Al ser sólo dos días, decidimos disfrutar el primero para nosotros entre la tranquilidad de la residencia y la complicidad de nuestra intimidad en la cama. No fuimos abusivos y mantuvimos con tranquilidad la necesidad de estar constantemente tentándonos, lo que nos dio el momento para hacer algo tan simple como estar abrazados entre las sábanas mirando películas o hablando de cosas que nos llevaban a conocernos mucho más. Pasar el tiempo con los caballos lo dejamos para el día siguiente, ella quería salir a pasear después del asado que los estancieros nos prepararon y accedí para disfrutar lo que nos quedaba de nuestra exclusividad. —Son una familia de tres, el papá, la mamá y su potrillo que ya no lo es tanto. —me contó con el entusiasmo que era obvio que la sobresaltaba al hablar de su

