Relata Santiago: Terminando el almuerzo subo hasta la habitación, cierro la puerta y la tomo en mis brazos para llevarla a la cama. Una vez ahí le extiendo un regalo que le compré. Lentamente abro la cajita y ella me mira con asombro. —Amor, ¿Es para mí? —¿Tengo alguna otra esposa frente a mí?— sonríe y me palma un pequeño beso. —Es hermoso —No más hermoso que tú Sus ojos claros se iluminan y sus manos traviesas acarician mi rostro. Al sentir su mano acariciando mi piel giro el rostro y palmo un beso en su palma, suavemente la voy besando desde la punta de sus dedos hasta llegar a su antebrazo, una vez ahí me salto a su boca y lentamente nos vamos acostando. —Te extrañé, no quiero que vuelvas a dejarme por muchos días —Eso será imposible amor, mi trabajo no me permite darme ese lu

