Capítulo 9

1998 Palabras
Mi segundo día en Italia, y mi primer día de clases. Después de haber pasado un zukulento primer día y haber cabreado a Demian, que después se comportó como una bestia. ¡Me encerró! Pase el resto del bendito día encerrada. ¿Él? Pues, no apareció el resto del día, como ya se sabe, tiene fama de mujeriego y fiestero así que no hay mucho que dejar a la imaginación. Camino de un lado a otro en la habitación, no tengo ropa que usar. Si, lo sé, debí haber empacado más ropa, tenía la idea de gastar y gastar, ahora no tengo mis tarjetas así que será algo muy difícil de realizar. Aunque tengo las tarjetas de Demian, pero no significa que tenga la suficiente confianza en utilizarlas. Termino eligiendo unos jeans, pero no sé exactamente cual camisa usar, estoy en un dilema. ¿Blanco o Azul? Las levanto una y otra vez, se me está haciendo tarde y de verdad que planeo ser alguien responsable de ahora en adelante. Tengo fama de llegar tarde a todos lados, pero no es completamente mi culpa. ¿Blanco y n***o? O ¿Azul y n***o? Un momento... ¿Qué zapatos? ¿Tenis o zapatillas? Bueno solo traje cuatro pares así que tengo que elegir algo que combine. Si, quizá la blanca, aunque el azul... -¡Kiera!- me giro. -¿Por qué no abres la puerta?- Demian entra gruñendo, me giro para enfrentándole. ¿Nunca toca la puerta? -¿Por qué entras sin llamar?- espeto. Se queda frente a mí, tiene el ceño fruncido, clara señal de que está enojado, siempre está molesto a decir verdad. Me repasa con la mirada, se gira y sale. -Se hace tarde, apresúrate- gruñe ronco. ¿Quién lo entiende? Me doy la vuelta quedando frente al espejo. -¡Mierda!- me ha visto sin camisa. Cabronazo. Kiera, te ha visto desnuda. ¿Podrías tener un poco de vergüenza? ¿Por qué yo? A sido él quien entro sin tocar. Después de tener discusiones sin sentido con mi yo interno, termino eligiendo la camisa blanca, tanto tiempo para terminar en lo mismo. Tomo mi mochila, bajo las escaleras a toda prisa, creo que ya no me da tiempo de desayunar. Bajo las escaleras a toda prisa, tengo hambre pero es tarde. Algo muy típico de mi persona, es coger un té y una barrita. Entro a la cocina, pero claro como hoy no es mi día, tenía que sucederme algo. -¡Ah!-- grito. Las mucamas se acercan rápidamente, niego y ellas se alejan. Por un pelín y término muerta sobre el piso de la cocina, tengo muy mala suerte, en general tengo mala suerte desde que estoy aquí. -Señorita Reeves, ¿Esta bien?- el sujeto que siempre esta con Marcelo se acerca a mí. Ya va siendo hora de preguntarle su nombre. -Impresionantemente, si, lo estoy- sonrío. Demian entra a toda velocidad, tiene la misma cara de pocos amigos de siempre. Si, si, lo sé. ¡Bestia! -¿Estas bien? ¿No puedes pasar un día sin hacer algo malo?- gruñe. No, si el apodo le queda más que bien. Podría usar su boca para hacer mejores cosas que gritar. ¿Besara bien? Uau. ¡Momento! Kiera, no te hagas pensamientos de ese tipo. -¿No puedes estar un día sin enojarte?- gruño. Ignoro mis peculiares pensamientos y su presencia, camino hasta el refrigerador, las chicas que estaban antes, mágicamente han desaparecido. Esta casa esta embrujada. -¿No hay Arizona tea?- pregunto. Demian se acerca y busca en el refrigerador, puedo sentir su respiración agitada sobre mi hombro. ¿Por qué esta tan cerca? -Ordenare que traigan- dice. Se aleja un poco, me doy cuenta que contuve el aire por un segundo. Le observo y como siempre que le hago mi mirada cae en sus ojos claros. -Ven conmigo- ordena. Tomo otro jugo y salgo tras de él. Insisto, tiene un buen trasero. El sujeto guapo cuyo nombre aun desconozco, se acerca a nosotros. -Señor Daghetii, Señorita Reeves- saluda. -Hola- sonrío. -Kiera, él es Rafael Esposito y será tu guardaespaldas- -¿Hablas en serio?-pregunto. Demian asiente, creo que espera que pelee o algo parecido, me acerco a Rafael dándole un vistazo completo. Esta como quien quiere, en realidad esta guapo. Se ve un poco mayor, pero guapo y bien conservado. -Señorita Reeves, me encargare de su seguridad siempre- me ofrece su mano. -Claro, por mi está bien- le devuelvo junto con una sonrisa. Me giro y le guiño un ojo a Demian. Me mira furioso y creo que me puso los ojos en blanco. -Adiós, le veo después Señor Donethii- -Daghetti- gruñe. Sí, me he dado cuenta que no decir bien su apellido le molesta. En todo caso, de ahora en adelante lo molestare de esa forma. Camino con Rafael hasta un Maserati GT, si no me equivoco. -¿Eres familiar de Marcelo?- le hago conversación. Me da una mirada por el retrovisor. -Es mi tío- responde. Uau. Así que en familión. - Uau. ¡Tío! Que interesante- -Muy interesante- sonríe. Amable, el tío es muy amble. Bueno aquí todos son amables, excepto Demian que se comporta extraño. Mi celular suena, tengo dos mensajes de Massimo. "Buen Día, te extraño. Promete que saldremos hoy por la tarde" "Kiera, ¿Por qué no tenemos clases juntos? ¿Creí que estaríamos juntos en todas?" ¿Qué? Debe estar de broma, se supone que teníamos todas las clases juntos. Tiene que haber una equivocación, mi padre dijo que estaríamos juntos. "¡Buen día! Tienes que estar de broma, se supone que tenemos todas las clases juntos. Estoy llegando, espérame en la puerta principal" tecleo rápido. El auto estaciona frente a ESE. Rafael amablemente abre mi puerta, tengo que admitir que Demian ha hecho algo bien, dármelo a él. -¿Entraras conmigo?- pregunto. -No, estaré esperándola aquí. Estaré aquí se me necesita- asiento. -¡Kiera!- Dirijo la mirada hasta Massimo, extiende sus brazos para que vaya a él. Me despido de Rafael, este observa a Mass como si fuera algo que no está en su radar. -¡Massimo!- corro hasta su lado. Me tiro en sus brazos, me abraza tan fuerte que hasta me puedo quedar sin aire. -Te eche de menos, y solo han sido unos días- gruñe. -Y yo a ti- Me observa por varios segundos, sonríe como si en verdad lleváramos un siglo sin vernos, solo ha sido una semana o menos. Aunque la última vez que nos vimos, ambos terminamos castigados. -Chica, que ha pasado con los horarios. Parece que los han cambiado, ¿habrá sido algo de nuestros padres?- No podría, mis padres desean que termine casada con él. El único que pudo haber hecho eso... ¡Bestia! Demian, tuvo que haber sido él. -Sí, quizá fueron ellos- me encojo de hombros. -Quería estar contigo, ya hemos pasado mucho tiempo separados- toma mi mano. -Si, bueno tal vez se pueda arreglar- ladeó. -Te quiero solo para mi- hace un mohín. ¿Soy yo o Massimo está actuando raro? Me suelto de su mano, me dedica una sonrisa y nada más. Caminamos hasta nuestros respectivos salones, un lindo día para recibir materias aburridas y convivir con personas que se la pasan preguntando que hace una británica aquí. Contabilidad Financiera, Matemática general, introducción a la economía italiana. Estas son solo unas pocas horas y estoy muriendo. ¡Tengo depresión! ¡Jodida Vida! Debí haber sido enfermera. Como no tengo nada que hacer, cojo mi celular para llamar a Demian, necesito explicaciones. -¡Demian!- gruño antes que diga algo. -¿Qué sucede? ¿Estás bien?- pregunta. ¿Preocupado? -Estoy bien- exagerado -¿Cambiaste mis horarios?- -No, ¿Por qué lo haría?- suspira tranquilo. ¿Me está mintiendo? ¿A mí? -¡Mentiroso! ¡Bestia! ¡Te odio!- cuelgo. ¿Cuál es su problema? No logro comprender a este hombre. El peor italianito que he podido conocer, tengo unos deseos irremediables de asesinarle. -Voy a matarte, juro por...- -Kiera, ven vamos, te invito a un té- Massimo me coge de la cintura, una posición demasiado comprometedora para mi gusto. -Quiero más que un té, esas clases son aburridísimas-gruño. -Lo sé, sería mucho mejor que estuviéramos juntos en todas y sobre todo que tus padres te hubieran dejado vivir en mi casa- -Me estoy adaptando a vivir con Demian, es pesadito pero puede ser amable si se lo propone- -En la gala pasada, lo vi más que amable contigo- frunce el ceño. -Cuídate de él, no quiero que caigas en sus redes- ¿Demian y yo? ¡Dios Mío! Peleamos cada cinco minutos, Demian toda la vida está enojado. -Entre Demian y yo pueden haber muchas cosas, pero un relación sentimental nunca- niego. -Eso espero, me alegro- sonríe. Caminamos hasta una cafetería cerca del ESE. El reloj ya apunta las 5pm, un té a esta hora viene más que bien. Massimo lleva rato comportándose raro, y por raro me refiero a muy raro. Me observa más de lo normal, toma mis manos, las acaricia, no quita la sonrisa de su cara, hasta un punto es exasperante. Me siento ya un poco intimidada, decido hacerle conversación y de que mejor manera que hablar de su novia. -¿Fiorella?- pregunto. Se remueve incomodo, agacha la cabeza. ¡Oh no! No me digas, es por eso que esta así. Sería estúpido que estuviera feliz por haber terminado una relación. -Terminamos- sonríe de lado. -¿Qué sucedió?- -No la amo. Amo a otra persona- se levanta. Se acerca a mí, no, que no sea lo que estoy pensando. ¡Aléjate! -Massimo, no me digas que- trago. -No, Massimo no digas o hagas nada- pido. -Si- sonríe -Lo hare- Me besa rápidamente. ¡Mierda! Me está besando y le estoy correspondiendo. ¡No, esto no puede ser! Tengo que detener esto. Coloco mis manos en su pecho empujándolo. -¡No! Massimo, no hagas esto- pido. Me observa, si busco arrepentimiento en sus ojos, pues ni una pisca, en cambio me regala una sonrisa sincera. -Te Amo, Kiera te amo tanto, siempre lo he hecho-dice. Hace una mueca, no puedo corresponderle. Sinceramente solo hay cariño de amigos, después de eso no hay nada. -Este... yo...- no sé qué decir. -No creo, Massimo yo solo...- Me interrumpe. -Piénsalo, dame una oportunidad de poder conquistarte. Tú no tienes ninguna relación y yo termine con Fiorella, ambos podemos darnos una oportunidad-- Niego. No, no puedo, no le quiero de esa manera. -No, mira piensa bien lo que dices. Te quiero, pero sabes que lo nuestro siempre ha sido una amistad, no puedo decir que lo pensare porque estaría...- -¡No! Kiera, piénsalo- suplica. No puedo, me levanto alejándome de él. Tengo que pensar y eso implica poner distancia. -Hablaremos mañana- digo. Antes que pueda caminar hasta el auto, me detiene del brazo. Me gira en sus brazos atrayéndome nuevamente a sus labios. Esta vez solo es uno suave, nada más que un beso normal. -Piénsalo- Me separo de él y camino al auto. Rafael ha presenciado la escenita. Entro rápidamente, tengo mucho en la cabeza y supongo que en el estómago porque se me ha revuelto. ¿Qué demonios acaba de pasar? Me dejo caer en el asiento, tengo el presentimiento que este viaje no será tan bueno que digamos. Por un lado un italiano que parece bestia y por el otro mi "mejor amigo" me ha pedido una oportunidad. ¡Tengo depresión! -Señorita Reeves, hemos llegado- Rafael me ofrece su mano para salir, en este momento quisiera que me llevara en brazos hasta dentro, pero no tenemos la suficiente confianza. Me tomo el trabajo de arrastrarme hasta la casa. -Bienvenida, Señorita Reeves- Demian aparece frente a mí. No quiero pelear con él, aunque podría distraerme un poco, pero no me apetece. -Hola Demian, estoy deprimida así que no pelees conmigo y trátame con cariño- pido. Se queda sin decir nada, paso despacio frente a él, parezco un caracol. Hasta las tortugas son más rápidas que mi vida. -¿Estas bien?- pregunta. -Pareces una tortuga- Ignoro su comentario, subo las escaleras a pasos supuestamente rápidos. Tengo que ir tirarme a mi cama, pensar, dormir y dejar de ser tan dramática. ¡Dos Días! Tengo dos días de estar aquí, ¿Por qué a mí? No quiero arruinar nuestra amistad. Massimo es él único verdadero amigo que tengo, no quiero perderlo. Después de minutos que parecen eternos, la puerta de mi habitación se abre, doy un vistazo y es Demian. -Ten- estira un Arizona tea -Supongo que esto podría ayudarte... ya sabes con tu depresión- creo que se sonroja. Cojo el té y una caja de chocolates que me entrega. Puede ser buena persona, todo es cuestión de mantener a la bestia que lleva dentro en su lugar. -Gracias, no te hubieses molestado.- sonrío. Se queda de pie frente a mí, sus ojazos casi ambar me analizan completamente esperando encontrar la causa de mi "depresión". Demian, si te digo, apuesto que odiarías aún más a Massimo. ¿Por qué le odia tanto? -¿Es por los horarios? ¿Tanto quieres estar con ese chico?- frunce el ceño. ¿Quiero? No, ya no quiero. -No, mejor que los hayas cambiado- gruño -Esta mejor así- -Baja a cenar, tienes 10 minutos- asiento. Me mira por unos segundos más, se da la vuelta y sale de la habitación.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR