Por fin había llegado el gran sábado en donde después de tanto tiempo saldría de mi departamento para bailar todo lo posible esta noche y aunque una parte de mí se sentía un poco cohibida ante el hecho de estar rodeada de personas y tener alcohol en mis venas sé que de eso no podría salir nada bueno ya que nunca me había gustado ingerir tanto alcohol.
Todavía recordaba como si fuera ayer cuando en mi último año asistí a una de esas magníficas fiestas de fraternidad gracias a la que era en ese entonces mi mejor amiga. Todo parecía ir bien al inicio, pero lo que no sabía era de que todo se trataba de una vil forma de hacerme sentir mal ya que al estar ebria cometí muchas locuras y entre ellas fue subirme a una mesa y literalmente quedar desnuda frente a todos.
Desde esa noche me prometí que no iba a beber como una loca o en conclusión que no haría cosas solo para impresionar a las personas y entrar a un círculo social en donde no era bienvenida.
Solté un suspiro y me observé frente al espejo tratando de dejar mis pensamientos de lado ya que en realidad el miedo estaba latente dentro de mí.
No quería cometer otro error en mi vida.
Casi veinticinco minutos después ya estaba lista en mi habitación esperando el mensaje de Hazel para ir a la discoteca.
Me dispuse por un vestido en color n***o manga larga y unos tacones en rojo, mis labios de color rojo y mi cabello rubio hacía ver mi atuendo de maravilla.
─Está noche dejaras de pensar en las cosas malas que pasaron en tu vida y empezarás a vivirla Heaven ─dije a mi misma en el espejo con una sonrisa genuina que en realidad era de victoria y triunfo.
Mi teléfono vibro y vi el mensaje de Hazel así que salí de mi apartamento con mi bolso de mano, llegué al ascensor y un chico de unos treinta años no dejaba de ver mi cuerpo por el espejo del ascensor lo cual me estaba poniendo nerviosa.
Observé mi vestido en el espejo y en realidad si estaba demasiado corto.
Quizás sería buena idea cambiar de atuendo tendría problemas con los chicos ebrios en ese lugar.
Al salir del ascensor fui hasta el auto de Hazel y vi el vestido de ella el triple de corto que el mío.
─Por dios yo estoy pensando en cambiar mi vestido y tú estás prácticamente desnuda ─solté viendo su vestido amarillo súper más corto que el mío.
─Tengo que celebrar y tú también,así que no cambiarás ningún vestido y hoy nos embriagaremos ─dijo entrando a su auto, la seguí y entré a esté.
Al estar dentro de su Auto Hazel se dispuso en conducir y yo solo observé la ciudad mediante la ventanilla.
Casi media hora después nos encontrábamos frente a una gran discoteca que en realidad desde afuera parecía ser una mansión. Hazel estacionó el auto y antes de salir del auto se giró a mí.
─Vamos a hacer un juramento, lo que pasé hoy se quedará en ese lugar, vamos a dejar la cara de niñas trabajadoras en este aparcamiento y seremos unas chicas rebeldes, salvajes y dispuestas a todo ─dijo y yo solté una carcajada
─Oh mi dios, ¿que estás tratando de decirme con eso?
─pregunté.
─Que vamos a ser unas chicas locas ─contestó.
─Nunca he sido una chica loca ─mentí.
─Yo tampoco, pero con unos buenos tragos eso cambiará ─dijo riendo y asentí.
¿Chicas locas? Eso no es nada comparado a lo que pasó dentro de esa discoteca, pero el juramento dice lo que pasa en ese lugar se quedará en ese lugar. Aunque él no se quedó en ese lugar, él me acompañó hasta lo último.
Así es ya conoceras a mi segundo príncipe azul, aunque yo no lo llamaría príncipe azul ya que él no tiene nada de tierno y buen chico.
Llegamos al lugar y estaba repleto de autos, chicas con minúsculos vestidos, chicos muy guapos. La verdad sólo una vez fui a una discoteca con mi ex novio y sus amigos y no era nada comparado a este lugar.
─¿Estas lista cielito lindo? ─preguntó Hazel con una sonrisa.
─Lista capitana ─contesté haciendo un movimiento de militar.
Salimos del auto y caminamos hasta la entrada, el seguridad nos colocó unos cintillos en la mano y entramos al lugar. Las luces me aturdieron de inmediato, vi chicos en la pista de baile, chicas bebiendo como locas.
─El área VIP esta repleta ─exclamó Hazel.
Dirigí mi mirada al segundo piso y vaya que era una locura estaba muy llena.
─Bueno amiga, es nuestro momento para empezar tomaremos vodka sour de cereza luego otras cosas ─soltó.
Caminamos hasta el bar y Hazel pidió dos tragos, la música sonaba más fuerte y comencé a mover mi cabeza al ritmo de la música, dos minutos después Hazel me tendió un trago, lo tomé dándole una probada y estaba riquísimo.
─Me gusta ─dije gritando cerca de su oído.
─Si lo tomamos como agua nos hará efecto en una hora prácticamente, es dulce por lo que nos dañará más rápido ¿Estás dispuesta a salir de aquí en brazos de algún seguridad? ─preguntó.
─Lo que pasa aquí se queda aquí ─contesté con el juramento y ella asintió con una sonrisa.
Ese fue un error muy grave y ahora maldigo cometerlo.
Media hora después Hazel se encontraba moviendo sus caderas en el lugar que estabamos sentadas, dos chicos nos miraban desde su posición y a decir verdad no soy quién para juzgar pero estaban horribles.
Tomé otro vaso ya con esté eran siete que tenía en la mesa, mientras que Hazel llevaba seis.
─Vamos a bailar ─dijo Hazel tomando mi mano, al levantarme trastabillé.
En ese momento me di cuenta que estaba más de allá que de acá, solté una carcajada al pensar en que iba a caerme de trasero frente a muchas personas en una discoteca.
Llegamos a una esquina dónde se encontraba la pista de baile, seguí los movimientos de Hazel, pasando mis manos por mi cabello y bajando hasta mi estómago cuando dirigí mi mirada al área VIP, se encontraba un chico con sus ojos puestos en mí desde una barandilla llevó su trago a sus labios, lo levantó en forma de saludo y me sonrió.
Yo también hice lo mismo.
Mi segundo error en la noche, ese chico me convirtió en otra persona.