Los aires de Rosario me conectaban a esa tranquilidad por demasía que tenía cuando vivía en ella, creyéndola un impedimento para progresar con mi carrera de modelo, dejándola así para formarme en la capital y estar en el momento exacto que me encontraba volviendo y necesitando de esa paz. De seguro que nunca había soñado con el trabajo que tenía, pero el mismo me hacía estar en una posición que no podía perder, dado que la plata que me proveía me ayudaba a ahorrar para crecer y encaminarme a lo que siempre quise, tener mi casa propia, un auto y poder adquisitivo para viajar. Un mes y medio atrás hubiese considerado que, con veintiséis años ya había encontrado el camino, el trabajo era el mejor y me ayudaba a ahorrar para dichos sueños, la mujer que tenía al lado aunque no era legítima me

