Lo cierto es que no nos dimos cuenta cuando quedamos dormidos uno al lado del otro en su habitación hasta que bueno paso algo. No algo si no alguien. ─Amor, abre la puerta deje las llaves dentro del departamento ─se escuchó en el intercomunicador de su mesita de noche. Abrí mis ojos y empecé a buscar en la habitación de donde provenía esa voz, pero estaba tan dormida que ni siquiera había conectado esas dos neuronas de mi cerebro que usaba día a día para crear caos, cumplir deberes y ser yo misma. ─¿Que es eso? ─pregunté pasando las manos por mi rostro y en ese momento me di cuenta de que su cabeza estaba en mi estómago. ─Román ─lo llamé. ─Amor ¿estas dormido? ─ahora sí pude identificar la voz y era la voz de Amelie en el intercomunicador. Mierda, mierda, mierda. ─Román, Amelie esta

