CAPÍTULO VEINTITRES Caitlin avanzó por el camino del acantilado, hacia la ciudad vampiro. Nunca había visto nada que se le pareciera. En toda su viajes en el tiempo -cuyos recuerdos seguían apareciendo intermitentemente como oleadas- nunca había visto nada así. La arquitectura era como de otro mundo, una combinación de los antiguos templos egipcios de adobe con enormes columnas, todas talladas en los lados de la cueva como la ciudad perdida de Petra. Era impresionante, y Caitlin sintió un fuerte sentido de pertenencia. Allí era de donde venía su pueblo donde habían vivido y prosperado durante siglos. Junto con su torrente de recuerdos, Caitlin se había dado cuenta de que la r**a vampiro no era necesariamente cruel o mala. Hubo gente buena entre los vampiros, incluida ella misma, y tu

