Cuando abrió los ojos no se sorprendió de encontrarse otro día más en un lugar distinto, ya parecía siquiera importarle con todo lo que había estado sucediendo en su vida desde hacía poco tiempo, pero que, para él, era una eternidad. ¿Cuándo terminaría todo aquello? ¿Cuándo podría sentir que podría respirar en paz? Pero la respuesta le llegó como una realidad demasiado fría y cruda. Nunca lo haría, no mientras él siguiera siendo un sangre de lobo y su pareja un vampiro, no mientras él llevara en su vientre una unión que nunca había tenido que darse. Sabía que el niño que llevaba dentro los había condenado. Y vaya que lo había hecho, pero con el paso del tiempo, había logrado encariñarse con él, incluso, fuera de la vista de todos, había veces que le hablaba, o mejor dicho, le hablaba a

