ESCALADA Conduje hasta Puerto del Rosario con Blur sonando a todo volumen por los altavoces del coche, negándome a ceder a los pensamientos sobre la familia Baraso y los horrores que habían tenido lugar en mi casa. En la lavandería de la Avenida Juan de Bethencourt, me senté a esperar el ciclo de lavado y luego el de secado. Podría haber subido a la calle o cruzado para ir a la cafetería de enfrente a tomar un café, pero en lugar de eso, me sintonicé con el zumbido constante de las máquinas, el fuerte olor a detergente y el ambiente industrial iluminado. Me perdí en una tienda llena de electrodomésticos. La normalidad, la domesticidad y la humanidad básica de lavar la ropa tenían algo que me tranquilizaba. Cualquier cosa, con tal de no tener que pensar en las divulgaciones de Gloria. Con

