CAPÍTULO VEINTIDOS Scarlet bajó corriendo por las escaleras de la torre tan rápidamente como sus piernas se lo permitían. Firmemente en su puño, sostenía el precioso frasco de sangre inmortal, y rezó para que cuando encontrara Sage él todavía estuviera vivo. Su mente era un remolino después de su encuentro con las tres hermanas. La experiencia algo que nunca antes había experimentado y la había dejado devanándose los sesos, desconcertada y confundida. Una parte de ella sentía que no podía confiar en las mujeres, pero otra parte sentía que no tenía otra opción. Si no lograba llevar a Sage a la ciudad vampiro, él moriría de todos modos, así que no le quedaba más que aferrarse a la última brizna de esperanza que las mujeres le habían dado. Cuando Scarlet salió por la puerta de la torre, se

