Sofía desenmascarada
Mientras Ricardo complacía a Sofía para que estuviera tranquila con los mellizos Beatriz y Juan mantenían la empresa bajo control.
Las negociaciones fluían y Ricardo cada vez se sentía más en confianza con Sofía y los bebés.
Los días estaban llenos de risas y momentos cálidos con sus bebés. Mientras que Sofía se dedica solo a alimentarlos, al parecer Ricardo no se fijaba en esto, él solo disfrutaba de sus bebés y de todo lo que ellos se divertían.
Sofía comenzó a bajar un poco la guardia, las salidas a clubes y cenas con sus amigas se hicieron más frecuentes.
Siempre ponía de excusa que necesitaba desestresarse, para Ricardo no era problema, él creía que si ella estaba equilibrada emocionalmente, sería una mejor madre.
Las niñeras eran quienes sabían la verdad sobre los verdaderos tratos que le daba a los mellizos, pero ella astuta las tenía amenazadas, tampoco podía darse el gusto de cambiar de niñeras a cada rato, no quería que tantas personas se enteraran de lo que ella hacía.
Ricardo estaba totalmente cegado con Sofía, creía que era una buena mujer y la complacia en todo, al punto de entregarle el dominio de las acciones de Valeria incluyendo las cuentas bancarias personales.
Ella también fue tomando posesión de artículos de valor, joyas y ropa de Valeria, fue sacando de a poco sus cosas personales.
Poco a poco fue adoptando el estilo único y elegante de Valeria, para Ricardo ella simplemente se estaba viendo más atractiva, pero ignorada lo que en realidad ella estaba haciendo.
Se volvió, prepotente y grosera con los empleados de la empresa, cuando ella llegaba, el personal se lamentaba era un fastidio tenerlos de visita en la empresa.
Una tarde ella comenzó a discutir nuevamente con la secretaria de Ricardo, pero está vez fue más lejos e incluso le propinó una cachetada.
Juan al ver tanta falta de respeto se involucró en la discusión e incluso levantó la voz a Sofía.
—¿Qué es lo que te ocurre Sofía? No puedes agredir a la secretaria de esta manera, ella solo cumple con su trabajo.
—Ni tú ni nadie me dirá cómo los debo tratar, son mis subalternos.
—No, yo no soy tu subalterno, mi jefe es Ricardo, no tú.
—Yo soy la esposa de Ricardo y te guste o no también soy tu jefa.
—¿Qué es lo que ocurre aquí?
Ricardo llegó a la sala, porque escuchó los gritos.
—Ricardo amor, no entiendo cómo aún puedes tener trabajando a gente tan mediocre y grosera está mujer se negó a anunciarme y este ya se cree el dueño de la empresa.
—Sofía te dije que me avisarás cuando vinieras.
—Amor solo quise darte una sorpresa.
—Juan y usted señorita a mí oficina ya. Y tú vete con los bebés a la oficina de mi madre, después llegó con ustedes.
Los dos jóvenes atendieron el llamado de Ricardo y entraron a la oficina.
—No entiendo porque cada vez que viene Sofía ustedes se comportan de esa manera con ella.
—Discúlpame Ricardo pero tú esposa es grosera y quiere humillar a todos en la empresa.
—Ella solo viene a distraerse de estar encerrada, deben entender eso.
—Me disculpa señor Ricardo, pero cada vez que viene me trata con arrogancia y desprecio, también merezco respeto.
—Este es mi último llamado de atención para ustedes si siguen comportándose con ella entonces tendré que prescindir de sus servicios.
—Pues Ricardo, prefiero irme, no soporto a Sofía y me disculpas que es tu esposa, pero Valeria jamás tuvo ningún problema con los empleados.
—No nombres a Valeria en este asunto.
—Yo también prefiero irme, no soporto otro mal rato con esa señora, que también ha puesto en mi contra a Doña Beatriz.
—No puedo creer lo que estoy escuchando, tan grave es como para que decidan irse de la empresa.
—Estás ciego Ricardo, te invito a que busques a cualquier empleado y le preguntes, para que veas que no decimos mentira.
La joven secretaria estaba nerviosa pero decidida a no seguir aguantando humillaciones y Juan se veía molesto, tampoco seguiría ocultando el verdadero rostro de Sofía.
—La verdad no quiero prescindir de ustedes, señorita usted solicite sus vacaciones y tú Juan te necesito en Venezuela creo que algo está mal allá, yo no quiero viajar, el cumpleaños de los mellizos está cerca, debo ayudar a Sofía con la organización.
—Como quieras Ricardo, con tal de no toparme con esa mujer.
La secretaria sonrió, pero luego disimuló y juntos salieron de la oficina.
Ricardo estaba cansado, pero también sospechaba de los tratos de Sofía con el personal.
Quería ver a los niños, pero antes de dirigirse a la la oficina de Beatriz, y movido con la duda de lo que le dijeron sus empleados decidió indagar por el mismo preguntado sobre el trato de Sofía con los demás.
Decidió bajar a recepción, es el sitio donde se sabe todo.
— Buenas tardes señor Hidalgo, ¿se le ofrece algo?
—Señorita Pérez le hará una pregunta y quiero que sea sumamente sincera, quiero dejar claro que sí puedo de trabajo no corre ningún riesgo.
—Señor me está asustando.
—Seré directo, mi esposa la ha tratado mal alguna vez. Solo responda si o no.
—Si, señor.
—Ok era lo que quería saber.
Ricardo fue a cada oficina a preguntar inclusive si chofer y todos coincidieron con la misma respuesta.
Ricardo molesto por la situación decidió ir a la oficina de Beatriz para confrontar a Sofía.
—Hola amor, al fin te desocupaste.
—Sofía me puedes explicar porque cada vez que vienes a la empresa tratas mal al personal?
— Pero Ricardo que acusaciones son esas, Sofía solo viene a distraerse un poco y a qué compartas con los niños.
—Madre no se meta en esta conversación.
—Ricardo simplemente exijo ser tratada como tú esposa, está gente es muy abusiva.
—¡Abusiva! pero en el vídeo de seguridad tú eres quien agrede físicamente a mi secretaria.
—Bueno yo solo me defendí Ricardo, pero qué es esto? En vez de defenderme me atacas?
—Sofía tú eres mi esposa, pero no eres la jefa de nadie, te otorgue las acciones de Valeria, pero eso no te hace jefa, tienes prohibido decir que eres jefa de mis trabajadores y mucho menos tratarlos de forma humillante.
Ricardo se acercó a los bebés para hacerles cariño. Mientras que Sofía permaneció en silencio.
Beatriz estaba indignada, pero sabía que cuando Ricardo hablaba de esa manera era por qué tenía pruebas.
—De todas maneras Sofía en la casa hablaremos mejor sobre esto.
—Pero Ricardo soy tu esposa ¿cómo los pones a ellos como prioridad?
Sofía estaba indignada porque había metido la pata y Ricardo se veía muy molesto.
—Te recuerdo que comes y te das lujos por el trabajo de esas personas. Y no, no los estoy poniendo como prioridad, los estoy respetando.