No había logrado pegar ojo en toda la noche, no sabiendo que Wesley seguía por allí sin saber siquiera dónde se encontraba y no se sintió para nada relajado cuando lo vio llegar abrazándose a sí mismo. Corrió entonces a la puerta principal a recibirlo y este al abrir la puerta de la casa mantuvo la cabeza gacha. –¿Wes? –lo llamó e intentó tocarlo, pero este se negó y dio un paso hacia atrás, sin dejar de abrazarse y temblar levemente. Vlad vio el estado en el que se encontraba, completamente mojado, con la ropa toda sucia de tierra mojada y césped y el olor que emanaba dejaba en claro que no había tenido una buena noche y no solo por ello. Sintió una rabia crecer dentro de él al oler a otros lobos en el cuerpo de Wes. –¿Qué sucedió? –preguntó, pero Wes se negó a contestarle y con un

