La seriedad en los ojos de Trevor no era algo que lo mantuviera tranquilo en lo absoluto. Sabía que el sangre de lobo era uno de los mejores y que nunca le mentiría en nada, y había sido por ello que había sido elegido el alfa suplente hasta que se decidiera quien ocuparía el puesto que había ocupado su padre hacía poco tiempo, porque a pesar de que por líneas generales eran los hijos de los alfas los que tomaban el puesto de su padre, él sabía perfectamente que no podría hacerlo. No habiendo sido definido como hembra y menos aún, con un híbrido creciendo en su vientre. –¿Qué sucedió? –preguntó entonces cortando aquel silencio que lo estaba volviendo loco y que hasta ya resultaba incómodo e irritante. Trevor suspiró del otro lado del escritorio y dejó caer los hombros rendido, tirándose

