Capítulo 23

1191 Palabras
Cada vez más cerca de la verdad Once meses habían cumplido los mellizos, y Beatriz y Sofía estaban emocionadas organizando la fiesta, está vez ella si quería una fiesta muy extravagante, invitó a las revistas y periódicos más importantes de la ciudad. Ricardo seguía molesto con Sofía por todas las cosas que se había enterrado inclusive los gastos excesivos que hacía a diario. Sin embargo ella se sentía con poder sobre Ricardo, claro lo manipulaba con los niños, siempre que discutían ella sacaba el tema de la separación, vida que para Ricardo era un absurdo, él no permitiría vivir lejos de sus hijos. En las obras que estaban realizando en la zona selvática de Venezuela, ocurrieron algunos problemas, Ricardo decidió enviar a Juan nuevamente. —Juan te necesito en esa obra, los mellizos están pronto a cumplir su primer año y no pienso perderme este evento. —Tranquilo jefe, allá estaré. —Manténme informado de todo por favor. Juam viajó. Está vez tardaría más tiempo, ya que algunas infraestructuras no quedaron como querían. Mientras tanto en la selva, Eduardo hacía hasta lo imposible por mantenerse cerca de Valeria. Para Valeria, Eduardo era el hombre soñado, uno que siempre la trataba como una reina. Qué mujer no se siente bien con un hombre que sea cariñoso respetuoso que colabore en las cosas del hogar, simplemente era perfecto. Pero Eduardo sabía que en cualquier momento Valeria podía recuperar la memoria y él podía quedar en el olvido, por eso siempre insistió en llevársela a otras tribus, pero Nayarit y Yarima lo impedían por alguna razón ellas sabían que Eduardo no era del todo sincero. La salida de Eduardo a las otras tribus fue inevitable, pero Valeria se quedaría con Yarima y Nayarit. —Aruma ¿te gustaría acompañarme al pueblo? Debo buscar algunas cosas para los niños. —Sí, me encantaría. Tengo mucho tiempo que no voy así que aprovecho y voy a la bodega de Don Alfredo. Las chicas salieron emocionadas al pueblo, que estaba muy movido por las obras que se estaban haciendo. Al llegar al pueblo Yarima buscó las cosas para los niños, luego fueron a algunas tiendas y compraron ropa y algunos artículos personales. Luego pasaron por la bodega de Don Alfredo Y Valeria aprovechó para averiguar sobre su anuncio. —¿Cómo está Don Alfredo? tiempo sin verlo. —Mujer de la selva ¿Cómo estás? Bueno como siempre más hermosa. —Gracias Don Alfredo, quería preguntarle qué había pasado con mi anuncio, si logró publicarlo en la prensa ¿que le dijeron si recibieron alguna información? Don Alfredo se quedó mirándola extrañado, no sabía de qué le estaba hablando entonces le preguntó. —¿De qué anuncio me hablas? —Del que trajo Eduardo para saber si alguien me reconocía, dijo que lo publicarían en la prensa nacional. —Cariño no sé de qué anuncio me estás hablando seguramente él lo envió directamente a la prensa porque a mí no me entregó nada. —Ah sí es muy probable tal vez me lo dijo y no lo recuerdo, esta cabeza mía cada vez está más loca. —De todas formas cuando vuelva a ver al doctor le preguntaré, pero tranquila mi niña lo que necesites ya sabes que cuentas conmigo. —Gracias Don Alfredo muy amable. Las chicas salieron de allí y se dirigieron nuevamente a la tribu. En las obras se encontraba Juan, que se había tomado un ligero descanso y una bebida para refrescarse del calor que hacía. Estaba mirando hacia las calles y hacia los pocos locales comerciales que había en el pueblo cuando visualizó a dos mujeres que llevaban vestimentas nativas, pero una tenía las características físicas muy diferentes la observó por un largo rato hasta que a su mente llegó la imagen correcta. —Valeria, esa mujer se parece a Valeria no, no, no, no puede ser o sí tengo… tengo que… tengo que verla de cerca. Juan corrió desde el sitio donde él estaba pero al llegar a la bodega de Don Alfredo ya las mujeres se habían ido. —Disculpe señor la mujer que estaba aquí ¿a dónde se fue donde vive? —¿Cuál mujer? han entrado muchas. —Es Valeria, se llama Valeria, tiene el pelo castaño oscuro, largo, es blanca súper blanca se llama Valeria ¿dónde vive?. —Por acá no hay nadie que se llame Valeria, no sé de quién me estás hablando. —Ella estaba aquí con otra mujer estaba aquí yo la vi. Una persona que estaba en la bodega de don Alfredo, interviene en la conversación al ver a Juan alterado y dice. —Don Alfredo las mujeres que entraron fueron Yarima y Aruma, fueron las últimas que entraron tal vez él esté preguntando por ellas. —Sí, sí, debe ser alguna de ellas ¿dónde viven? por favor, por favor llévenme con ellas. —El último carro que sale para la tribu ya salió, tiene que esperarse hasta mañana que vuelva a hacer los viajes. —Está bien, está bien, espero hasta mañana ¿quién me llevará? por favor ayúdenme, necesito hablar con esas mujeres. —Ingeniero no se preocupe venga temprano mañana que yo lo ayudo—se ofreció Don Alfredo. Esa noche Juan no pudo dormir bien, estaba un poco confundido, no sabía si lo que vió había sido parte de la imaginación o si de verdad era Valeria. Tal vez también sería alguien con mucho parecido, como dicen muchas personas, en algún lugar del mundo tenemos un doble. Al amanecer se fue muy temprano a buscar a Don Alfredo, él sabía que algo raro estaba pasando, desde que Aruma o Valeria le preguntó por su anuncio. Por ese motivo decidió acompañar y llevar a Juan hasta la tribu. El tiempo aproximado era de unas dos horas, sin embargo para Juan fueron las horas más eternas de su vida. Al llegar a la tribu Don Alfredo explicó a los caciques y a Nayarit la preocupación del muchacho. —El tiempo ha llegado, camine joven lo llevare con las mujeres que vio ayer. Nayarit lo guío. Caminaron un poco más hasta que llegaron a la pequeña choza que funcionaba como escuela. —Allá están las dos maestras de la tribu y las que fueron al pueblo ayer. El rostro de Juan era de total asombro, estaba inmovil y pálido, si esa mujer no era valeria se parecía muchísimo. Valeria siempre fue una mujer elegante, su cabello siempre suelto con ondas suaves, su vestimenta siempre fue impecable y elegante, su maquillaje era muy sobrio y natural, pero su belleza jamás la podría ocultar, aun usando ropa de los nativos, aun con su cabello desarreglado y sin maquillaje se veía hermosa, era ella, era Valeria. Juan salió corriendo gritando como loco , llamando a Valeria. —¡Valeria, Valeria, eres tu, Valeriaaa! Ella siguió trabajando con los niños, nunca creyó que quien gritaba la estaba buscando a ella. Cuando Juan quedó frente a ella, notó que ni siquiera se impresionó, más bien lo veía con el ceño fruncido, para ella era una persona ruidosa que interrumpia la clase de los niños.
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