Jacob Maslow.
Peython, Peython, Peython..
Ese nombre ha estado rondando mi cabeza todo el fin de semana.
¿Cómo es posible eso? Apenas la vi una vez y ni siquiera puedo dejar se pensarla. Es como si me hubiese hechizado de una u otra forma.
Y sé que dije que ella se convertiría en una de mis prioridades, pero... Es algo tan ilógico, sin sentido.
Quizás solo me conmovió su caso en especial, y por eso pensé lo que pensé. Tal vez mi lado empático salió a flote, luego de muchos años de profesión.
O posiblemente cuando la vuelva a ver esos pensamientos vuelvan a mi y allí a lo mejor sabré que estoy perdido..
Mierda, ni siquiera quiero pensarlo desde ese punto de vista.
En fin, decido despabilarme y seguir mi camino, voy hacia una barbería para que me arreglen un poco. Creo que me he descuidado estos últimos meses y necesito verme bien, sentirme bien.
Justo que conociste a Peython, vaya coincidencia..
Manejo con velocidad mientras que Jaded de Aerosmith me deleita con sus armoniosa letra.
Me recuerda a ella, tan tranquila y en su mundo, y a la vez tan atormentada por sus propios demonios. Tan cansada a su corta y tortuosa edad.
Apenas he tenido una sesión con ella y ya todo se le compara..
Basta de tonterías, Jacob.
Estaciono y al llegar me doy cuenta de que el lugar ya no es solo para hombres, sino que ahora es unisex.
Entrando y observando todo, está divido en la sección de caballeros y las de damas. No le presto demasiada atención y pido que me atiendan.
Me siento en el lugar que me indicaron y dejo que el joven que me atenderá me ponga una capa de corte para no ensuciar mi camisa.
Cierro mis ojos dejando que comience a colocar la crema para afeitar, dejándome relajar por el olor a pinos que este desprende. Trato de desconectar en su totalidad mi mente.
No me preocupé por sacar tema de conversación ya que solo vine a por un servicio, no soy un tipo que se distrae hablando con los demás. No me interesa tanto....hacer sociales.
Todo iba normal, la música de fondo ayuda a conseguir esa paz que vine a buscar o eso era hasta que una dulce risa conocida se oyó del otro lado del salón.
Esa tonada tan reconocible, una que jamás podrías olvidar.
De inmediato mis ojos se abren nuevamente, dirigiendo mi mirada hacía esas ondas vibratorias.
Allí estaba ella, terminando de peinar y mostrándole el resultado a una señora, la cual se veía muy alegre igual que ella... Se veía diferente, fresca y divertida.
Tan...innovada, despreocupada.
—¿Ves? Te dije que los cambios a veces son buenos— dijo mientras sonreía a la mujer quien acariciaba su cabello rojo.
—Eres una genia sin duda alguna, me encanta! Ten por seguro que te recomendaré a todas mis amigas— respondió alegremente.
Yo no podía despegar mis ojos de esa figura, era imposible.
—Disculpa, me ha surgido una emergencia y debo irme ¿te importaría que alguien más termine contigo?— me habló el chico sacándome de la burbuja en la que me encontraba.
—Oh, no es ninguna molestia, no te preocupes—
—Bien, gracias—
Él procedió a quitarse su bata y lo que hizo a continuación logró que mi corazón palpitara con fuerza.
—Peython cariño, ya que haz terminado con ella, podrías hacerlo con el señor aquí presente, es que debo irme, mi cielo— le preguntó cariñosamente.
Ella aún sin verme, terminó de tomarle una foto a la mujer y contestó.
—Por supuesto Kendall, ya voy para allá—
Dejando a un lado el teléfono, su vista se dirigió a mi, pude notar como se sonrojaba levemente.
—Muchísimas gracias por elegirnos, te espero ver pronto—se despide con amabilidad de aquella señora—
—Eso tenlo por seguro cariño, hasta luego—
Luego de despedirse, a pasos apresurados vino hasta donde estábamos, el muchacho que al parecer se llama Kendall, le dio indicaciones de que hacer que no logré escuchar muy bien, ya que solo me pude concentrar en ella.
—Y bien ¿Qué tipo de corte deseas?— al parpadear, noté como solo los dos nos encontrábamos en la sala, el chico había desaparecido.
Vaya que distraído soy.
Aclaré mi garganta antes de contestarle. No quería verme como un tarado, o al menos eso intento.
—Algo corto en los costados y un poco largo de arriba, solo haz lo que quieras— me contradije al final.
Ella no contestó, solo asintió y me miró fijamente. Tiene ojos tan profundos, como un lago en otoño.
—Primero voy a proceder a lavarte el cabello y luego voy a retirar lo de tu barba ¿vale?—
Sonreí levemente en señal de aprobación.
Nos dirigimos al lugar en donde Peython me pidió que recostara mi cabeza en el lavabo y procedió a encender la manguera. Sentí como el agua tibia comenzó a caer en mi cabeza y al sentir sus manos masajear me relajé por completo.
Vaya, esto se siente delicioso.
Lavaba mi cabello con una suavidad inmensa, masajeando en el acto, tanto así que cuando sentí que dejó de hacerlo y apagó el agua solté un leve gruñido.
—Eso se sintió tan bien, tienes unas manos mágicas, Peython— confesé aún con los ojos cerrados.
—Pues gracias, no eres el primero que me lo dice— dijo con gentileza— creí que había olvidado mi nombre— confesó.
—Creeme que es difícil olvidarse de alguien como tú— contesté observando fijamente sus ojos, notando como los desviaba incómoda— es decir...tu nombre, no es muy común— intenté arreglarlo.
—Claro... sigueme— susurra con una sonrisa de costado.
Caminé detrás suyo observando su sedoso cabello castaño oscuro. Precioso y suave seguramente.
Volvimos al lugar de antes y encendió una secadora, comenzando a masajear de nuevo mi pelo, secándolo.
Luego de apagarla, procedió a tomar mi mentón con sus manos y hacer que miré hacía adelante.
—Quédate quieto, voy a terminar de rasurarte— informó y yo contento asentí—tieso cómo estatua ¿Bien? No queremos accidentes —
Tomó un rastrillo y comenzó a quitar y hacer relucir mi cara. Sentía sus dedos tocarme de vez en cuando y en mi estómago se podían sentir mis órganos revolverse, en un buen sentido, ya saben...¿Cosquillas?
Carajo ¡Que cursi!
Intentaba no dormirme, esta chica lograba calmarme en verdad. Se nota que tiene tanta pasión por su profesión.
—No vayas a quedarte dormido que ya casi acabo y sigue tu cabello— soltó algo divertida.
Avergonzado dirigí mi mirada a ella, quien había terminado de emparejar mi leve barba con unas tijeras e hizo que mirara mi reflejo con una sonrisa en su cara.
Ella en verdad hizo un trabajo increíble, me veía sexy he de admitir. Más presentable.
—Vaya, hiciste un trabajo increíble— alagué tocando mis mejillas.
—Gracias— contestó y comenzó con mi cabello.
Sus dientes reducían al igual que su cara mientras cortaba mi pelo. Se notaba que disfrutaba hacer su trabajo, lo recalco porque en todos estos años solo he visto gente moverse por su dinero, más no por su amor a lo que hacen.
—Vaya, te ves diferente, más activa— confesé.
Ella desvió su mirada desde mi cabeza al espejo, viéndome a los ojos.
—Pues si, amo mi trabajo aunque... A veces lamento no ser una persona normal todo el tiempo— soltó un suspiro.
—¿A qué te refieres?—
—Creo que te lo diré en otra consulta, por ahora me concentraré en esto— señaló el lugar y ninguno de los dos volvió a mencionar palabra alguna.
Seguía admirándola hasta que vi como tomó una especie de cepillo y lo pasó por mi cuello.
Ya ha terminado tan pronto..y yo que me había acostumbrado a su presencia.
—Taran— cantureó— este es el resultado final— abrió sus manos a modo de sorpresa y me regaló otra hermosa sonrisa.
Me observé y me quedé sorprendido, esta chica si que sabe como trabajar.
Y es que ¿hay algo que ella haga mal a caso? No lo creo.
—Me encanta— dije eufórico— eres la mejor—
—Oh pues gracias, bien, mi trabajo aquí ha acabado, voy a proceder a quitarte la capa para que puedas pasar por caja—
No me negué, me paré del asiento y agaché un poco para que ella pudiese alcanzar los botones. Sentí sus dedos rozar mi cuello y sentí mis bellos erizar.
—Bueno, gracias por elegirnos y espero que vuelvas pronto—
—Creeme que lo haré—
No sé porqué, me acerqué a ella y besé su mejilla.
—Gracias y te espero la semana que viene..en el consultorio—
—De acuerdo...nos vemos— soltó sonrojada.
—Hasta pronto Peython— susurré y fui a la caja.
Hasta luego pequeña lucesita.
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