El dolor era intolerable. Boneka se despertó de golpe con ese único pensamiento en su cabeza. Sus piernas dolían a tal punto que se había despertado, el malestar se extendía por sus muslos y subía hasta su espalda baja. Sollozó inmediatamente, e intentó sentarse, sin embargo, la acción parecía terriblemente imposible. Cerró sus ojos y respiró profundo para apaciguar el dolor, pero no ayudó en lo absoluto. Quería que parara, sentía como si estuviesen golpeando repetidas veces sus muslos con un martillo. Detestaba que aquello siguiese ocurriéndole sin poder evitarlo, pero más detestaba pensar en el hecho de que le colocaran un calmante. No quería que la inyectaran, definitivamente aquello le parecía peor. Fue por eso que Boneka tomó fuerzas de donde no sabía que tenía, y se deslizó hac

