LA OBRA A la mañana siguiente, abrí la puerta de mi departamento con inquietud y descubrí que la piedra estaba donde la había dejado. Aliviada, salí al fresco de la mañana y llamé a la puerta de Dolores. Se sorprendió al verme y tardó un momento en reconocer mi cara. Le pregunté si había estado en mi casa, o si había visto o sabía de alguien, que lo hubiera hecho. No mencioné la piedra, pero le dije que creía que había tenido un intruso, dos veces. Me dijo que no tenía ninguna llave de repuesto y que no había visto entrar a nadie. Me dijo que me pusiera en contacto con el agente, que preguntaría al propietario, que vivía en Gran Canaria. Se mostró desconcertada, negó con la cabeza y mencionó a la policía. Le agradecí las molestias y le pedí que estuviera atenta. Me dijo que lo haría, le d

