Cenizas.

1008 Palabras
-.Nooooooo Dios mío NOOOOO, ¿por que me haces esto?. me has quitado lo que mas he amado en esta vida, te llevaste a mis padres y ahora a mi hijo, dime qué he hecho malo en esta vida para merecer tanto dolor-. Elizabeth lloraba a gritos sobre la cama de la habitación de la clínica, habían pasado doce horas desde el nacimiento de su hijo y su dolor estaba intacto, no había nada que pudiera calmar a una madre luego de la pérdida de un hijo, un hijo que no logro ni conocerlo, no pudo despedirse de el, su tía no la dejo ver al niño, según para evitarle más dolor. Ya había amanecido y Lucrecia había quedado en irla a buscar para llevarla a casa, el médico le había recetado varias medicinas, tenía la herida de la cesaría y necesitaba calmantes, le aconsejo llevarla a un psicólogo ya que ella no había dormido de tanto llorar, sus gritos eran molestos y sus llantos no cesaban, pero su tía tenía un mejor destino para ella, la iba a torturar con la presencia de la hija de Camila, si tanto extrañaba a su hijo, podría ayudar a cuidar de su sobrina. -.¿Ya estás lista?. vamos apúrate, mi nieta me espera-. Lucrecia le haría la vida imposible ahora más que nunca, la odiaba por muchas razones que ahora no vienen al caso, pero nunca la acepto en su corazón y verla sufrir de esta manera le llenaba el corazón.. -.Tia quiero ver a mi hijo por favor-. el pequeño rostro de Elizabeth estaba rojo y hinchado, sus ojitos a penas podia abrirlos. -.Creo que eso no será posible ya que hace una hora Mande a cremar el cuerpo del niño, vamos que las cenizas están en el auto-. Lucrecia caminaba rápido, ya quería salir de ese lugar que le daba tanto asco. Elizabeth caminaba poco a poco, tenía tan pocas hora de su intervención y ahora esta mujer la estaba sacando del lugar a empujones, no podía mantener el paso de sus tía, así que daba pasos cortos y suaves, su cuerpo estaba encorvado y cuando trataba de enderezarse ella sentía que se iba a partir en dos, desesperada por que su tía no la dejar y poder encontrarse con las cenizas de su hijo, trato de caminar más apurada, su herida empezó a sangrar de a poco.. Antes de que Lucrecia pudiera subirse al auto, una voz ronca la detuvo en seco.. -.Te veo un poco apurada querida, la joven no saldrá de aquí hasta que me entregues el dinero que pactamos-. -.Y aquí está, soy una mujer de palabra, ahora espero que no me llames más-. lo detestaba tanto, le daba asco y su estómago se revolvía al tenerlo cerca.. Ella le entrego un maletín para luego darle la espalda y subirse al auto.. -.Recuerda que la que siempre acude a mí eres tú, pero como eres tan grosera, espero no volver a responder una llamada tuya-. A ella no le importo, encontraría otro médico que pudiese hacer el mismo trabajo pero sin tocarla, así le tocará vender hasta su última prenda, ella no lo volvería a llamar, condujo el auto hasta la mansión y ayudo a la mugrosa a bajar y la metió a la casa por la puerta de los empleados, por nada del mundo dejaría que Maximiliano la viera en ese estado, ya que pronto sería la niñera de la bebé. -.Espera tía que me duele-. sus manos estaban agarrando la herida que sangraba.. -.Que asco, no ves que me llenas de sangre-. Lucrecia la soltó y ella se tambaleó cayendo en los brazos de julio, su fiel compañero la agarró como a una suave pluma y la llevo a la habitación.. -.te seguirás quedando en la cómoda habitación, ahora quiero que te bañes y quites ese mal olor a sangre de tu cuerpo, te deje una ordeñador encima de la mesa, extrae toda la leche que puedas, mi nieta necesita ser alimentada y Camila no puede amamantar-. -.Podria darle el pecho a la niña, por favor-. No conocía a la bebé, pero si la pequeña necesitaba alimentarse, ella no dudaría en hacerlo. -.No creas que mi nieta tomara pegada a tus pechos, mejor ordeña tus pechos y me envía la leche con Julio-. con la ayuda del mayordomo quien la cargo hasta la primera planta, ella no tuvo más opción que pedirle que la ayudará a bañarse, estaba tan adolorida que apenas mantenía su cuerpo despierto, con pena por que la viera desnuda, julio cerro sus ojos y la ayudo en lo poco que pudo, la vistió y luego la acostó en la cama, Elizabeth se ordeño y tomo sus pastillas, una de ellas era para dormir, no importaba si estaba despierta o dormida, ella aún en su sueño no dejaba de llorar, su corazón estaba hecho mis pedazos y su alma ya había salido de su cuerpo.. Como muerta en vida, Elizabeth no dejaba de llorar la muerte de su hijo, cuando julio le entrego las cenizas de su hijo, ella gritó lo más fuerte que pudo y abrazo la caja de madera en donde reposaban las cenizas de su pequeño al que no había conocido. En sus sueños ella sentía como su príncipe aún con vida se movía en su vientre y ella como siempre le estaba cantando y hablando. -.Julio esta vez creo que moriré de tristeza, mi cuerpo ya no da más, mi corazón está muerto, ya no siento dolor aunque me golpeen, solo quiero morir, así estaré junto a mi pequeño y mis padres-. El mayordomo la abrazo para llorar junto a la joven, el sabía la verdad, pero aún así el no podía hablar, el también tenía por quién velar y los secretos debía llevárselos a la tumba, nada le dolía más que ver a su pequeña llorar por algo que no tenía sentido, su hija estaba viva y era una hermosa niña fuerte y sana, no entendía como las personas podían tener tanta maldad.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR