No se sentía vacía, porque quien llenaba todo era Cristo y más que nunca a eso debía aferrarse, a su fe. Sin embargo, seguía siendo humana y sus manos temblaban mientras sostenía la taza de chocolate caliente, no había conseguido dominar sus emociones al cien por ciento, así que confiaba en que eso no estaba mal, pronto lo superaría. Agradecía que Seth no la había dejado esa noche, la había acompañado en aquel sillón pues ninguno podía dormir, Seth preocupado por ella, y ella por no parar de llorar, calmarse un poco y repetir. No obstante, él había tenido que salir temprano para continuar con algunos detalles y regresar con Lucas. Todo lo que deseaba era que llegasen ambos, los quería y necesitaba cerca. Aunque no estaba sola, Linav no se había apartado de su

