Ricardo se acercó con lentitud hasta ver mejor el rostro de la mujer, estaba tan impactado que creía que le estaban jugando una broma de mal gusto. Juan se coloca a su lado y le dijo —Es Valeria amigo mío, es tu esposa Valeria. Lo que su mente siempre soñó, lo que su corazón anhelo todo este tiempo estaba pasando y no podía creerlo. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas Un torbellino. Eso era lo que sentía Ricardo en ese momento. Un remolino de emociones que lo arrastraba sin piedad, y en el centro, estaba ella: Valeria. Dos años. Dos años de buscarla, de aferrarse a la esperanza, de creer cuando todos le decían que la dejara ir. Dos años de vivir en un infierno, de sentir un vacío que ninguna otra persona podía llenar. Y ahora ahí estaba. Viva. Hermosa. Real. La observa

