despierta, necesitaba escucharla, estaba cansado de ser el único activo en la conversación, la imaginaba contándole cosas acerca de ella, lo que la hacía feliz, las cosas que le gustaba hacer cuando tenía tiempo libre o que le hablara acerca de las canciones que le habían parecido únicas. Quería saber más de ella. Se inclinó hacia adelante reposando los codos en sus rodillas y quedando un poco más cerca de Boneka. Su rostro le parecía la cosa más perfecta que había visto jamás, a pesar de lo pálida que se veía y las manchas alrededor de sus ojos, seguía viéndose hermosa para él. A esas alturas, Seth sentía que ya conocía cada parte del rostro de la pequeña chica que había traído sus sentimientos del baúl del olvido. Boneka tenía pequeñas pecas en la nariz y las mejillas, pero eran opacas, se podían ver claramente en ese momento por lo pálida que estaba, según recordaba, se notaban unos días más que otros. También tenía una cicatriz pequeña, una recta de al menos un centímetro en el lado izquierdo de su rostro, específicamente, comenzando la línea de su barbilla; se preguntaba dónde o cómo la había obtenido. Más allá de ello, en su clavícula, Boneka tenía una cicatriz de una quemada, sin duda. La puerta se abrió sin previo aviso, o quizás sí hubo, pero no lo notó hasta que fue muy tarde. Miró a quién entraba y de inmediato tuvo que colocarse de pie. —Señor Presidente. —Hola, Seth — respondió avanzando hasta él —. ¿Te ha hablado mucho hoy? La voz del presidente le indicaba lo nostálgico que debía de sentirse, eso, sus hombros levemente caídos y su sonrisa melancólica. Seth asintió. —Sí, hoy no ha parado de hablar, me siento aturdido — bromeó de nuevo observando a la chica. Su cabello estaba recogido en una trenza que Linav había hecho, como siempre solía hacerlo. Esta vez le había colocado un listón azul cielo. —Lo sé, me encanta cuando cuenta tantas cosas que ni sabías que podían haber ocurrido o existido — respondió colocando una mano en el hombro de Seth —. Sabes que puedes ir a descansar, soldado. Ella está a salvo aquí. Seth le miró sorprendido, de alguna manera, aún le seguía pareciendo algo difícil de creer que el presidente de los Estados Unidos le tratara tan amablemente y de forma cercana. —Lo sé, Señor presidente. Pero con el debido respeto, ya le he dicho que no siento la necesidad de hacerlo — habló suave y cuidadosamente—. Sin embargo, saldré con todo gusto para que pueda estar a solas con ella. Regalándole una leve sonrisa, Seth caminó pasando detrás del presidente para ir hacia la puerta. —No, Seth, espera — lo detuvo antes que pudiera avanzar más de un metro. —Sí, a su orden, señor presidente — respondió de inmediato girándose y colocándose derecho ante él. Este hizo una mueca de desaprobación al tiempo en que negaba con la cabeza. —Ya te he dicho que no es necesario tanto formalismo — expuso para luego acercarse más a Boneka —. Hola, princesa, aquí estoy — saludó para luego depositar un beso en su frente. —Sí, Señor, le pido disculpas, es que debe entender que aún se me dificulta acostumbrarme a la idea de no ser tan formal con usted — explicó quizás más rápido de lo que debía. Es que la verdad, aparte de que fuese el Presidente de la nación, era el padre de la chica que lo llevaba loco, que le gustaba más de lo que podía controlar o imaginar y a la que había besado una vez. —Bueno, Seth, puedes sentarte, hoy quiero hablar contigo — indicó sentándose en la silla que antes ocupó Seth y señalándole la que estaba al otro lado de la cama. No pudo evitar sentir un escalofrío en la nuca, que el padre de quién querría fuese su chica le dijese que quería hablar con él, no era necesariamente esperanzador. —Sí, señor, desde luego. Caminó intentando calmarse y se sentó en el lugar indicado, viendo cómo el presidente tomaba la mano de su hija y la observaba con atención. —Ya te he dicho que estoy agradecido contigo y lo mucho que me asombra tu preocupación por mi hija— su tono era tranquilo y apacible —, y hoy lo afirmo una vez más. —Señor, no hay... —Nada que agradecer, lo has dicho — concluyó él mirándole —. Pero sigo insistiendo, al igual que Julie y Lucas, que tampoco han parado de decir lo mismo y de estar de acuerdo conmigo en una cosa. No estaba muy seguro del por qué, pero su corazón latía con fuerza cómo anticipando una caída de un avión. —¿En qué cosa, Señor? —En que eres alguien de confiar. El presidente asintió y sonrió para luego mirar a Boneka y sostener su mano en alto. —Sé que Denalio le ha hecho daño a Boneka, y tú también lo sabes, más psicológico que físico, aunque no soporto la idea de que él le haya quitado la oportunidad de tener hijos —la voz del presidente se quebró al final. Eso lo había tomado por sorpresa, fue como un balde de agua fría lanzado a su espalda. —¿Qué? ¿Cómo es posible? —No quisiera entrar en detalles justo ahora, pero era una de las cosas que quería comentarte y que quizás luego podrás conocer más a detalle — explicó intentando contener las lágrimas y confundiendo a Seth un poco. —Disculpe, ¿qué? El presidente tomó una respiración profunda, e inclinó la cabeza. —Lamento confundirte, es solo que estar aquí con Boneka así no deja de ser abrumador. —Le comprendo totalmente, Señor. Se sorprendió a sí mismo de que lo había dicho en voz alta, así que fue consciente del ardor en su rostro. —Sí, bueno, a lo que quiero llegar es ...— respiró profundo y luego miró a Seth —... Boneka tendrá muchas cosas que sanar, no solo físicas, sino emocionales y psicológicas, como tú bien sabes por casos así. Cuando despierte tendrá muchas batallas que librar aún, lo cual siento que será muy pronto. —Sí, señor, así es — respondió inclinándose hacia adelante para estar más cerca de Boneka, pero sin tocarla en lo absoluto —. Sin embargo, ambos sabemos que su hija es fuerte y podrá con todo eso. Él asintió y respiró profundo de nuevo, pero a pesar de que intentaba no llorar, una lágrima se escapó por su mejilla mirando a su hija. —Lo sé, pero no debería tener por qué ser así de fuerte a su edad. Otra cosa en la que ambos estaban totalmente de acuerdo. —A pesar de que lo sea, Boneka necesitará ayuda, necesitará estar rodeada de personas fuertes, dispuestas a tolerarla, a ser pacientes y que no le dejen sola ni un instante. Y que además de ello, estén capacitadas para ofrecerle ayuda en lo que sea necesario. De nuevo, una presión surgió en su pecho. Algo venía. —No puedo confiarle a Boneka a muchas personas, no después de saber quiénes han sido capaz de traicionarnos —El presidente secó las lágrimas derramadas, se puso derecho y observó a Seth —. Es por ello que, en acuerdo con su verdadera madre, Julie, y su hermano Lucas, quiero pedirle que se una al Servicio Secreto como guardaespaldas de mi hija. Hubo un momento de total silencio. Seth se sentía abrumado, más que de costumbre en el último mes. El mismísimo Presidente de los Estados Unidos de América, le estaba ofreciendo un puesto en el Servicio Secreto como protector de su hija. Era un completo honor. Desvió su mirada a Boneka, en lo frágil que se veía, en lo hermosa que era y en todo lo que sentía por ella, así que, recordando cada instante que vivió junto a la pequeña chica, Seth tenía clara su respuesta. Observó al Presidente, quién esperaba expectante, se colocó derecho, tomó aire y luego habló: —Es un verdadero honor, Señor Presidente. Sería un placer para mí servirle en esa posición. —Le agradezco... —Pero me temo que tendré que decirle que no — le interrumpió de inmediato. El presidente no fue capaz de contener su sorpresa. —Discúlpame, Seth, pero quisiera una razón. Evadió su mirada fijándose en la puerta de la habitación. —Es que no puedo hacerlo, no estoy en condiciones. La verdad no encontraba las palabras exactas, estaba nervioso hasta lo sumo. —Necesito que seas más específico, ¿por qué rechazar una oportunidad así? Eres joven, tienes un gran recorrido, esto sería más que bueno para ti. Seth asintió varias veces, respiró profundo una vez más y finalmente se armó de valor para mirar al presidente a los ojos. —Lo sé, pero no puedo aceptar su oferta porque la razón por la que no estoy en condiciones para hacerlo, es porque tengo sentimientos hacia su hija. La expresión del rostro del hombre frente a él no cambió, aunque lo hubiese preferido. —¿Qué clase de sentimientos? ¿Pero qué clase de pregunta era esa? Seth no lo pensó, si en algo no era bueno, era en mentir. —Estoy enamorado de ella, señor presidente. Ahora sí que se puso serio, lo observó fijamente durante unos instantes, luego miró a Boneka y finalmente suspiró. —Que un joven te diga que está enamorado de tu hija sigue causando un choque cerebral a pesar de que sea algo que ya sepas.  Para Seth fue como si le hubiesen dado un golpe en la boca del estómago. —¿Disculpe? —¿Crees que no lo había notado? — se rio levemente — Vienes todos los días, no te despegas de aquí ni un segundo, no tengo este cargo por ser tonto, sabía que no podías estar tan preocupado por ella por el simple hecho de haber sido su protector en toda la travesía. No sabía qué decir exactamente, se sentía apenado pero aliviado a la vez. —Además, no te habría permitido estar aquí todo este tiempo, de no ser por Julie y Lucas, esos dos sí que han quedado de tu lado —volvió a reír, Seth sonrió ante eso —. Finalmente, me han explicado acerca de tu vínculo con mi hija. —Aun así, sabiendo todo eso, usted ha querido confiarme la protección de su hija. ¿Por qué? La respiración de Seth estaba tan agitada cómo si hubiese corrido kilómetros y kilómetros. La situación era similar. —No quiero que Boneka sufra más de lo que ya lo ha hecho y de lo que va a tener que hacerlo. Quiero que sea capaz de superar todo confiando también en alguien que no sea su familia, para que no cierre su corazón o desarrolle alguna especie de fobia. Ella confía en ti, tú lograbas calmarla cuando lo necesitaba y aunque desconozco lo que ella pueda sentir hacia ti, ya con eso tengo una idea muy clara al respecto. El Presidente se colocó de pie y él le siguió. —Seth, eres un joven que ha demostrado tener la capacidad de, no solo cuidarla, sino también de hacerla sentir cómoda y protegida, pues sé que eso fue lo que te ayudó a calmarla. Eres maduro, un profesional en diferentes aspectos. Te ganaste mi confianza y la de los míos. Sé que vas a hacer un gran trabajo. —Es realmente un honor para mí y claro que me gustaría aceptar, pero no puedo asegurarle que mis sentimientos desaparecerán, ni voy a decirle que no quiero tratarla de acuerdo a estos. Seth agachó su cabeza realmente avergonzado, apenado, no esperó tener que sincerarse con el padre de la chica, no fue algo para lo que se preparó... aunque era difícil prepararse para ello de igual forma. —Si prometes respetarla y mantenerme informado acerca de si tu relación con ella cambia, no implicará un problema para el presidente, y si el presidente no tiene problema con eso, el servicio secreto tampoco debería tenerlo. El hombre se acercó a Seth y colocó ambas manos sobre sus hombros, haciendo que lo mirase de nuevo. —Si te soy sincero, no quiero confiarle mi hija a nadie más que a alguien que pueda asegurarme que podría dar su vida antes de traicionarla y a la vez, que haga que ella no sienta la necesidad de huir de nuevo dejando a su guardaespaldas atrás, eso solo me indicó que no confiaba plenamente en este —habló tan serio que lo impactó—. Así que, cuando un hombre está verdaderamente enamorado, su única debilidad es la mujer a quien ama. Así que, quiero que la única razón por la que no aceptes este trabajo sea porque no creas sentir algo verdadero hacia ella. No había titubeos en su hablar, no estaba jugando con él, era un hombre, un padre, desesperado por encontrar a alguien que pudiese proteger a su hija como él lo haría. Confiar un tesoro así, alguien a quien amaba tanto, a otra persona, requería de valentía y fuerza y lo admiraba por eso. Seth sabía lo que sentía, a pesar de los pocos meses conociéndola, sabía que, en ese tipo de cosas, no importaba el tiempo, no se trataba de eso en lo absoluto. —Será un honor para mí servirle a usted y a mi país en esta posición, Señor Presidente. Él asintió, lo miró directo a los ojos y sin soltar aún sus hombros dijo: —Sé siempre honesto conmigo como lo has sido hoy, te estoy confiando a mi hija, no me decepciones. ¿Me has entendido? Ya lo había aterrado. —Sí, Señor. —Quiero que lo digas tú mismo. En ese momento, no había espacio para flaquear, debía demostrar la seguridad que realmente tenía. —Siempre seré honesto con usted, no voy a decepcionarlo. El presidente se quedó mirándolo a los ojos analizándolo, escudriñando por si intentaba engañarlo. Pero como Seth no tenía intenciones de hacerlo, el padre de la chica asintió y se alejó unos pasos de él. —Bienvenido a bordo — afirmó sin dejar su expresión dura. —Gracias, Señor — inclinó un poco su cabeza, miró a Boneka una vez más y luego retomó su camino hacia la puerta. —Por cierto —Seth se giró de inmediato —, otra de las razones por las que he aceptado que seas su guardaespaldas a pesar de tus sentimientos, es Julie. No querrás decepcionarla a ella tampoco. —No lo haré, Señor. —Demuéstralo — dijo para luego sentarse y mirar a su hija. —Sí, señor. —Seth, por favor, toma asiento de nuevo, aún no he terminado —La forma en la que lo miró hizo que apareciera una mayor inquietud en Seth. Caminó inmediatamente y se sentó a la expectativa de lo que diría a continuación. —Para mí, a partir de este momento eres su guardaespaldas, a pesar de que el Servicio Secreto luego te prepare adecuadamente y pasarán unos días para ello— afirmó mirándolo serio. El presidente sostenía de nuevo la mano de Boneka como si de esa forma fuese a evitar que algo malo volviese a suceder, como queriendo poner todo su empeño en ese gesto. Seth solo asintió. —Hay algo muy importante que debes saber, la razón principal por la que te quiero a ti al lado de Boneka en todo momento— ahora bajó el tono de voz y se inclinó en su dirección —. Denalio no está muerto. No sabía exactamente qué sentir al respecto o qué pensar. —Pero, señor, han dicho que murió incinerado en el observatorio —estaba abrumado y sorprendido. Él negó con una mueca de asco en su rostro. —No encontraron sus restos, Seth— informó inquieto —. No hay forma en que se hayan vuelto ceniza en tan poco tiempo, al menos que estuviese montado sobre la bomba que detonó y aun así. Seth entendió que no era algo oficial, parecía una hipótesis del presidente. —Denalio es un hombre muy inteligente, Seth, nada más mira todo lo que hizo sin que nadie sospechara nada — señaló a Boneka con enojo —. Yo no me voy a creer que está muerto hasta que vea sus restos, así que quiero que tú creas lo mismo que yo. Hubo un silencio en el que Seth analizó todo rápidamente, volviendo a aquel día y a los que le siguieron, cada cosa parecía encajar de forma diferente. La explosión solo había sido su distracción. —Definitivamente está vivo, Señor Presidente. Los ojos del hombre se llenaron de lágrimas y el rostro se le contrajo de frustración y enojo. —Va a volver por mi hija — su voz se quebró —. Está ahí afuera planeando regresar por ella, Seth. Un nudo apareció en la garganta de Seth ante la actitud aterrorizada del Presidente, y no podía culparlo experimentaba la misma sensación. —Lo hará, señor — dijo Seth enojado, este lo miró atormentado —. Denalio volverá por Boneka, no puedo decirle lo contrario. Vio al presidente asentir al tiempo en el que dejaba las lágrimas salir. —Pero no podrá llevársela, porque esta vez, lo estaremos esperando— dijo con total firmeza. —Debes estar atento en todo momento, no bajar la guardia —indicó secándose las lágrimas —. Aunque quieran decirme que no tenemos de qué preocuparnos, lo haremos, aunque quieran decir que Boneka está segura, no lo creeremos, seremos paranoicos, no confiaremos en nadie —habló con fiereza —. Porque en cualquier momento, él va a venir, no sé si será en dos días o dos años, pero quiero que el día en que lo haga, sea el día en el que lamente haber nacido. ¿Me comprendes? Seth asintió seguro. —Ni una gota de sangre quedará en el cuerpo de Denalio Jules, el día que crea que ha llegado a Boneka —espetó cómo la mayor promesa que había hecho en su vida. —Hay otra misión pendiente — añadió el presidente —, de la cual no diremos nada a Lucas hasta el momento exacto. Simplemente lo supo. —Recuperar a Paris —afirmó Seth. —Esperaremos su señal, porque definitivamente ella también está viva.

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