Moriña se asomó por la ventana del lugar daba al parque, un gran árbol evitaba que la vista fuera completa, sin embargo, la brisa que entraba por las tardes y la forma que evitaba que el sol diera completamente en las mañanas, era un beneficio mayor que poder observar toda la extensión de la plaza principal. Diego giró para quedar frente a la estancia que tantas veces escuchó sus risas, la música de procedente del viejo equipo de sonido, fichas de dominó golpeando sobre la mesa de centro y el aroma a café de la mañana que tomaba su abuelo mientras saludaba a los transeúntes. Ahora eso era un recuerdo que producía la sensación de tristeza y soledad, dejándole claro que no hay forma de regresar al pasado y que ellos ya no estaban allí. Continuó abriendo las ventanas de las habitaciones de

