Capítulo 3

1685 Palabras
Le conozco de algún lado, estoy completamente segura de eso. ¡¡Santa Madre!! Quizá tuve una aventurilla con él... aunque sería imposible, no podría haberlo olvidado. Aunque no es mi tipo, tampoco es que este feo o indeseable. En realidad es muy guapo y ese traje le sienta mas que bien.    Dejándolo atrás con su esposa o novia, salgo del lado sur del hotel, los fuegos artificiales ya están terminando, por suerte y puedo irme de aquí. Los tacones me están molestando, debí usar zapatillas, estoy acostumbrada a usarlos pero sabéis que nada, ni nadie cambiaría unos cómodos tenis por unos tacones. ¿En dónde cojones esta Massimo? —Kiera, ¿A dónde vas?– j***r. ¿Tenía que encontrarme a mi hermano? —Al baño– me encojo de hombros. —Como si fuera a creerte, los baños están hacia allá– señala en la otra dirección. —¡¡Enhorabuena!! Los estaba buscando– me giro sobre mis talones. Pierdo un poco el equilibrio, el brazo de Anthony me sujeta fuertemente. —¿No das para más?– ríe —Que vergüenza– —Úsalos tú– me giro —ven póntelos y camina por dos horas con ellos– gruño. Levanta las manos en forma de rendición, pues claro, los hombres piensan que caminar con tacones es cosa fácil, en fin los hombres piensan que todo en la mujer es fácil. —Tranquila, te buscaba porque papá quiere verte. Y ni se te ocurra querer escaparte, no te conviene, por lo menos no ahora, nuestros padres se enojarían– se encoje de hombros. A que se refiere, sabe algo. —¿A qué te refieres?- me hago la desentendida —¿Cuando me he escapado de algún evento importante?– —Cuando no, ¡¡Por Dios!! El único motivo por el cual, aun estas aquí, es gracias a Manuel y Florentina Michellini, que tienen a Massimo en una conversación de negocios. Te conozco más que bien– entrecierra los ojos acusatorio. Así que ahí es donde esta Massimo. —No me hagas quedar como una aburrida, aquí entre nosotros, tu tampoco tienes ganas de estar aquí. Tengo un terrible dolor de pies, como entenderás es obvio que quiera escaparme– —¡¡HA!! Así que quieres irte. Lo sabía, si sufro yo, tú también hermanita– sonríe —No te preocupes, el discurso de Demian Daghetti, propone ser de gran importancia– Capta mi atención por un momento. Demian dará un discurso. —¿Le conoces de mucho tiempo? Tengo entendido que traemos negocios con él– pregunto. —Quiere construir un lugar de aprendizaje para niños de escasos recursos, hemos firmado para encargarnos de la obra. En sí, su trabajo es la economía y tecnología, tengo entendido que absorbe pequeñas empresas y va fusionándose con ellas o si estas no tienen muchos recursos las vende por partes haciéndose de una fortuna– Uau. Eso es impresionante, así que tenemos a un gran empresario entre nosotros. —Parece ser un hombre inteligente– digo sin pensar. —Lo es, se ha graduado en Harvard "Económica y Negocios" sumándole "Ciencias Jurídicas" y no sé qué cosas más. Parece que no es muy comunicativo con los medios de comunicación– Más que impresionante. Aparte de guapo un completo geniecito. Interesante. —También estudio Ingeniería en Sistemas en otra Universidad, pero no estoy seguro en cual– —¿Cómo es que no lo sabes?– frunzo el ceño —Se supone que debes saber todo de los clientes– —¿Cómo es que estas tan interesada en Daghetti?– arquea una ceja. Touché Tiene toda la razón. —Olvídalo– me exaspero —Iré por una copa– —Más te vale que no escapes. Me las desquitare si lo haces– advierte. Ignorándole, camino a paso robótico hasta la mesa. La vida duele y los tacones más. ¡¡Piernas, queridas y apreciadas piernas, no me fallen ahora!! Tomo una copa de champaña, sabe bien, un poco suave pero nada que no pueda gustar. Aunque en este preciso momento preferiría una refrescante coca cola, y unos zapatos cómodos claro. Pensar que no puedo irme, por lo menos mientras Massimo no se libere de su familia. Claro y que yo pueda despistar a mi hermano, puedo escapar durante el discurso de Demian. —¿Me invita?– preguntan desde atrás. Giro lentamente haciendo una mueca. Hablando de Roma y el Italiano que se asoma. Me sorprende pero le dedico una sonrisa. Después de todo mi familia y él tienen un contrato. —¿No le molestaría a su esposa?– pregunto. Hace una pequeña mueca, como si lo que dije fuera divertido. —No estoy casado, ella es solo mi acompañante– aclara. —En ese caso– le entrego una copa. —Disfrutemos de una copa– —Gracias– sonríe. Le da un trago a su copa, sus ojos me atraviesan como si trataran de analizar mi actitud, como si buscaran algo que escondo. —Parece que siente algún tipo de dolor, ¿Se encuentra bien?– —Estoy bien, solo preferiría caminar descalza. Llevo largo rato caminando de un lado a otro. No tenía en cuenta quedarme hasta el final– gruño. —No es tan malo entonces. Supongo que pensaba escaparse, su padre me ha dicho que pasaría aquí toda la noche con ellos– frunce el ceño. —Sí, bueno ellos siempre dicen eso. Suelo escaparme de eventos importantes, pero no es que lo haga siempre. Hoy era algo especial– me cojo de hombros. Me mira por unos segundos, hago lo mismo. El tío es definitivamente raro, atractivo como el demonio pero raro. —¡¡Kiera!!– hago una mueca —Princesita, te eche de menos– Yo también, tanto que deseaba no encontrarte aquí. —Edward, un gusto verte– finjo una sonrisa. De todas las malas plagas, mi ex tenia que ser el elegido. Demian se aclara la garganta disimuladamente. —¿Quién es él?– espeta. Demian tiene una expresión dura y aniquilante, que logra ocultar bajo una sonrisa que engañaría a cualquiera. —Demian Daghetti– estrecha su mano. —Edward Clark–le devuelve —Y dime, princesa. ¿Estas saliendo con alguien?– pregunta en ese tono pícaro que nunca le quedo bien. Pero si tiene 18 años. No, pero si lo preguntas en ese tono, hasta estoy casada con el italianito de alado. Demian me dedica una mirada, por un momento me creo que también está interesado en mi respuesta. —En realidad, estamos saliendo– me acerco a Demian cogiendo su mano. —¡¡Estas de broma!! Pero si es mayor que tú, no puede ser posible. Quizá te refieras un acompañante, por esta noche– ríe incrédulo. ¿Que edad tendrá el italiano? —De hecho, pronto viviremos juntos– Demian se adelanta a mi respuesta. Edward abre los ojos completamente sorprendido. —Kiera, estás hablando en serio. Pues... yo. ¡¡Dios Mío!! Si solo han pasado seis meses de lo nuestro. ¿Ya me has olvidado?– pregunta claramente ofendido. —Está más que claro que sí, amigo, ya te ha olvidado. Es momento que tú también lo hagas– responde el italiano. Edward se queda incrédulo. Tuvimos lo nuestro, ya pasado es pasado. Demian no muestra ninguna expresión, en cambio me sujeta firmemente la mano, le acaricio un poco agradecida, tiene una piel suave a decir verdad. —Cariño, tenemos que ir a la ceremonia final– Demian me dedica una sonrisa. Asiento fingiendo que me emociona la idea. —Claro, nos vemos después Edward– me despido. Caminamos cogidos de la mano hasta lo que sería el lugar del acto, no me molesta el contacto pero el tío, parece ser un divo para los medios, doy un vistazo para ver si Edward ha desaparecido. En efecto, no hay ningún rastro de él. Me suelto del agarre de Demian, este me mira sin expresión, sus facciones son demasiado duras e intensas. —Gracias por ayudarme. Le pedí a todos los dioses no encontrármelo, pero fue lo primero que paso– niego molesta. —¿Por qué habéis terminado?– la pregunta es inesperada. No le interesa, pero de todas maneras le respondo. —Dramático, le llevo por cuatro años y para él, era como si yo fuera alguien que tenía que criarlo. He tenido un par de relaciones un tanto difíciles– hago una mueca. Frunce el ceño, supongo que recordando algo. Mi celular suena. ¡¡ENHORABUENA!! San Massimo. —Massimo– respondo entusiasmada. Estaba esperando largarme de aquí. —Ven a la parte trasera, larguémonos de aquí.– —Estaré ahí pronto– cuelgo. Demian me mira molesto, creo. ¿Por qué? —Gracias nuevamente. Espero verle después, bueno... mañana regreso a Inglaterra, tal vez nos vemos, algún día– sonrió despidiéndome. Antes que diga nada, salgo casi corriendo hasta el jardín. Tengo la intención de emborracharme, con cuidado, porque luego tomo demás y después ya no recuerdo mucho. Ha sido una noche muy interesante, larga pero interesante. —¡¡Massimooooo!!– me tiro en sus brazos. —Sácame de aquí, ha sido una noche larga y cansada– —¿Has conocido a alguien especial?– me señala hacia un lado. Demian se encuentra observando la escena, se da media vuelta alejándose a algún lugar. —¿Demian?– asiente —Le he conocido hoy, a fingido ser mi novio frente a Edward– —Uau. ¿El hombre más importante de toda Italia? ¿A fingido ser tu novio?– una expresión de incredulidad aparece. Que exageración. —Sí, es un buen tipo. Al parecer muy decente también– —¿Estas de broma? Aquí entre nosotros, tengo un amigo que trabaja para él, parece ser muy amargado en la oficina. Claro lo eficiente nadie se lo quita, pero si dicen que es un pesadito. También comentan que se tira a todas sus asistentes o a cualquier mujer de faldas cortas que se le acerque– —Pues que suerte que solo utilizo pantalones– rió. Demasiada información del italianito, y no es que este precisamente interesada en él. Llegamos al bar, ¡Fascinante! Está lleno de turistas... por decir turistas me refiero a hombres atractivos hasta decir ya no. El pecado señoras y señores, El Pecado. L.A es la ciudad del pecado... ¿o eran Las Vegas? ¡A quien le importa!. La noche es joven, tragos es lo mejor que he podido obtener. No es que sea una borracha, pero bueno... Vida es Vida. —Kiera, ven prueba esto– me entrega un vaso. Huele de maravilla, pero demasiado dulzoso. —¿Qué es? Sabes que no me gustan las cosas dulces– —Bailey's– sonríe —No es tan dulce– —¿Whisky Irlandés? Delicioso pero muy dulce para mi gusto– Al principio es suave y rico, a medida vas terminando se torna más dulce. —Rico, pero prefiero el de chocolate– me encojo de hombros devolviéndoselo. —Olvide a la experta en licores– rueda los ojos —Tengo que decirte que eres una borrachita– ríe. —El problema es que luego no recuerdo nada– me carcajeo. Freak My s**t. Una canción un tanto indecente.  Pero comienza a sonar a todo volumen, Massimo y yo bailamos más que pegados, una buena canción para bailar. En un mal movimiento, (Seguramente gracias al alcohol) casi resbalo, Massimo me sujeta fuertemente de la cintura, se acerca a mis labios pero lo detengo, hace una mueca. No, esto ha pasado mas de una vez, y la única vez que si paso fue hace años. ¿Soy yo o los tragos?, pero creo ver a Demian en la entrada observándonos. —¿Estamos borrachos?– pregunta. —Eso creo, pero no te excedas– advierto. Vuelvo la mirada al lugar donde vi a Demian pero parece haber sido solo un fantasma.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR