Los últimos días fueron catastróficos, mi esposo se había aburrido de que no consiguiéramos la meta del mes, él me culpaba por eso. pero no podía culparlo, me gustaba vagar cuando terminábamos con una familia, y la última, para ser sincera, me costó más de lo que me había esforzado por los últimos tres meses.
—¿Me vas a ayudar para completar la meta de este mes? —me insistió.
—Cariño, la última familia me agotó.
—Debo admitir que sí, nos costó demasiado, aún así tenemos tres familias más para matar, al menos que no quieras comer el siguiente mes.
—Si quiero comer, pero déjame vagar un rato.
—Solo no te excedas.
—No lo haré. ¿Cuáles son las siguientes familias?
—Sus apellidos son Ramirez, López y González.
—Vaya fascinación del jefe de usar apellidos similares.
—Ya sabes como es él. No tiene solución ninguna.
—Tienes razón —nos reímos.
—Entonces, ¿debo seguir esperándote?
—Sí, por favor, te lo suplico. Aún tengo muchas heridas en las manos, y tengo miedo de volverme inútil.
—Nunca te volverás inútil, no para mí. Eres mi gran apoyo, y mi gran amor, eres todo lo que tengo.
—¿Aunque seamos asesino seriales?
—Sí, porque eres tú quien me importa.