TUINEJE El amanecer hizo acto de presencia a través de las persianas. Decidiendo que no tenía sentido permanecer en posición horizontal a pesar de la hora temprana, me levanté de la cama, rígida desde el día anterior. Apenas había dormido. En mi mente, repitiéndose, estaba la imagen del muro cayendo. ¿Cuánto muro había perdido? No lo sabía. Puede que sólo fuera un metro cuadrado, pero en la oscuridad ese cuadrado se multiplicó por diez hasta que quedó enterrado bajo un gran montón de rocas y escombros. Me duché, me vestí y tomé un sencillo desayuno de fruta y tostadas. En el momento en que fue decente hacerlo, llamé por teléfono a Mario. Esperaba que no fuera religioso, porque era domingo. Contestó al tercer timbre. Intenté mantener un tono de voz comedido mientras le explicaba el colap

