No lo puedo creer Mientras estoy en el avión, parece mentira, pero decido relajarme un poco, lejos de la presión de la empresa y de llevar una farsa como familia, últimamente no me he sentido bien, tal vez este viaje aunque me duela creo que debo hacerlo para cortar de raíz todo de una vez por todas. He vuelto a este país después de tanto tiempo, pero esta vez, no es por placer. Las luces de la ciudad se pierden en la distancia, mientras el taxi me lleva por una carretera oscura. Recuesto la cabeza contra la ventanilla. El cristal está frío. Es la única sensación que tengo. Estoy entumecido. Juan me estuvo llamando, me envía mensajes, tal vez solo sea por papeleo, tal vez falta mi firma para reclamar el cuerpo de mi amada. Pero mi mano se niega a firmar. Se niega a darle una sepultur

