PROGRESO Mario fue fiel a su palabra. Una semana más tarde, llamó por teléfono para decirme que el andamio había llegado a la obra. Aproveché la ocasión para darle las gracias y transmitirle mi reconocimiento por sus esfuerzos. Charlamos brevemente sobre el tiempo y le aseguré que me mantendría alejada y no interferiría en la construcción. Me dijo que sería más que bienvenida a visitarla cuando quisiera. No había ni rastro del Mario hostil y obstruccionista que había conocido al principio. Nuestra relación cambió al día siguiente de ir a Tuineje a visitar el ayuntamiento, cuando me envió la factura de la restauración del granero y, al ver que había optado por cobrarme la mitad del precio por las maderas del tejado que había adquirido de otro trabajo, pagué la factura sin chistar. Luego m

