- Es hora de levantarse, creo que nos esperan en casa de tus padres. Él se remueve un poco de la cama, el sueño lo gobernaba como si no hubiera descansado nada en las seis horas de sueño que llevaba. - No es necesario que vayamos - Murmuro ahogando la voz entre las sabanas. - Es necesario, somos lo padrinos de la criatura. Si no vamos, no hay bautizo. Por favor levántate. - Me molesta cuando tienes la razón mujer. - Entonces vives molesto conmigo - Ella sonrió ante la mirada de su esposo. - Ven - Estiró la mano hacia ella - Acuéstate un rato más conmigo. - No enloquezcas, tenemos el tiempo justo para llegar a la casa. - ¡Puf! - Bufó - No puedes llevarle la contraria a tu esposo. - Si mi esposo no tiene la razón, debo orientarlo. No te llevo la contraria. Ahora, o te levanta

