No le fue para nada difícil localizarlos, pues el pueblo vecino no era lo suficientemente grande como para perder un rastro, ni aquellos lobos parecían lo suficientemente inteligentes como para ocultarse luego de lo que habían hecho y por ello lo pagarían caro. El olor más intenso que había olido en Wes le llegó con la leve brisa que había y aquello le dejó en claro de quien se trataba. Aquel, en medio de los otros cinco que lo rodeaban, era el alfa de la manada que dejaría de existir en aquel preciso momento. Los hombres lobo lo olieron y miraron en su dirección. El alfa rio y se enderezó, pues había estado con uno de sus pies apoyados en el cantero del gran árbol central de la plaza principal mientras que sus compañeros habían estado sentados, y lo encaró. –¿Qué hace un chupasangre

